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OPINIÓN

“De Palomares no tenemos más que un recuerdo: la imagen de Fraga en calzones bañándose en la playa”

Opinión de Pedro Charro Ayestarán

Avatar del Pedro CharroPedro Charro17/05/2021
Era Palomares, un pueblo perdido de Almería, donde un día lejano, en 1966, cayeron nada menos que cuatro bombas atómicas. De eso no tenemos más que un recuerdo: la imagen de Fraga en calzones bañándose en la playa, con la que se pasó página. Un éxito. Para que luego digan que la propaganda política por encima de la verdad es cosa de ahora. De ahora es la serie documental sobre Palomares que se ve como una peli de suspense, en la que volvemos a esos años de la guerra fría, en que EEUU tenía siempre en vuelo sus aviones B52 con bombas nucleares para responder a un ataque de la URSS. Uno de ellos, que repostaba en el aire, chocó y cayó en llamas arrojando las bombas a tierra. Los habitantes de Palomares, que todavía andaban en burro, cuidaban cabras y plantaban tomates, entraron de pronto en lo peor del siglo XX, y se convirtieron en noticia mundial. Dos de las bombas se partieron, el explosivo detonó, pero no se produjo la explosión nuclear que hubiera hecho desaparecer del mapa media España. Otra cayó al mar, donde fue al fin localizada gracias a un pescador de la zona que señaló a los americanos el lugar. Desde entonces le llaman Paco el de la bomba. Esa mezcla de drama apocalíptico y película de Berlanga, en aquella España que empezaba a recibir turistas y no podía perderlos, se muestra muy bien en la serie, junto con la censura, el ocultismo, y el disimulo ante la evidencia de que la radioactividad se había esparcido por las casas y las cosechas de la zona, sin que se hiciera gran cosa. El poder es siempre una chapuza, y esta serie vuelve a demostrarlo. Lo ha repetido en Pamplona el filósofo Javier Gomá, añadiendo que en el fondo es mejor, pues no es una conspiración de poderosos la que maneja nuestra vida, sino que es la improvisación y la falta de certezas lo que está detrás de quienes mandan, donde se decide por intuición o por intereses. Algo de eso hemos visto en el manejo de la pandemia. En Palomares, en nuestra conducta con el planeta, en cada momento crítico, parece que nos salvamos por la campana, como si al final venciera nuestro instinto de supervivencia, y necesitáramos estar al borde del abismo para reaccionar.
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