Gordo y calvo

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Chapu Apaolaza

Publicado el 02/08/2022 a las 06:00

Sabrán que Igualdad ha publicado una curiosa campaña para que las mujeres con sobrepeso acudan a la playa. A una de las modelos la hicieron más delgada pues se ve que debía estar gorda, pero no demasiado. A otra, mastectomizada doble, le han añadido un pecho y a otra más le pintaron vello en la axila y una pierna que tenía amputada. Irene Montero va a terminar abriendo una clínica de cirugía estética. El Gobierno utiliza para su campaña los mismos cánones de belleza que el propio Gobierno denuncia.

No hay gordos en lo de Montero. Los gordos no importamos. Mi gordura, como la inflación, era transitoria, pensé, como si fuera la Nadia Calviño de mí mismo. Alcancé mi cumbre el día de probarse la ropa blanca para San Fermín, trance agravado por el hecho de que me llevara a Pamplona los pantalones que me estaban pequeños y dejara en Madrid los que me quedaban bien. Sánchez ha dicho que la inflación remitirá en septiembre, señal de que la inflación durará y mis kilos, también.

Las cosas que se aparecen como definitivas, ayudan a comprender nuestra condición de mortales. Cuando empecé a hacerme donante de pelo, me recetaron unas pastillas para evitar la caída del imperio de mi flequillo. Me dijeron que eran las mismas que se usaban para tratar la próstata: otra buena señal, me dije. Cada día debía aplicar un flisflís en la cabeza y tomar aquella pastilla o el efecto se revertiría y la calvicie avanzaría de golpe todo el terreno que no había ganado en el tiempo en que me hubiera medicado. Allí ante el espejo me recordaba cada día que estaba revocando mi propia muerte y que algún día ella -como la calva- ganaría definitivamente la partida. Ante mi cabeza masajeada durante un minuto para favorecer la circulación de los capilares de los folículos, veía al salir de la ducha mi futura canina. Qué magia farmacológica era esa la de retrasar lo inevitable; de seguir así, para mi próximo truco solo necesitaría una litrona y una caja de relajantes musculares. Un día tiré las pastillas y el flisflís, y me di al surf y al borde de la poza del Pilón de Falces, que es el vivir. Estoy a tiempo de que Igualdad me ponga pelo.

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