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"Finalmente, la fiesta terminó"

Ya nos lo advirtió el propio Jerome Powell, cuando dijo que “la lucha contra la inflación provocaría dolor a las familias y empresas”

Avatar del Juan Pablo Montes Juan Pablo Montes01/10/2022
Han pasado casi 15 años desde la quiebra de Lehman Brothers y la explosión de la burbuja inmobiliaria en EEUU provocada por las hipotecas basura o subprime. Conviene recordar estos hechos, ya que fueron el origen de las políticas monetarias ultra expansivas adoptadas por los bancos centrales de todo el mundo. Para evitar el colapso financiero mundial, las autoridades monetarias fueron reduciendo los tipos de interés hasta niveles insospechados, a la vez que imprimían dinero como si no hubiera un mañana. Han ido pasando los años y hemos de reconocer que dichas medidas surtieron efecto ayudando, no sólo a superar aquella crisis, sino también, a disfrutar de un ciclo económico de crecimiento y bienestar. Sin embargo, ya muchos intuíamos que estábamos asistiendo a una película cuyo final no pintaba bien. Los tipos a cero e incluso negativos, siendo una aberración, sirvieron para incentivar la inversión y el consumo, pero también el riesgo y las deudas. Asistíamos a una fiesta a la que nadie quería poner fin y menos la clase política, que veía cómo las economías iban decentemente bien y cómo tenían los votos electorales bien amarrados. Tampoco desde la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), ni desde el Banco Central Europeo (BCE) hubo ningún “valiente” capaz de alertar de las consecuencias de las políticas aplicadas, proponiendo un alto en el camino. Los mercados financieros marcaban máximos históricos y la inflación era -sorpresivamente- la gran ausente.
Así las cosas, todos nos preguntábamos hasta cuándo iba a durar el festín y cuál sería el hecho o acontecimiento que obligara a dar un giro en las políticas monetarias de los bancos centrales. Y de golpe vino la invasión a Ucrania y con ella una crisis global sin precedentes. Pero no nos confundamos, la guerra ha sido la excusa para hacer estallar una burbuja generada en los últimos 15 años. De repente, crisis total, la inflación se dispara, la energía escasea, los mercados se hunden y el pesimismo sobre el futuro contagia a una ciudadanía casi en estado de shock.
Y es ahora -tarde y mal como siempre- cuando los bancos centrales emprenden una carrera, a la desesperada, anunciando subidas y más subidas de interés para atajar la inflación. Inesperadamente, asistimos a un aumento del coste de la vida que nos sorprende, empobrece y preocupa. En este sentido, ya nos lo advirtió el propio presidente de la FED, Jerome Powell, hace unas semanas, cuando dijo que “la lucha contra la inflación provocaría dolor a las familias y empresas”. No obstante, para ser justo, hay que reconocer que la disyuntiva que tienen los bancos centrales no es fácil: si se exceden subiendo tipos, pueden provocar una severa recesión y por otra parte, si no actúan contundentemente, la inflación tardará mucho en descender y acercarse al objetivo del 2%.
El problema con el alza de los precios es que esta vez no obedece sólo a una intensa demanda provocada principalmente por la Covid, sino que viene del lado de la oferta, es decir, no hay suficientes bienes y servicios para satisfacerla, de tal modo que son muchos los escépticos que dudan si una subida de tipos agresiva va a conseguir doblegar la inflación. Sea como fuere, ya en los mercados se están descontando subidas de tipos en EEUU hasta el 4%-5% y en Europa hasta los 2%-3% para finales de año.
En relación a los activos financieros, éstos se han visto impactados muy negativamente por el brusco giro dado por los tipos de interés en tan breve espacio de tiempo. De manera que tenemos a los índices bursátiles cayendo este año entre un 20% y 30%, e igualmente los índices de renta fija marcando el peor año de la historia al registrar caídas medias del 16%. Así no es de extrañar que el 95 % de los fondos de inversión reflejen pérdidas con quebrantos nunca vistos, sobre todo en los de renta fija con caídas, en algunos casos, cercanas al 50%. Ni el oro, siempre considerado valor refugio ha sido capaz de esquivar las pérdidas con recortes del 11% en lo que va de ejercicio. Igualmente, el bitcoin, que se suponía iba por libre, también se ha desplomado. Únicamente el dólar, que se muestra pletórico, ha sido capaz de dar alguna alegría a sus poseedores. ¿Y qué pasará en el futuro? Pues lo de siempre, que allá por marzo-abril del año que viene, Powell y Lagarde reconocerán que se han excedido en enfriar la economía y procederán a rebajar deprisa y corriendo los tipos de interés. Los mercados lo celebrarán con fuertes subidas y todos nos acordaremos de la oportunidad perdida al no haber invertido en estos días a precios más que atractivos. Recordemos que el enfermo -economía mundial- ha necesitado muchos años de la droga que suponían los intereses a cero. Seguramente la adicción no ha desparecido y debamos volver al mismo escenario. Será posponer el sufrimiento para tiempos futuros y volver a disfrutar de otra fiesta confiando que dure el máximo tiempo posible.
Juan Pablo Montes Fuentes Director Renta 4 Banco
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