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"No nos importa el triple salto, sino si el saltador es negro, gay o pertenece a una minoría"

Artículo de opinión de Pedro Charro

Avatar del Pedro CharroPedro Charro09/08/2021
Hace ya bastantes años que Jesse Owens ganó cuatro medallas de oro en las olimpiadas del Berlín de 1936, poniendo en un brete la supremacía racista nazi, y si a algo nos hemos acostumbrado desde entonces es a ver competir y ganar a atletas de color en todas las competiciones, y no es raro ver deportistas negros en selecciones de países donde son minoría. La selección francesa que ganó el mundial de fútbol es un buen ejemplo. Por eso, llama la atención que nuestra brillante medallista de triple salto, Ana Peleteiro, haya declarado que a algunos les jodería ver ganar a un negro, porque si los hay, ya deberían haberse acostumbrado. En realidad, habrá tantos que les fastidie que ganen negros, como a quienes les joda que ganen blancos o chinos, pues esta lacra está bastante repartida, pero que prestemos tanta atención a esto es una prueba de la desmedida importancia de la identidades en nuestra época, donde, por decirlo claro, no nos importa el triple salto, ni el tenis de mesa en su caso, sino si el saltador es negro, gay o pertenece a una minoría. Uno es de todo antes que deportista, que deja de ser lo principal. Las identidades y el victimismo que los suele acompañar, pues siempre habrá un margen que mejorar, es lo que prima. Que gane Peleteiro es una buena noticia, y que sea de piel negra está bien, pues demuestra y normaliza que se puede ser español de color, alto o bajo, feo o guapo, incluso sin quererlo demasiado, que le vamos a hacer, pero no deja de ser una anécdota. En estas olimpiadas, por cierto, solo se ha visto un caso de grosera discriminación racista: la negativa de un luchador argelino de judo a enfrentarse a su oponente porque era judío, algo que no se ha comentado mucho, como si hubiera que taparlo. Esto sí que es un insulto al alma del olimpismo que consiste en dejar por un tiempo de lado enfrentamientos, creencias y colores y competir en buena lid. Negarse a hacerlo es la peor de las derrotas. Si Owen lo hubiera hecho, no hubiera humillado a los nazis y no lo recordaríamos todavía hoy.
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