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Producción

La escasez de suministros pone a la industria navarra al ralentí

Los tres días que tuvo que parar Volkswagen Navarra por la falta de microchips a finales de marzo fueron solo una muestra del persistente problema de carestía de distintos tipos de piezas y materias primas

Campa de expediciones de la fábrica de Volkswagen Navarra
Campa de expediciones de la fábrica de Volkswagen Navarra.
Cedida
Actualizada 19/04/2021 a las 06:00

Más difícil todavía. Por si no fuera poco la desaceleración económica anterior a la pandemia y el año largo lidiando con la incertidumbre creada por la covid-19, la industria navarra suma desde finales de 2020 la persistente escasez de algunos suministros como los semiconductores. Y, como guinda del pastel, el bloqueo del canal de Suez que, pese a haberse solucionado ya, enrevesó todavía más la situación. Para superar este ejercicio circense de lo nunca visto, algunas empresas se están viendo obligadas en los últimos días a reactivar los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE), mecanismo legal que permite suspender temporalmente los contratos de una parte o la totalidad de la plantilla, y paralizar sus producciones intermitentemente. El caso más conocido es Volkswagen Navarra, que ha obligado a parar ya tres días en marzo, pero se trata de un fenómeno que está afectando a mas industrias en la Comunidad foral más allá del sector del automóvil.

 

Muchos productos que hace relativamente pocos años no empleaban chips o montaban modelos muy básicos, ahora incorporan microelectrónica de altas prestaciones. El mejor ejemplo es automoción, donde los coches actuales necesitan de estos diminutos componentes para ofrecer complejos sistemas de infoentretenimiento. Estos dispositivos no solo permiten la reproducción de contenidos multimedia, sino que controlan muchas otras funcionalidades avanzadas como el frenado automático ante peatones, ciclistas y coches, la conducción semiautónoma, el reconocimiento de señales de tráfico o la navegación por satélite. Pero existen muchos otros ejemplos, como robots aspiradores o neveras y hornos con prestaciones inteligentes.

 

“Hay un problema, efectivamente, pero abarca un espectro que va más allá de la escasez de semiconductores”, reconoce José Manuel Ayesa, secretario general de la Asociación Navarra de Empresarios del Metal (ANEM) que señala que la carestía afecta a distintos tipos de suministros además de los componentes electrónicos, como puede ser “la chapa, el acero o determinados plásticos”, lo que, en algunos casos, está obligando a presentar ERTE. Ayesa afirma que es difícil calibrar el alcance de estos cierres temporales y considera “aventurado” dar algún tipo de cifra o porcentaje, pero admite que son varios los casos entre empresas del ámbito de ANEM.

 

Ana Cañada Zarranz, responsable de comercio internacional de la Cámara de Comercio e Industria de Navarra, destaca que la actual situación demuestra el papel clave que juegan las importaciones en un mundo totalmente “interdependiente”. “Se habla mucho de las exportaciones, pero las importaciones son igual de cruciales como ha demostrado la escasez que está poniendo en jaque a algunas empresas”, apunta. Según los datos de la Cámara de Comercio, el sudeste asiático representó el 9% de todas las importaciones a Navarra en 2020 y un 5,4% provenían de China, porcentajes que no parecen muy elevados, pero que representan algunos materiales y piezas clave en la cadena de suministros. Precisamente, el gigante asiático es una de las principales causas de la actual carestía de muchos componentes y materias primas, según explica Cañada, debido a su política de “acaparamiento”, que ya había provocado años antes de la pandemia momentos puntuales de escasez.

 

Ayesa apuntala esta observación y sostiene que la raíz de los problemas comenzó hace años con el creciente acopio chino de materias primas y componentes “para mantener su crecimiento económico”, todo ello impulsado por “el aumento del consumo interno” y, parcialmente, por la guerra comercial con EE UU que se inició en 2016 tras la llegada al poder de Donald Trump y que aceleró esta política. No obstante, el secretario general de ANEM recuerda que también hay que meter en la ecuación la propia pandemia, en especial por el impulso que ha supuesto para el teletrabajo, y el bloqueo del canal de Suez durante una semana a finales de marzo, lo que “agudizó el problema” y derivó en una “tormenta perfecta”. “Con el confinamiento, todo lo que se dejó de vender en coches se vendió en ordenadores para teletrabajar y las clases online”, señala Ayesa, aunque advierte, no obstante, que habrá que ver en qué grado se va a consolidar el trabajo desde casa, ya que “hay algunas empresas muy contentas y otras muchas, no tanto”.

