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“Todo en la vida es una aventura incierta, dice Morin”

Avatar del Pedro CharroPedro Charro13/09/2021
Estaba pedaleando en la estática, frente a la ventana, escuchando jazz con los auriculares y viendo como el cielo de septiembre palidecía, como si le hubieran dado una mala noticia, cuando recordé el tiempo del confinamiento en que hacía esto cada tarde y miraba la calle vacía en que un vecino con suerte salía un rato con un perro, como si llevara un salvoconducto. En la radio anunciaron ahora un tema de Art Pepper y enseguida se escuchó el sonido agridulce de su saxo contralto junto a Davis tocando la trompeta con sordina, como si fuera una escena de una película con niebla, mientras yo seguía pedaleando pensando en aquellos días aciagos que ya se han desdibujado, y entonces recordé que hace poco en Francia vi en la tele a Edgar Morin, un filósofo que cumplía 100 años todavía en activo y que había vuelto a brillar en la pandemia, pues la incertidumbre es uno de sus temas preferidos. Toda vida es una aventura incierta, dice Morin, no sabemos cómo será nuestra recorrido personal ni profesional, ni nuestra salud, ni cuándo moriremos, que es otro de sus temas favoritos, la muerte, aunque él le esté dando largas, porque este virus que lo ha vuelto todo patas arriba la puso en primer plano en nuestras vidas, nos volvió frágiles, y nos hizo añorar los ritos de despedida cuando no eran posibles, como si fuéramos hombres primitivos. Mi vida, declaró este hombre menudo que ha vivido todo los excesos del siglo, ha consistido en ver cómo llega lo inesperado. Todo eso me vino y se fue de la cabeza mientras pedaleaba escuchando a Pepper tocar el saxo desde el otro mundo, pues para él la incertidumbre acabó hace tiempo, la suya fue una vida de adicciones y excesos, como ocurre con muchas figuras del jazz que parecen salidas de una novela negra, la de un músico brillante y atormentado que acaba en la cárcel y parece eclipsarse para siempre pero, después de unos años, vuelve como si nada hubiera pasado, con esa capacidad de algunos grandes que son como el Guadiana: un día están acabados, desaparecen del mapa, pero vuelven a brillar de pronto como una estrella lejana cuando se abren las nubes, trayéndonos algo de esperanza.
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