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"En el Concierto de Viena han estrenado una versión nueva de la ‘Marcha Radetzki’, -la jota de los toros de Año Nuevo-, y yo no la distingo de la antigua"

Avatar del Chapu Apaolaza Chapu Apaolaza03/01/2023
En el Concierto de Viena han estrenado una versión nueva de la ‘Marcha Radetzki’, -la jota de los toros de Año Nuevo-, y yo no la distingo de la antigua. Dice la gente que se aburrió en el concierto de este año. Pretenden que toquen algo del Maestro Turrillas y que Mariano Pascal les instale la ‘kiss cam’ de la plaza de toros de Pamplona antes del encierro. Menos mal que el director del Concierto de Año Nuevo, Franz Wesler-Möst era un tipo soso: con 26 años, lo prohijó un barón de Liechtenstein -que no del PSOE-, lo lanzó al estrellato y Wesler-Möst terminó casándose con la ex mujer del barón. Como Francis Scott Fitzgerald, habla desde la autoridad que le otorga el fracaso. Cuando dirigía la Filarmónica de Londres, los músicos de su orquesta lo apodaron Frankly Worse Than Most (francamente peor que la mayoría) y presentó su dimisión. En sus memorias se refiere a un accidente que sufrió con 18 años cuando el coche en el que viajaba se salió de una carretera de montaña. La mujer que viajaba a su lado falleció y él se hirió gravemente la mano, la espalda y el futuro como violinista. De ese momento, vive obsesionado con el silencio justo antes del accidente, un silencio en el que quedaba atrapado, un silencio que ignoraba todas las leyes de lo conocido. El silencio de Wesler-Möst hace posible lo imprevisto, lo aleatorio, el silencio del instante que precede al estallido del mundo. Todo estruendo lleva implícito un silencio anterior en el que se decide todo, en el que todo cambia. En la Cuesta de Santo Domingo, ese momento transcurre desde que se ve estallar el cohete en el cielo hasta que el sonido te alcanza el pecho. El silencio cabe también en el encierro, tirado en mitad de la calle. Cuando uno cae, todo son zapatillas que lo pisan como un chaparrón de suelas pero, dado el momento, entre el último corredor y la primera pezuña hay un vacío y se da el silencio puro casi líquido de Wesler-Möst, que simboliza la vida en toda su dimensión a las puertas de lo terrible. Qué otra cosa es San Fermín. Ya es tres de enero. Las noches se acortan. Esto está hecho.
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