A mi manera
Los de aquí y los de allá
Mire a los políticos a la greña por las agresiones juveniles en la Vuelta del Castillo. Apedreándose. Sin piedad


Publicado el 30/01/2022 a las 06:00
Buenos y malos. De aquí y de allá. Blancos y negros. Pensamiento dualista le llaman los filósofos. Una forma de explicar las cosas que se alimenta de la oposición al otro, como si buscara la diferencia en lugar del encuentro. Puede que a usted le resulte difícil saber dónde empieza a ser alto un hombre que le lleva unos centímetros a otro más bajito y tienda a verlos razonablemente semejantes. O no le parezca relevante el plus de fibra del delgado frente a la tripita del obeso porque le importa más que se entiendan. Pero siempre hay quien destaca la diferencia. Alto y bajo. Gordo y flaco. Nada de utilizar el lenguaje para el acuerdo. Mejor enfrentados. Utilizar palabras que destaquen el antagonismo. Porque se trata de eso. De separar al de aquí y al de allá. De buscar analogías, ni pensar. ¡A quién se le ocurre! Como si para tener derecho a que a uno le quieran lo importante fuera conocer su lugar de procedencia.
Mire a los líderes políticos ahora a la greña por las agresiones juveniles en la Vuelta del Castillo. La oposición en el Ayuntamiento de Pamplona empeñada en llamar xenófobo al alcalde Maya porque dijo que en la violencia juvenil participaban ‘menas’; o sea, menores extranjeros. El alcalde en el error de medir los milímetros de genoma de aquí o de allá que tienen los jóvenes que protagonizan los incidentes. Y recriminando al gobierno que no ponga orden en los centros de menores tutelados. Los políticos, apedreándose. Sin piedad. Los unos y los otros. Unos, como si comparasen la calidad del ADN de los de aquí y los de allá. Una forma simple de explicar conceptos complejos. Los otros, explotando el desacierto. Todos buscando el aplauso de su público y la reprobación de los opositores. De nuevo pensamiento dual. Aprobación y reprobación. Aplaudir y censurar. Sin matices. Ni hablar de intercambiar puntos de vista sin buscar culpables, sin levantar la voz, con el único interés de allanar las dificultades y profundizar en la cuestión. ¡Qué va! Ahí quedan los problemas abandonados. Historias de niños y adolescentes;‘menas’, que cruzaron el estrecho como pudieron..., hoy de nuevo en el foco de la descalificación que los pone tan a la deriva como el Mediterráneo. Y ciudadanos agredidos que asisten atónitos al espectáculo. Los políticos, con las uñas afililadas. Lo suyo es el enfrentamiento. Enfocarse en la búsqueda del dato que deje al descubierto las debilidades del contrincante. Lo importante no es el asunto pendiente de resolver. Es convencer al respetable de que el incompetente es el otro.