"Un francés, no hay duda, sabe muy bien distinguir a un español, no hay engaño posible"

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Pedro Charro

Publicado el 30/08/2021 a las 06:00

De vuelta a casa, después del paseo matutino, encuentro a Monsieur S., que vuelve del suyo y charlamos un rato mientras la gente comienza a bajar a la playa. Ojalá hablara mejor francés, porque los dos tenemos ínfulas de pequeños filósofos, y en francés soy como un corredor lisiado. En las terrazas, mientras tanto, la gente muestra un salvoconducto para tomar un café. Es la pandemia, que nos puede. En las últimas elecciones en Francia, me cuenta, apenas ha votado el 30%. Si los jóvenes se desentienden de todo no sabe qué va a pasar. Luego recuerda que escuchó a grupo de chicos españoles hace poco diciendo que no se sentían españoles, que eran vascos, y no tenían nada que ver con España, que era un país que empezaba más abajo, puede que en Zaragoza. Mr. S se ríe incrédulo. No entiende algo así. Hasta le da un poco de risa, como si se tratara de una impostura o una moda. Un francés, no hay duda, sabe bien distinguir a un español, no hay engaño posible. Es cosa de locos, dice, moviendo la cabeza. No se imagina lo que es, además de apechugar con los problemas reales, tener que cargar con esta desafección profunda que lo envenena todo. Que acompleja al país entero. Intento explicárselo, pero no soy capaz. Puede que aquí tampoco estén libres, pienso, aunque no lo sepan. Puede que este virus también esté avanzando en silencio, sin que para él exista vacuna. Nos movemos algo del sol, que estos días pega. Ahora recuerda haber leído que el cerebro de los animales que viven con el hombre ha perdido tamaño. No sé bien como lo ha relacionado con lo anterior. El caso es que es mucho más pequeño que los que se las apañan en libertad, de los salvajes. Es como si vivir cómodamente redujera la inteligencia. Como si el bienestar atontara. Los perros se acomodan, no necesitan ejercitar su habilidades, se les atrofian. Por no hablar de las vacas estabuladas. Quizás al hombre actual le esté pasando algo parecido, dice, con cara de pícaro. Quizás estemos un poco estabulados. Quizás hayamos perdido reflejos y estemos decayendo, como ocurrió en el imperio romano. Nos volvemos tontos, dice, encogiéndose de hombros. Ladra un perro, como si asintiera.

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