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La Diáspora

Ricardo Oroz, un consultor empresarial en Puebla (México)

Sus vínculos familiares con el país azteca, de donde proviene su mujer, le impulsó a dirigir la oficina de la consultoría navarra Imeanticipa al otro lado del charco, donde afirma que existe un gran potencial para los negocios que atrae a los profesionales y las empresas españolas

Ricardo Oroz, ante la catedral de Puebla, que alberga un secreto que vincula a la localidad mexicana directamente con Fitero
Ricardo Oroz, ante la catedral de Puebla, que alberga un secreto que vincula a la localidad mexicana directamente con FiteroEnrique Urdánoz
  • Carlos Lipúzcoa. Pamplona
Actualizado el 26/07/2021 a las 07:51
La curiosidad de Ricardo Oroz Llander (Pamplona, 1967) le llevó a descubrir una desconocida conexión entre Navarra y Puebla, la ciudad mexicana en la que reside con su mujer y su hijo, Karina Hernández Rodríguez y Mateo. Tras varias visitas a la catedral de la populosa localidad norteamericana, se percató de que había una bandera roja en la entrada y nadie sabía qué era. “Un día la desplegué y resultó ser la de Navarra, en honor de Juan de Palafox, que nació en Fitero y fue virrey de México, capitán general de Nueva España y obispo de Puebla en el siglo XVII. Él terminó de construir la catedral y creó la Biblioteca Palafoxiana, la primera biblioteca pública de América y visita obligada”, relata. Ricardo Oroz es director en México de la consultora navarra Imeanticipa dedicada a la internacionalización de compañías, la inteligencia competitiva o la comunicación corporativa, entre otras actividades: “Cualquier empresa que quiera expandirse o implantarse en el gran mercado mexicano, recurre a nosotros para que le apoyemos y acompañemos en todo el proceso: estudios previos del mercado, búsqueda de socios locales, alianzas, etc. Trabajamos con instituciones diversas, como la Cámara de Comercio de Navarra”.
Su aventura mexicana comenzó en 2012, cuando se mudó al otro lado del charco con el objetivo de abrir una oficina. No fue un salto al vacío, ya que había viajado frecuentemente a Puebla, de donde es oriunda Karina, para visitar a sus parientes americanos. A lo largo de todos estos años ha tejido una extensa red de contactos entre los que hay “buenos amigos mexicanos” además de otros españoles que, como él, trabajan expatriados. “Tenemos un amplio grupo de paisanos que estamos siempre en contacto para apoyarnos en lo que haga falta y también para ayudar a los que llegan y no conocen el país”, señala. Entre los factores que facilitan la integración social, además del propio idioma, Ricardo Oroz reconoce que los mexicanos son “muy acogedores” y ven “generalmente ven bien a los españoles”, que tienen una imagen de “gente profesional y seria”.
“NUNCA TE DICEN NO”
La amabilidad de la gente y la diversidad del país son otros de los principales activos de México, según destaca, aunque el país todavía adolece de algunos malos hábitos como “la informalidad, el desorden y la ausencia de horarios”, todo lo cual redunda en “miles de horas perdidas y poca eficacia en el trabajo”. Pese a las similitudes culturales, existen claras diferencias que la experiencia profesional obliga a asimilar para no vivir en permanente frustración: “Llama la atención que los mexicanos nunca te dicen ‘no’, aunque lo que les estás proponiendo no les interese, y que los tiempos son totalmente distintos. Un ‘ahora te envío una respuesta por correo’ puede llevar días. Me he adaptado, aunque no creo que me acostumbre”.
Lejos de arrepentirse, Ricardo Oroz asegura que para él ha sido “una experiencia absolutamente recomendable en todos los sentidos”. Recalca que los sinsabores se compensan sobradamente con la grandiosidad de lo que México puede ofrecer. El enorme país norteamericano cuenta con “una gran diversidad de paisajes naturales y muchos contrastes sociales”. A diferencia de España, nada tienen que ver las condiciones de vida entre los distintos estados que lo conforman. Incluso en una capital próspera como Puebla, con una pujante industrialización, conviven “zonas llena de grandes edificios, rascacielos impresionantes y gente con escolta en restaurantes de lujo junto a un barrio de chabolas a unos metros”. “Eso impresiona mucho la primera vez que llegas a Ciudad de México, la capital. Por eso es aconsejable tener siempre cuidado y preferentemente no viajar de noche”, aconseja.
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