"Los mozos del cartel guardan la distancia social de Sanfermines: hombro con hombro"

Publicado el 07/04/2022 a las 06:00
La Feria del Toro de 2022, la del centenario de la plaza, la del reencuentro de la fiesta, no podía tener mejor prólogo que la incorporación de Juan José Aquerreta a la colección de carteles. No vamos a ponernos campanudos diciendo que de eso no hay dudas, pero si las hay serán pocas. Me refiero al acierto de la Meca al encargar el cartel y a la disposición del artista para aceptar la propuesta. Música, maestro. Antes de que La Pamplonesa se arranque con el pasodoble del centenario, la Feria del Toro puede escuchar la primera ovación, todavía en abril y con la ausencia pastando en los corrales del Gas. No hay truco. En una hipotético diccionario de Sanfermines, la letra “f “ podría corresponder a feria, Feria del Toro, marca creada en 1959, y también a Feria del Cartel, colección de pinturas y pintores cosechada por la Casa de Misericordia durante seis décadas. Y eso es lo que queda el 15 de julio, la colección, cuando la plaza inicia su letargo de cuatro estaciones.
En este feliz paralelismo del toro y el cartel podemos estar todos de acuerdo, al menos como punto de partida, sin perjuicio de discutir los resultados. Dicho de otra forma, y desde luego con licencia sanferminera, que la afición espera el acierto de la Meca en la contratación de divisas para la plaza y en la elección de artistas para el cartel; y que del elegido se espera el tino en la realización de su idea. Evidentemente, el nervio taurino de los Sanfermines eclipsa la popularidad del cartel, pero no la importancia del mismo y, al cabo, de la colección, un bien cultural de la ciudad. Tal vez sea tarde ya este año para montar una exposición pública. A ver el 23.
Para la colección (para la Meca, para la ciudad) es un honor contar con Aquerreta. Y me animo a suponer que Aquerreta se habrá sentido honrado con la invitación. Primero, por razones del oficio; después, o a la par, por su compromiso cívico demostrado en importantes encrucijadas ciudadanas ajenas al jolgorio. Una institución como la Casa de Misericordia no es un visitante más de su estudio, ni la colección de la Feria del Toro una exposición colectiva de quita y pon. Se queda para siempre. Y se queda este año engrandecida por la llegada de un autor del que aquí, en su tierra, sobran los premios para dibujar su perfil. Y adelante con el debate, que ni la trayectoria del artista, cualquiera que sea, ni su mochila de premios, por mucho que pese, garantizan nada, ni tienen los efectos de una mordaza en boca del personal. La discusión del cartel de Sanfermines, el municipal, es ya un clásico en el capítulo de festejos presanfermineros. Este año -puro calendario- le roba protagonismo el de la Feria del Toro. Y esta es la cuestión: ¿ha de tener toro un cartel de feria taurina? Pues, qué se yo; en este caso pamplonés tendrá lo que quiera que tenga el autor, elegido por la Meca con el debido respeto de su libertad de creación. Después, al personal le toca debatir, cada cual con su idea de cartel, sus gustos y sus opiniones. Pero guardando fuerzas, que luego viene el terremoto del concurso municipal.
Escribió el poeta que sin el parpadeo de la belleza la visión del mundo sería insoportable. Aquerreta presenta, parpadeando en rojo, la plaza de 1922 y los mozos de siempre, que guardan la distancia social propia de la amistad y de los Sanfermines: hombro con hombro.