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Día de Navarra

Razones para una medalla: tres empresas navarras que surgieron en tiempos de crisis

La experiencia de tres microcooperativas constituidas en unos años de inquietud y zozobra por la pandemia y la crisis agravada con la guerra de Ucrania muestra un motivo de peso en el reconocimiento brindado a la economía social: “La persona está en el centro de la actividad”

Ampliar Los hermanos Asier y Mireya Erroba Zubeldia muestran una de las fases de la cría de grillos de su microcooperativa Insecma
Los hermanos Asier y Mireya Erroba Zubeldia muestran una de las fases de la cría de grillos de su microcooperativa InsecmaJesús Caso
Publicado el 04/12/2022 a las 06:00
La economía social, que este sábado fue distinguida con la medalla de oro del Gobierno de Navarra, alimenta sueños y fabrica promesas de empleo. Iniciativas que, de otra manera frenaría el impulso de asomarse al precipicio que comporta toda apuesta empresarial, acaban fructificando con el compromiso de sus impulsores de anteponer la ocupación al rédito económico.
En el interior de una nave del polígono de Egüés comienza a forjarse el sueño de una empresa con licencia de actividad prácticamente recién estrenada aunque estuviese dibujada en el imaginario de sus creadores antes que la pandemia extendiese sus tentánculos y congelase la actividad del mundo entero. Una mezcla de “locura”, expresada como tal por quienes se atreven a vivirla, y la intución de caminar en una senda prometedora se impone a tres años de inquietud y zozobra por la crisis económica doblemente castigada por la pandemia y la guerra de Ucrania.
Insecma es un acrónimo, creado de la conjugación de la materia prima -insecto- y las iniciales de dos nombres propios. Las de Mireya y Asier Erroba Zubeldia, pamploneses de 47 y 43 años, cuyos lazos consanguíneos anudan un proyecto empresarial. Son hermanos, socios y trabajadores, uniformados con bata blanca en la cría y transformación de grillos. “El que no arriesga, no gana” es la máxima aprendida de su padre como guía en el equilibrio del fino alambre de la empresa. Renunciaron a un puesto fijo: ella con sus estudios de LADE en la administración y contabilidad de una empresa especializada en combatir plagas -paradoja del destino-, y él, en excedencia en un puesto del mantenimiento en el sector eólico en MTorres.
“Si no hubiese sido por la pandemia, hubiésemos arrancado en el año 2020”. El lamento de Asier Erroba se convirtió en oportunidad durante el tiempo de aislamiento prolongado y progresivo.
Un documental de una granja de Tailandia avivó su imaginación y entusiasmo, replicados en la actitud de acogida de su hermana para adivinar un negocio con buenas promesas y mejores perspectivas. “Por las propiedades de proteína que tiene el grillo, creemos que es el mejor insecto para cuando demos el salto a la alimentación humana”. Por las averiguaciones realizadas, tras un período de formación en Nutrinsect, de Olite, sirve como ingrediente de repostería, amén de ofrecer cualidades óptimas en la preparación de piensos para animales.
De momento, los esfuerzos de los socios hermanados se centran en la cría de 4 millones de grillos con la mente puesta “en dar el salto en seis meses” en la obtención de harina tras un proceso de congelación y deshidratación. Su cálculo es de tres kilos de materia prima por uno de producto final. “Con una nave de 120 metros cuadrados podríamos sacar 600 kilos de grillo congelado y producir 200 de harina”, traduce Asier Erroba como ejemplo del cálculo aritmético. “Hay un gran potencial. No hay granjas descomunales, pero sí mucho mercado”, observa su hermana.
Las estimaciones están realizadas, una vez asentadas las bases de la microcooperativa y realizado, con ayuda de ANEL (Asociación de Empresas de Economía Social de Navarra), el estudio de viabilidad que certificó su intuición en la obtención de óptimos resultados. “ANEL nos ayudó en todo. En el registro de la microcooperativa. Vimos que el modelo de microcoperativa era el adecuado. Vimos muchas ventajas fiscales, ayudas... La forma de trabajar nos convenció. No es lo mismo trabajar como trabajador a sueldo que mirar por la empresa. Se trabaja de otra manera. La empresa es parte de ti”.
De izquierda a derecha, Mario Garbayo Mateo, Andrés Arilla Rodríguez, David Mendive Maisterra, José Luis Clavería Zalba y Carlos Gorgojo Díaz, socios de Ingerlan constituida como microcooperativa
De izquierda a derecha, Mario Garbayo Mateo, Andrés Arilla Rodríguez, David Mendive Maisterra, José Luis Clavería Zalba y Carlos Gorgojo Díaz, socios de Ingerlan constituida como microcooperativaCedida
INGENIERÍA MECÁNICA
La observación podría ser acuñada por quienes han dado forma a Ingerlan. De momento crece en el vivero donde el Ayuntamiento de Egüés tuvo su sede como resultado de los esfuerzos y el compromiso en un mismo ideal de cuatro ingenieros y un maestro industrial. La experiencia adquirida y su coincidencia en MTorres, donde fue granjeándose una amistad a partir del compañerismo en el quehacer diario, culminó en una microcooperativa dedicada al diseño de maquinaria especial. Además abarca servicios integrales en sectores tan diversos como el de aeronaútica, automoción, fundición o minería.
Por la descripción que realizaron sus cinco integrantes en una publicación de ANEL -Mario Garbayo Mateo, Andrés Arilla Rodríguez, David Mendive Maisterra, José Luis Clavería Zalba y Carlos Gorgojo Díaz-, sus capacidades y conocimientos se amplían con la “gestión de proyectos, cálculos de elementos, diseño mecánico, calidad y documentación”. De momento, el área de cobertura de la firma que lleva su sello se extiende a Navarra y País Vasco.
“Nuestra idea es montar una empresa para muchos años”. El anuncio de Andrés Arilla, pamplonés de 56 años de edad, adquiere visos de compromiso y convicción a partir de la premisa, inspirada en la meteorología, de que después de la tempestad viene la calma. Traducida al lenguaje económico, que en este caso va de la mano del laboral, “después de un período tan inestable vendrá un período más estable”. La creencia asienta un pilar de Ingerlan.
Un segundo cimiento está puesto en la flexibilidad que posibilita conjugar el trabajo presencial con el organizado en el hogar con la ventaja de la conciliación familiar que procura la fórmula mixta. La lógica en el ahorro de tiempo se impone en la elección: el 60 u 70% del tiempo invertido en la actividad está dedicado a laborles técnicas de diseño. Lo que no quita para que los cinco socios coincidan en las reuniones semanales para una puesta en común de asuntos que conciernen a la marcha de la microcooperativa, entre ellos, el crucial de las finanzas.
La presentación de Ingerlan, a efectos de tramitación legal, desvela una empresa constituida el 23 de septiembre pasado. Lo que la apariencia administrativa oculta es el ímprobo trabajo realizado durante año y medio por sus socios-trabajadores al amparo de ANEL. Los cinco se valieron del respaldo e infraestructura de la incubadora de la asociación “para trabajar y facturar” en la etapa de arranque. Esa fase inicial tuvo además la ventaja de comprobar la viabilidad, tan necesaria, en la puesta en marcha de toda sociedad que se asoma al mercado siempre incierto y especialmente cambiante en una época de apuro como el vivido.
La medalla entregada este sábado a la Confederación Empresarial de Economía Social (CEPES Navarra), de la que es miembro ANEL, responde “a un trabajo bien hecho, a un modelo de estructura que se estila cada vez más. En el País Vasco -señala Andrés Arilla- está muy potenciado”.
La autonomía en la toma de decisiones es otra de las ventajas asociada a la filosofía que alienta la economía social, como descubren los cinco compañeros de trabajo en Ingerlan. La disponibilidad de una visión de conjunto es, a su juicio, un elemento añadido que dota al proyecto de consistencia y valor enriquecido.
De izquierda a derecha, Silvia Telletxea Pérez, Imelda Buldáin Zozaya, Diego González Mariezcurrena, Eduardo Aliende Villoslada e Irene Martín Torres, socios en la microcooperativa Incluye
De izquierda a derecha, Silvia Telletxea Pérez, Imelda Buldáin Zozaya, Diego González Mariezcurrena, Eduardo Aliende Villoslada e Irene Martín Torres, socios en la microcooperativa IncluyeJesús Caso
EMPRESA DE INICIATIVA SOCIAL
El mismo espíritu alienta a Incluye desde su propia concepción hasta su materialización como empresa de iniciativa social. “Las entidades de economía social se caracterizan por estar centradas en la persona, por crear empleo inclusivo. Nosotros no sólo creamos empleo inclusivo. Intentamos contratar personas con discapacidad y personas en situación de vulnerabilidad y trabajamos por la inclusión de personas con discapacidad”. Hay otras razones convincentes en el ánimo de Imelda Buldáin Zozaya, Eduardo Aliende Villosalada, Irene Martín Torres, Silvia Telletxea Pérez y Diego González Mariezcurrena para seguir creyendo en las bondades de una fórmula de organización y de trabajo. “En las empresas de economía social hay más estabilidad de empleo y la brecha salarial entre hombres y mujeres es mucho menor”, añaden en su listado de motivos.
El abanico de ventajas que aprecian dan lustre a una apuesta particular por la cohesión territorial con formación sobre el modelo de atención integral centrado en la persona dirigida a profesionales de Elizondo. La cobertura formativa, pensada para empleados del sector de la dependencia, discapacidad y cuidados, se extiende al conjunto de Baztan-Bidasoa y Sakana en una línea de diversificación geográfica que va más allá de Pamplona, donde tienen su sede. El ideal del cuidado de la persona, con su especialidad “en el apoyo a personas con discapacidad, fundamentalmente intelectual”, cimienta un proyecto de microcooperativa creado en el año 2020 a partir de la iniciativa de asalariados procedentes del propio sector que “querían trabajar por cuenta propia y ofrecer una serie de servicios individualizados”.
Las prestaciones de Incluye comprenden el ciclo vital de una persona con discapacidad. “Con los niños trabajamos desde la etapa escolar distintos niveles, entre ellos, terapéutico o psicológico”. La inclusión laboral guía parte de sus esfuerzos dirigidos a jóvenes “con formación para conseguir empleo en empresa ordinaria y pública”. La Administración “reserva plazas para personas con discapacidad intelectual”, recuerda la directora de la entidad, Imelda Buldáin, pedagoga de estudios. En otras palabras, el derecho les asiste para acceder a un empleo público vía oposición, que, claro está, requiere aplicación en su preparación.
Hay una dedicación específica para que estos mismos jóvenes realicen un recorrido de inserción laboral de la mano de especialistas en preparación.
El tercer eslabón de la cadena de acompañamiento se encuentra en la etapa adulta. El fomento de la autonomía figura entre los objetivos de la vivienda tutelada. Por pura lógica, el aumento de esperanza de vida está a la base de una terapia físico-cognitiva, incorporada en la amalgama de posibilidades de la empresa.
Hoy son 13 los profesionales que la integran, 5 de ellos socios, para formar a 250 profesionales y acompañar a 120 destinatarios, según descubre la memoria de 2021. Prima como línea transversal la adaptación de los servicios a las necesidades individualizadas.
“Somos una entidad de iniciativa social, una entidad sin ánimo de lucro”, subraya Diego González. Como dice, la doble singularidad, lejana al interés puramente económico, aporta “un gran valor”.
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