 

SIN GARANTÍAS DE ENTREGA

Del diabólico cóctel formado por el acaparamiento chino, la pandemia y el bloqueo del canal de Suez, tan solo se ha despejado este último factor, por lo que los expertos consultados no creen que la escasez vaya a ser un episodio pasajero a medio plazo. Uno de los efectos secundarios que están sufriendo las empresas afectadas por el insuficiente abastecimiento de productos asiáticos, según detalla Ayesa, es el alargamiento de los plazos de entrega de los suministradores alternativos. Así, según explica Ayesa, la entrega de pedidos ha pasado de semanas a meses: “Algunos proveedores dan plazos de 12 meses e incluso 18 meses y, lo que es peor, sin garantías de que vayan a cumplir”.

 

Debido a que la escasez de determinados productos es general, los pocos suministradores que siguen aceptando nuevos clientes han hinchado sus tarifas, un “drástico aumento de los precios” que en algunos casos podría llegar a repercutir en el cliente final en función de las circunstancias económicas de cada empresa y su capacidad para absorber los costes extra. Cañada confirma que en Cámara Navarra también han constatado subidas generalizadas en los precios del acero y otros materiales, a lo que se sumaría el incremento de las tarifas de los fletes de barcos para traer mercancías desde Asia, “tres, cuatro y cinco veces más caros” que anteriormente. “Es un drama, porque a veces ni siquiera hay espacio disponible para contratar en los barcos”, explica Cañada.

 

Con la esperanza de que la progresiva inmunización siga avanzando gracias a las vacunas, el único elemento que seguirá distorsionando el mercado de componentes y materias primas será la fuerte demanda interna de China de todo tipo de productos, según apunta Ayesa. Respecto a la carestía de semiconductores, el secretario general de ANEM indica que los principales fabricantes de microchips han anunciado importantes inversiones para “aumentar su capacidad”, aunque admite que los resultados tardarán unos años en apreciarse. La actual escasez es más acuciante cuanto menor es el tamaño de la empresa compradora, ya que las grandes compañías tienen más músculo financiero para hacer frente al sobreprecio. “Hay preocupación sobre todo por la incertidumbre, aunque las empresas están adaptándose para poder seguir trabajando. Lo más doloroso es que no falta carga de trabajo o pedidos, que los hay, sino que fallan los suministros”, lamenta.

 

Señal de alarma del clúster en diciembre
 

La Asociación Clúster de Automoción de Navarra (ACAN), que actualmente integra a 57 empresas del sector en la Comunidad foral, avisó a sus miembros el 21 de diciembre del año pasado que se avecinaba un inminente problema derivado por la escasez de semiconductores. Una carestía cuyas consecuencias en la industria van más allá de los cierres temporales en Volkswagen Navarra, que afectan directamente a su parque de proveedores, sino que también a aquellas fábricas en la Comunidad foral que suministran a otros fabricantes situados en el resto de España y que también se han visto afectados, como ha sucedido con las factorías de Seat, Renault, Ford, Mercedes, Iveco, Citroen, Opel y Peugeot. De hecho, la planta de Landaben ha sido de las últimas en tener que parar.

 

“En todo caso, el impacto hasta la fecha ha sido limitado en Navarra porque el tipo de vehículos que se fabrican en Landaben incorporan menor número de chips”, destacan. Según explican desde ACAN, se está siguiendo muy de cerca la evolución del mercado de la microelectrónica avanzada, tanto en España, Europa y el resto del mundo con el apoyo de plataformas y consultoras especializadas, para anticipar en la medida de lo posible la disponibilidad de estos productos. El objetivo es que las empresas puedan planificar mejor su actividad productiva, así como el manejo de existencias y la organización de plantillas, por si resultara necesario plantear un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE).

 

ACAN define la actual situación como “complicada” dado que los problemas de suministro de componentes se están sufriendo “a nivel internacional” y está afectando “afecta a marcas y plantas de todo el mundo”. “A día de hoy es difícil prever el impacto internacional que va a tener en el futuro, si bien parece probable que las tensiones en el suministro continúen, con distinta intensidad, en los próximos meses”, señala ACAN. Entre otras medidas adoptadas, se ha reforzado la coordinación con los clústeres de automoción de Aragón, Cantabria, Castilla y León, Cataluña, Comunidad Valenciana, Galicia, Madrid, La Rioja y País Vasco para compartir información.

 

Volkswagen Navarra acaba de salvar una bola de partido tras descartarse otro cierre temporal que se daba por hecho el pasado lunes, pero continúa la incertidumbre para próximas semanas.
 

Dilema europeo por depender de Asia
 

Aunque existen fabricantes de semiconductores en Europa, estos elaboran productos poco sofisticados para la industria en general. Tan solo hay una factoría puntera de microchips en el Viejo Continente, ubicada en la ciudad alemana de Dresde, que pertenece a la multinacional norteamericana Globalfoundries. Sin embargo, esta instalación no puede competir con los semiconductores más avanzados de la taiwanesa TSMC o la surcoreana Samsung. La mayoría de la producción mundial se concentra en Estados Unidos y, sobre todo, en el sudeste de Asia, particularmente en China, Taiwán, Corea del Sur y Singapur.

 

Esta dependencia no se limita a la microelectrónica más sofisticada, sino que se extiende a otros productos y materias primas estratégicas como baterías de alta capacidad, suministros médicos o tierras raras que se emplean precisamente para la elaboración de semiconductores. Todos estos productos y componentes del Lejano Oriente han resultado hasta la fecha muy baratos, lo que ha favorecido las cuentas de resultados de las empresas europeas. Estas han maximizado así la creación de valor minimizando los costes, pero, al mismo tiempo, han generado un importante riesgo geopolítico que ahora resulta patente debido a la acuciante escasez.

 

LO BARATO SALE CARO

“Se puso en evidencia el año pasado. La cadena de valor está muy lejos. Lo vimos con los Equipos de Protección Individual (EPI), como mascarillas y guantes, que escasearon y cuyos precios alcanzaron niveles disparatados”, explica Ana Cañada Zarranz, responsable de comercio internacional de la Cámara de Comercio e Industria de Navarra. Esta experta señala que la compra de productos asiáticos ha comportado “muchas cosas buenas cuando los mecanismos estuvieron bien engrasados”. Según Cañada, las empresas se habían “acostumbrado a comprar barato” y ahora llevan “un año y medio muy convulso”.

 

Esta situación ha provocado una reacción para volver a fabricar en Europa determinados productos. Así se ha visto en distintas iniciativas privadas para confeccionar mascarillas que, según la responsable de comercio internacional de la Cámara de Comercio, deberían coordinarse con el respaldo de las Administraciones Públicas. Una de las reacciones más ambiciosas para reducir la dependencia de Asia en toda la cadena de suministro está impulsada por catorce países europeos, que se han comprometido a duplicar la cuota de mercado de producción de semiconductores avanzados en el Viejo Continente para 2030.

 

No obstante, el secretario general de la Asociación Navarra de Empresarios del Metal (ANEM), José Manuel Ayesa, advierte de que la industria afronta una situación “muy resbaladiza” ante la que se corre el riesgo de “sobreactuar o infraactuar”, sobre todo cuando la discontinuidad en los suministros es “coyuntural”. “Las circunstancias actuales son muy volátiles y cambian en pocas semanas”, recuerda. Ayesa explica que la industria navarra todavía está “asimilando el golpe” provocado por la carestía y señala que es pronto para replantearse “la dependencia de una cadena de suministros global”, un asunto que, en todo caso, sería abordado por el alto mando de las grandes compañías.

 

A día de hoy, tal como apunta el secretario general de ANEM, no se pone en cuestión la validez de los sistemas de organización productiva como el Just in Time (JIT), un modelo que recorta costes reduciendo al mínimo el inmovilizado en existencias: “El JIT nunca había afrontado problemas como los actuales, pero no creo que esté cuestionado. Ya se sabía de sus debilidades, aunque la carestía ha cogido a las empresas de sopetón. Se ha producido una tormenta perfecta que está afectando a un modelo de gestión que tiene muchas ventajas, pero también inconvenientes”. Sean cuales sean las conclusiones, a Ayesa no le cabe duda de que la industria vive “una época de cambios importantes”.

 

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