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"Me río porque la verdadera magia de la Navidad consiste en que un día nos hemos convertido en nuestros padres"

Avatar del Chapu Apaolaza Chapu Apaolaza06/12/2022
Para que el nuestro no fuera uno de esos belenes en los que queda el niño a la intemperie, Elena montó una techumbre con esas cortezas de corcho que en los Nacimientos hacen de montañas y si juegas bien la imaginación, casi parecen las peñas del monte Txindoki. Quedó muy bien, pero por lo que sea este año le falta luz a la escena y, en cuanto dan las seis de la tarde, parece que el niño, en lugar de en Belén, ha nacido en un callejón de Detroit y que un tipo que fuma crack va a poner una navaja en el cuello de la madre. Tuve la idea de construir un pequeño foco conectando unas bombillas LED que había salvado de una lámpara vieja. Me dispuse a empalmar unos cables, un interruptor, un enchufe y, naturalmente, no encendía porque le faltaba un transformador. Entonces, me acordé del día en que mi padre me dijo “Oye, Chapuli, ¿por qué no cogemos una pequeña bombilla y le ponemos luz a la casa de los romanos?”. Tampoco funcionaba porque después de un día sin recibir llamadas, nos dimos cuenta de que, en lugar de conectarlo a la red eléctrica, había empalmado a los cables del teléfono. Me río porque la verdadera magia de la Navidad consiste en que un día nos hemos convertido en nuestros padres. Con suerte. Si Jesús hubiera pretendido comodidades y lujos, habría nacido en un Four Seasons o en un palacio de los que salen en el ‘Hola’, pero el Rey de los hombres quiso venir al mundo como un niño de teta en un pesebre. Hay que buscar al Señor en los sótanos de Kiev cuando suenan las sirenas y marca veinte bajo cero, o en el Estrecho cuando paren las madres en el fondo de las pateras que apesta a gasolina. Allá en los márgenes del mundo donde no hay luz, ni calefacción, donde no se ve la esperanza y extienden sus dominios las sombras, el miedo, el frío y el desconcierto, allí nace Dios a decirnos que él es el rayo que late en lo oscuro. Hay que ponerle una vela a ese Niño. Sin que salga ardiendo la casa, a poder ser.
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