Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

"La única esperanza de Sánchez para mantenerse en el poder es esa: la polarización, la apelación al facha y la deriva hacia la argentinización peronista"

Avatar del José Ramón Ganuza José Ramón Ganuza05/01/2023
Cuando Pedro Sánchez escaló a la secretaria general del PSOE después de un tormentoso proceso de elección y con poco más del 50% de los votos, ya apuntaba las maneras que caracterizan su acción de Gobierno. Entonces, mayo de 2017, el actual presidente debió de hacer un recorrido panorámico por el desolado paisaje del socialismo europeo. Los partidos socialistas estaban en la oposición en Alemania, Italia, Reino Unido, Grecia, España. En Francia, Hollande apuraba sus últimos meses en el poder, y en Portugal habían quedado en la segunda posición a pesar de lo cual consiguieron formar gobierno. Los felices tiempos de los Willy Brandt, Olaf Palme, Mitterrand, Soares o de Felipe González habían pasado a la historia. Todos ellos gestionaron economías poco endeudadas, productivas y solventes. Ahora, el Estado de Bienestar se sostiene incrementando la deuda y eso tiene un recorrido limitado, justo hasta que aparece la inflación. Ante este panorama, Sánchez debió pensar en la forma de sortear esta coyuntura y concluyó que el mejor aglutinante del socialismo español había sido el antifranquismo. Así que se propuso exhumar a Franco y de paso resucitar el franquismo sociológico que malvivía en los rescoldos de un pasado a punto de fenecer. La misma maniobra le había resultado fatal a Mitterrand en Francia cuando promovió a Le Pen, padre, para dividir el voto de la derecha. Desde entonces, la extrema derecha francesa no ha hecho otra cosa que crecer.
Sánchez concluyó que España era diferente, que las heridas de la guerra civil no habían terminado de cicatrizar y que dividir el voto del centro derecha le permitiría mantenerse en el poder por tiempo indefinido. Se dispuso a agitar los viejos fantasmas del frentepopulismo y del independentismo a los que extendió la enmoquetada alfombra roja de la Moncloa. Añadió ingredientes identitarios, buscó crispar a sectores de vieja raigambre cultural y provocó a la España profunda que dormitaba sin mayor desasosiego esperando el final de su ciclo histórico y biológico. Finalmente, consiguió que cuajara un sucedáneo del viejo nacionalismo identitario de una derecha antigua alrededor de Vox y se dispuso a acabar con los logros de la Transición Democrática y a gobernar un país polarizado y enfrentado que ahora encara la crisis económica lejos de las prácticas de consenso y dialogo que tan buenos resultados de paz y prosperidad dieron en el mejor momento vivido por España a lo largo del pasado siglo.
Carente de programa político y económico, agotándose el tiempo que el Banco Central va a seguir comprando la deuda pública para evitar que se vuelva a disparar la prima de riesgo, la única esperanza de Pedro Sánchez para mantenerse en el poder es esa: la polarización política, la apelación al facha, la ocupación de las instituciones, el deterioro democrático y la deriva hacia la argentinización peronista de la vida política española. Un régimen basado en la mentira, donde la corrupción es solo la de los otros, nunca la de los propios. A estos los mantengo seguros bajo la amenaza de que viene la extrema derecha. Esa es la única argamasa del sanchismo. Una argucia política a la que se presta gustosa esa derecha torpe y poco dotada políticamente que cree que a un Frente Popular se le combate con un Frente Nacional, que considera que los valores de la Transición democrática son cosa de tibios y de cobardes y que se empeña en mantener prietas las filas apretando todavía más las de sus contrincantes.
En medio, sobrellevando los agobios, un centroderecha moderado que intenta encontrar su rumbo, su proyecto, su programa y con un líder en proceso de consolidación; un liberalismo que ha vivido tiempos mejores y, finalmente, los desenganchados del proyecto socialista que no terminan de sobreponerse a semejante avalancha de despropósitos; que no saben a dónde nos va a llevar la política de hoy digo una cosa y mañana hago la contraria de un Partido Socialista en el que ya no se reconocen. La mayor parte permanecen mudos, incapaces de dar la cara, dimitidos de sus responsabilidades con el mantenimiento del legado democrático que contribuyeron a levantar, viendo cómo se desmorona a golpe de testosterona sanchista. La España de la separación de poderes, de las instituciones estables, la España unida del Estado de las Autonomías, la que tenía un Parlamento al que no se le hurtaba con decretos-leyes y procedimientos torticeros su función legislativa, la España de los consensos en materia económica y laboral, la España respetada en el ámbito internacional, la culturalmente ilustrada, universal y políticamente centrada. Son los miembros del antiguo PSOE los que deben hablar ahora o callar para siempre. Acabamos de inaugurar un año electoral, con las municipales y autonómicas en mayo y las generales a final de 2023. Tendremos que decidir si queremos continuar por este camino de polarización, o revertir esa dinámica perversa en la que Sánchez necesita desesperadamente a Vox y viceversa. Tendremos que ser capaces de buscar opciones y alternativas que nos vuelvan a situar en los parámetros políticos del dialogo, el civismo y el consenso. Ustedes mismos.
José Ramón Ganuza Sancho Periodista
volver arriba

Activar Notificaciones

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora