PSN-Bildu, de los azotes a los emojis amorosos

thumb

Marcos Sánchez

Actualizado el 07/11/2021 a las 11:22

No hace mucho tiempo, María Chivite llamaba a Podemos “siamés de Bildu” y no precisamente porque Bildu le pareciera un encanto. Corría en su ecuador la pasada legislatura. Días en los que la actual presidenta del Gobierno votaba ‘no’ desde la oposición a los presupuestos que entonces producía el gabinete de Uxue Barkos, sustentado por Geroa Bai, Bildu, Podemos e I-E. Días en los que a Chivite le escocía que los anteriores le excluyeran y mandasen sus enmiendas al contenedor de papel. “Es una pena que la presidenta no tenga capacidad de decisión. La tiene el cuatripartito, que le ha llamado al orden”, lloraba. Y desde el cuatripartito, con especial énfasis por parte de Bildu, le replicaban que, si te pica, te arrascas. No ha llovido tanto. Igual de poco desde que Ramón Alzórriz, hombre fuerte del PSN con permiso de Cerdán, escribía en artículos de opinión que “han llegado los vascos” y éstos “quieren que se sepa”, o arreaba a Barkos llamándole “flamante” o sintetizando sus acciones como “controladas por Bildu”. En los plenos de Burlada, Alzórriz plantaba cara a Bildu un día sí y al siguiente más, como cuando le acusaba de politizar las fiestas de Navarra e incluir en los programas brindis por los presos etarras. Era la voz de un socialismo valiente que ahora se intercambia emojis afectivos con la izquierda abertzale.

Hoy, al PSN no le reconocen ni muchos de sus propios votantes, autorizados a atribuirle la misma credibilidad que a Pinocho. La exclusión por la que protestaba la está ejerciendo sobre Navarra Suma, coalición comandada por UPN, con la que los socialistas compartieron pactos presupuestarios, incluso un gobierno y, en el pasado inmediato, manifestaciones contra el de Barkos en defensa de la bandera de Navarra y en rechazo de la imposición del euskera. Acciones que ahora el PSN vulgariza como identitarias y le sobran por incómodas, ya que le plantan ante el espejo de con quién se ha aliado. Chivite, calco de Pedro Sánchez a nivel nacional, ha elegido a Bildu no como socio de gobierno y sí como socio para poder gobernar, lo que convierte en harto difícil detectar la diferencia. Bildu significa la complicidad pretérita con ETA y la negativa aún presente a condenarla. Significa amparar los homenajes a terroristas que dejan la cárcel bajo el repara-todo de la libertad de expresión. Y significa también oponerse al TAV o, como el empleo debe de nacer de los árboles como las naranjas, insistir en subir los impuestos a las empresas. A estas manos confía María Chivite la llave del presente y el futuro de Navarra. Lo corrobora el tercer acuerdo presupuestario de la legislatura, un “fuerte compromiso con la recuperación justa de todos” según Alzórriz. Hablar mucho para no decir nada. El PSN no ha elegido amarrarse a Bildu en vez de a UPN por el bien de los navarros ni cuestión ideológica alguna. Tampoco por principios, ya que sólo es posible lo que está haciendo con una carencia de ellos. Es el sillón de presidir, inviable frente a un partido con más escaños elección tras elección, el que guía sus pasos. Y para ostentarlo, lo que sea y con quien sea. ¿Actualizar el Amejoramiento porque lo pide el nacionalismo? ¡Venga! ¿Legitimar pacto a pacto a Bildu y su déficit ético? ¡Venga! “Tenemos paciencia estratégica”, ha avisado respecto a su sigla el abertzale Adolfo Araiz. “El camino emprendido no tiene retorno”, asegura Chivite. Efectivamente. Los cuervos le han comido las bolas de miga del por si acaso.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora