Maneras de emprender
La tatuadora pamplonesa que se ha lanzado a la creación de sombreros
Marina Martínez, más conocida en redes sociales como Minatopia, compagina el trabajo en su estudio de tatuajes con un nuevo proyecto como sombrerera


Publicado el 27/04/2024 a las 05:00
La historia de la pamplonesa Marina Martínez Fernández es singular. La gimnasta rítmica que pasó de competir a tatuar en su propio estudio en menos de seis años. Desde hace unos meses, también diseña y fabrica sombreros. Y lo hace todo bajo su marca y pseudónimo en redes sociales: Minatopia. “No me considero una artista, pero sí soy habilidosa”, cuenta. “Siempre digo que todo lo que me gusta, quiero aprender a hacerlo”. Y así ha dado vida, de momento, a sus dos negocios: Minatopia Tatto y Minatopiahats.
En 2018 colgó las puntas como gimnasta de competición y empezó a compaginar sus estudios en Diseño Industrial con un primer trabajo como entrenadora de gimnasia rítmica en distintos centros deportivos de Pamplona. Y los tatuajes entraron en su vida. “Siempre me ha gustado dibujar, así que cuando me hice mi primer tatuaje con mis amigas, pensé: esto puedo hacerlo yo”. “Me dio por enredar con el mundo tatuaje, al principio de forma autodidacta, y con mi primer sueldo de entrenadora me compré el material y me lancé a probar en casa”, cuenta. “Mi primer tatuaje fue a mi tía Felina, que es una lanzada y me dijo: venga, tatúame, y me salió bien”, recuerda. Con el tiempo, su círculo de clientes empezó a crecer y se llenó de familia, amigos y conocidos.
Con ese primer subidón, y tras ampliar la cartera de sus primeros clientes, acudió a Bilbao a formarse como tatuadora en un curso de dos meses. “Un día un conocido me escribió y me dijo que un estudio bastante conocido en Pamplona buscaba tatuador y que preguntase. Y eso hice”, relata. Ahí perfeccionó la técnica y se hizo fiel a un estilo tan característico que le permitió abrir su propio estudio en la sala Espacios Media Luna tan solo dos años después. “Cada vez llegaba más gente a la que le gustaba mi línea y quería tatuarse conmigo”, dice.


Sus clientes, explica, la buscan por su trazo limpio, fina, sutil y delicado, que coincide al mismo tiempo con su gusto personal. “A veces incluso toman lo que yo llevo tatuado como referencia”, cuenta. “Es muy guay poder hacer lo que te gusta, porque me ha tocado hacer trabajos que no estaban tanto en línea con mis gustos personales y al final estás creando algo que no te representa nada”, afirma.
Con su negocio de sombreros la historia es parecida. Se fue de viaje a Ibiza y se compró un sombrero artesanal. “En cuanto me dijeron que era artesanal pensé: tengo que aprender a hacerlo. Me fui a Madrid e hice un curso de sombrerería”, cuenta. No quiere hablar todavía de un negocio, sino de un proyecto de marca que está testando. “He aprendido un oficio artesano de algo que me gusta y he vendido los primeros en mercadillos, pero todavía no sé por dónde encaminar el proyecto”, dice. Piensa que es de nuevo la estética lo que le ha llevado a sus clientes a decidirse por sus creaciones, aunque sabe que en Pamplona el mercado de sombreros todavía “cuesta”. “Al final es algo que choca, porque no se lleva mucho. Muchas veces la gente los ve, piensa que son bonitos, pero que no sabría cuándo ponérselos”, explica.
TATUAJE ONCOLÓGICO
Su afán por no dejar de aprender ha llevado a Marina a buscar nuevos caminos en el mundo del tatuaje. Se ha lanzado al mundo de los tatuajes para eventos y desde 2021 trabaja con el tatuaje oncológico, que consiste en la reconstrucción de areolas en pacientes que pierden el pezón tras un tratamiento oncológico. Reconoce que a pesar de que la técnica es parecida, se trata de un trabajo especial, tanto para ella como para la persona sobre la que tatúa. “La sensación es muy bonita. Para ellas es una pasada pasar de verse sin nada a tener el tatuaje”, describe.
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VOCACIÓN EMPRENDEDORA
Marina cree que para emprender siempre hay que tener una vocación (“y quien la tiene lo sabe, sea de la rama que sea”). Y creer en ella. Aunque también hay que luchar con el temor a intentarlo. “Lo que da miedo es que no funcione, pero hay que aprender a fallar. Y saber equivocarte”, dice. “El tiempo que dediques a emprender nunca va a estar mal invertido porque vas a llevarte ese aprendizaje”, afirma.
Marina ha encontrado en el trabajo manual una forma de vida, pero tiene una cosa clara, no se cierra a lo que venga después. “Soy Minatopia y hago cosas. De momento, parece que a la gente le gusta, así que ya veremos hacia dónde nos lleva…”, termina.