Los talos admiten todo, incluso calabacín

Leitza celebró este domingo por decimonovena ocasión el Día del Talo. Este producto, típico de Navarra, se servía antiguamente acompañado de txistorra, panceta y queso, aunque la variedad se ha ampliado para asimilar a todo tipo de consumidores

Fotos del Día del Talo en Leitza 2024
Fotos del Día del Talo en Leitza 2024| JESÚS CASO

Javier Estévez

Actualizado el 08/09/2024 a las 19:11

Mezclar la harina de maíz con agua y sal, machacar la masa, proporcionarle forma de circunferencia y apoyarla sobre una plancha caliente. Una vez dorada, añadir el acompañamiento: txistorra, panceta, hongos, queso, chocolate, lomo y pimientos son algunas de las opciones. Tan solo falta un consumidor preparado para degustar uno de los productos típicos de Navarra: el talo.

Leitza celebró este domingo su decimonoveno Día del Talo, una elaboración que vivió su época de mayor esplendor en los años posteriores a la guerra civil. “Durante este período, en el norte no había opción de obtener más cereales; todo estaba racionado”, explica María Mitxelena Urroz, cocinera de Saldiasko Talogileak. Poco queda ya de aquellos tiempos de racionamiento: ahora los talos se preparan a ojo. Así lo hacen al menos Mitxelena y sus compañeros: “La cantidad de harina de cada talo depende del tamaño del puño de quien lo prepare”. El equipo de Saldias se proveyó de 20 kilos de harina para la feria.

Antiguamente, la costumbre era acompañar el talo de queso, txistorra y panceta, pero “hoy por hoy, como hay tantos veganos, vegetarianos y distintos tipos de consumidores, hemos introducido nuevos productos para satisfacer la demanda de la gente”, asegura la cocinera. Por ejemplo, calabacines. El acompañamiento es libre, pero no cuándo comer el talo, continúa Mitxelena: “En el momento, recién hecho, calentico, porque es cuando más sabor a palomita tiene”.

Mitxelena y sus compañeros no fueron los únicos vendedores de talos en la plaza del Ayuntamiento de Leitza. A escasos metros se ubicó la producción de Saralegi Taloak, participantes en el Día del Talo desde sus inicios. Aunque la tradición familiar comenzó mucho antes, en la década de 1960, cuenta José Manuel Huici Antón: “Mi suegro participaba en la feria de Santo Tomás, en San Sebastián. Luego cogió el testigo su hija, Cristina Saralegi, que era mi mujer. Ella empezó con 14 años”. Más de medio siglo después, continúan a pleno rendimiento: ayer llegaron a formar una fila de más de cincuenta personas. ¿El secreto? “Todos los talos que hacemos, los hacemos con mucho amor... y humor”, resume Huici.

NO TODO SON TALOS

En el Día del Talo no sólo se comen talos. El mercadillo de la plaza del Ayuntamiento contó también con puestos de quesos, dulces y paté, entre otros alimentos. “Hoy en día se hace de todo y se come de todo, puede ser que algún día se consuman talos con paté”, augura Idoia Mendinueta Flores, de Katealde Artesanos.

Aunque no todos los productos estuvieron relacionados con la alimentación. La plaza también contó con espacios de bisutería. Xarmart, gestionado por Ainara Zabaleta, fue uno de ellos. “Vendo las piezas que mi pareja, Paul Erdozia Azkorra, diseña en cuero y plata. La mayoría son pulseras y pendientes”, cuenta Zabaleta, natural de Leitza.

HERRI KIROLAK Y MÚSICA

En medio del bullicio, la aizkolari Nerea Arruti Salgado se enfrentó en horario de mañana a un tronco de haya de más de dos metros de perímetro. Veinte minutos y “muchas” aizkorakadas necesitó la alumna de la escuela de Gabriel Saralegi para separar el tronco en dos partes.

Por la tarde tuvo lugar la otra exhibición de herri kirolak programada en el marco del Día del Talo: en las inmediaciones de la antigua estación del Plazaola, segalaris de la Escuela de Gaztelu hicieron una demostración de corte de hierba. La cantante Anari puso el punto final a la jornada con un concierto en la plaza del Ayuntamiento.

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