"Memoria para recordar a las víctimas, frente a la memoria de los que daban cobertura social al crimen y hoy vitorean a los criminales a la salida de la cárcel"

Publicado el 25/05/2022 a las 06:00
En una entrevista de 2012 con Fernando Delgado para la revista de la Fundación Víctimas del Terrorismo, Marimar Blanco decía que “la estrategia de ETA va a consistir en desnaturalizar la memoria de las víctimas y legitimar la historia de terror a través de la vieja teoría del conflicto”. La hermana de Miguel Ángel Blanco, secuestrado y asesinado por ETA en 1997, podría repetir hoy las palabras de 2012: “ahora más que nunca estamos obligados a escribir la historia desde la verdad de lo ocurrido y a no permitir que otros, los que han causado tanto dolor y tanto horror, la reescriban a su antojo”.
Verdad, dignidad y justicia para que perdure la memoria de quienes lucharon contra el terrorismo para defendernos a todos al defender la democracia. Por el imperativo moral de la memoria, la Fundación Víctimas del Terrorismo ha editado un libro (La memoria de las víctimas) en su veinte aniversario, fruto del acuerdo alcanzado por PP y PSOE tras el Pacto Antiterrorista. Y para hacer memoria, nada mejor que recoger en sus 400 páginas testimonios de las personas que sufrieron el terror de la muerte, la amenaza, el desplazamiento, la humillación. Memoria para recordar a las víctimas, frente a la memoria de los que ayer daban cobertura social al crimen y hoy vitorean a los criminales a la salida de la cárcel. “La deslegitimación ética, social y política de la violencia es un deber que nos incumbe a todos”, escribe en el prólogo del libro Tomás Caballero Martínez, actual presidente de la FVT e hijo de Tomás Caballero Pastor, el portavoz de UPN en el Ayuntamiento de Pamplona asesinado por ETA en 1998.
Las víctimas comparten indignación y tristeza al ver cómo desde lo que fue Batasuna se pretende blanquear la historia del terrorismo y su propio historial de apoyo a los terroristas. No lo condenaron en los años de plomo ni lo condenan hoy. Pueden lamentar el dolor, pero como si fuera la consecuencia de un accidente, de un conflicto, y salvando siempre a los causantes de la tragedia, víctimas también del “conflicto”. Hace unas semanas, la portavoz de Bildu en el Congreso justificaba un voto emitido junto al Gobierno con el fin de que los ciudadanos no pagaran las consecuencias del desacuerdo político. Con el mismo fundamento, es decir, para que los ciudadanos no pagaran las consecuencias del desacuerdo, y en este caso con su sangre, el mundo de Batasuna podía haber sumado su voto al de los partidos que condenaban los atentados y defendían la vida, la paz y la libertad. Inútiles propuestas. En un desesperado intento de alcanzar la unanimidad, Tomás Caballero ofreció a los concejales batasunos que al menos pidieran a ETA que dejara de matar ya que no condenan el crimen. Tampoco. Nunca sabremos lo que hubiera hecho ETA de haber perdido la cobertura política de HB en los años de plomo. Sabemos lo que ocurrió tras la intervención de Caballero en aquel pleno del 9 enero de 1998: el concejal fue asesinado a tiros el 6 de mayo del mismo año.
Las historias de las víctimas son todas historias de sufrimiento. Sin ira, sin ribetes de venganza, las víctimas son la personificación de la verdad de lo ocurrido. Estar con ellas es evitar que disuelvan su memoria, entre tapaderas de conflictos, los mismos que ayer justificaron el terrorismo y hoy quieren reescribir la historia a su antojo, como advertía Marimar Blanco.