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¡Ahí va Embalé!

Avatar del Chapu Apaolaza Chapu Apaolaza20/12/2022
Final del mundial de Catar por televisión, uno de los diez partidos que habré presenciado en toda mi vida. Está muy bien esto del fútbol; yo creo que le va a gustar a la gente. Al filo del encuentro, entre la mano de Dios y el salto de cama de Lionel, Carmen Lomana celebró el juego de Embalé queriendo decir Mbappé. En casa íbamos con Francia, porque hay que traicionar todos las cosas menos la sangre de cada cual, y uno se pone firme donde suene La Marsellesa -¿acaso no escucháis en los campos los bramidos de sus feroces soldados?- y las niñas habían preparado un baile para animar a Les Bleus. Después, Argentina nos echó abajo, pero no nos importó porque también íbamos un poco con Argentina.
Es lógico que Francia llegara a la final del mundial con tipos de que se llaman Mbappé y Varane, y no la Selección Española donde todos se llaman Rodri, Pedri y otros nombres que terminan en i y que suenan en alguna parte entre lo de Oliver y Benji, el balón de reglamento de la primera comunión y el coche patrulla que entra por el barrio con las sirenas apagadas. Mbappé parece decir otra cosa. A mí me suena rotundo, sonoro y amenazante, como aquellos balonazos que te pegaban la oreja que quemaban que no veas. Suena a patio de vecinos de edificio de Saint Denis. En Saint Denis están enterrados los reyes de Francia, que no es cualquier cosa en un país de naturaleza regicida y allí también nació Embalé, un chaval de la banlieue. En mi primera visita, la policía disparaba con lanzacohetes a través de la ventana del piso en el que se habían resguardado los terroristas de Bataclan. Otra noche terminamos encañonados por la policía cuando intentábamos comprar un cepillo de dientes en una gasolinera. Pero yo quería hablar de Lomana, que viene a decir Embalé. De fútbol hay que hablar como hablo yo, esto de oídas, y disparar expresiones a lo Panenka, vibrar con un partido en el que no te juegas nada, seguir a un país en el que no has nacido, sentir por un instante que son fundamentales asuntos que nunca te han importado, ni te volverán a importar, entrar en el área cabalgando el rayo azul de su delantera y verse de pronto gritando: “¡Ahí va Embalé!”
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