Los Yodas del emprendimiento

Actualizado el 18/11/2016 a las 10:24
Como Yoda, maestro de Luke Skywalker en la Guerra de las Galaxias o el anciano de Kárate Kid enseñando al joven con su dar y pulir cera, estaría bien que todos contáramos con un personaje parecido que, con su experiencia y sabiduría, nos ayudara a encontrar el éxito en la vida, el trabajo, el amor o donde lo necesitáramos. Y como estoy en esta columna y toca hablar de la vida de las personas emprendedoras, diré que soy de la opinión de que todas ellas deberían contar con un maestro o mentor. Como en las películas, estas figuras pueden ser clave en su futuro y en el transcurrir feliz de la historia.
Cuando un emprendedor pone en marcha su proyecto debería buscar esos apoyos. Emprender no es algo sencillo ni trivial y rodearse de personas que te ayuden en el camino para hacerlo de la mejor manera, es algo que siempre recomiendo fervientemente. Las más habituales son las que ejercen de asesor, de coach o de mentor. Cada uno de estos roles tiene su función importante aunque muchas veces los podamos confundir fácilmente. El asesor o consultor es esa persona que profesionalmente apoya al emprendedor en la creación del proyecto de empresa y es experta en emprendimiento o en alguna de las áreas concretas de su proyecto. El coach, haciendo un resumen simplista, guía a la persona para que ella misma vaya encontrando su camino o su verdad, sus motivaciones, etc… y el mentor es aquella persona que ayuda a otra de manera más puntual basándose en su propia experiencia empresarial. Encontrar un mentor no es tarea sencilla, puede ser a través de programas específicos (como en CEIN, que tiene su propia red de mentores) o gracias a los propios contactos.
“Lo más importante que busco en un mentor es que tenga de verdad disponibilidad, que me proporcione contactos, que me escuche sin prejuzgar, que cuente con una importante experiencia, con sus éxitos y sus fracasos. Que haya pasado por lo mismo que yo estoy pasando ahora. No busco en un mentor un asesor profesional o inversor, que ya los tengo por otro lado además. A los emprendedores no se nos debe olvidar que la empresa es nuestra, que tomamos nuestras propias decisiones y que debemos ser capaces de reconocer entre todos los consejos, aquellos que verdaderamente nos interesan y nos ayudan a crecer. Yo me preparo las reuniones con el mentor en profundidad, sé que esta persona dispone de muy poco tiempo y vale oro cada minuto para mí. Quiero sacarle el máximo partido, que sea muy práctico. Habiéndome elegido, no quiero tampoco defraudar sus expectativas con mi proyecto”, me confesaba una emprendedora.
A través de la mentoría, el mentor regala principalmente experiencia y vivencias, contactos y otros aspectos fundamentales para que el nuevo proyecto tenga mayores probabilidades de éxito. Y escribo regala porque el mentor no cobra en un principio por esta labor. Se trata de un apoyo desinteresado, aunque no es obstáculo para que en el devenir de la relación, ésta pueda derivar a más largo plazo en una colaboración profesional. Los beneficios para los mentores consisten en el contacto con personas que les hacen sentirse emprendedores de nuevo y en revivir aquellas sensaciones y experiencias. Muchos también lo hacen por responsabilidad social. Como es lógico el mentor preferirá ayudar a las personas emprendedoras que, según su punto de vista, sean más interesantes y con un proyecto realmente atractivo. Hablando con algunos mentores, me comentan que en su mochila acumulan muchas vivencias, recorridos de ida y vuelta, éxitos y fracasos que compartir, pero tampoco tienen la verdad absoluta y más en estos tiempos tan rápidos, a veces complicados y a pesar de todo, llenos de oportunidades. Además me cuentan que en muchas ocasiones reciben por parte de los emprendedores bastante más de lo que ellos consideran que aportan. “Me encuentro con gente con proyectos increíbles con una gran pasión y energía. Esto al final contagia, te recarga, en cierta medida vuelves a recordar aquellos momentos y te sirve para revivir tus sueños y rememorar las razones de la propia experiencia vital. Ven que si yo lo conseguí, ellos también pueden hacerlo. Ojalá hubiera tenido un mentor, seguro que me habría ahorrado alguno de los errores que cometí. A veces sí que es cierto que es necesario definir los límites de mi apoyo, por eso lo mejor es aclarar desde un principio el marco de actuación para que no lleguen los problemas en este aspecto”.
Sin embargo, no toda aquella persona que haya emprendido, aun con éxito, significa que vaya a ser una buena mentora. No tiene que ser alguien perfecto ni haber tenido una carrera impoluta en cuestión de errores, tampoco tiene que ser alguien de edad madura, pero sí se necesita tener una gran capacidad de análisis, con motivación alta pero a la vez con los pies en el suelo, empatía, escucha activa, curiosidad y sobre todo, con ganas de ayudar de manera desinteresada.
¿A quién no le interesaría tener un maestro al lado para consultarle las dudas en momentos concretos? Yo no sólo se lo recomiendo a los emprendedores, ya que sería estupendo que todos contáramos con al menos uno, con experiencia interesante y en el que confiar y saber que te va a dar sus mejores consejos. Además, es curioso, pero las personas más valiosas suelen ser humildes y generosas. A cambio, por supuesto, hay que respetar ciertos límites de tiempo y de dedicación y entender que si se pide hay que ser justos y responder a la confianza del mentor. Que muchas veces no consiste en otra cosa que en tener un proyecto interesante, ideas que le hagan reflexionar, aportar retos, buenas vibraciones y disfrutar de ese tiempo compartido.