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Carnavales

El conjuro de los cencerros

Ituren y Zubieta han quedado este lunes ensamblados por la historia y la tradición con una secuencia sonora de 86 ‘joaldunak’ que sirvió para ahuyentar el mal espíritu de la pandemia. La prudencia ha reducido la asistencia de público en la primera de las dos salidas tras un año de ausencia

Ampliar Los ‘joaldunak’ de Aurtitz, en un momento de descanso, antes de reanudar su recorrido por el barrio y esperar a sus homólogos de Zubieta en su recorrido hasta el centro de Ituren
Los ‘joaldunak’ de Aurtitz, en un momento de descanso, antes de reanudar su recorrido por el barrio y esperar a sus homólogos de Zubieta en su recorrido hasta el centro de IturenJ.A. Goñi
Actualizado el 31/01/2022 a las 23:27
Hubo máscaras y mascarillas en la recuperación del Carnaval de Ituren y Zubieta, que fue asumido por la comisión responsable de su organización con la necesaria prudencia para no invocar al mal espíritu de la pandemia y un llamamiento a la contención a deseosos de disfrutar con su contemplación. Si en 1993 fueron 11 los autobuses que acercaron hasta las inmediaciones del primer término a una legión de escolares, este lunes el aparcamiento del balneario de Elgorriaga no acogió a ninguno. Se impuso la cautela en los desplazamientos de estudiantes y la resignación en la respuesta de visitantes, aminorada por imponderables ajenos a una fiesta única que sobrevive al curso del tiempo y de los acontecimientos sobre el legado transmitido entre generaciones. Fue así, sin la presión de años anteriores, cómo la tarea costosa de buscar aparcamiento resultó liviana para descanso de los automovilistas rezagados.
La niebla aferrada en las cumbres y una llovizna intermitente dotó de mayor intensidad los verdes prados y el colorido de los 86 joaldunak, cuya presencia disipó las dudas existentes entre su salida, más que deseada por el sentimiento de pertenencia local y un compromiso con su historia, y su suspensión, que hubiese alargado una sensación de vacío entre sus vecinos. “Estos días son más importantes que las fiestas de verano”, observó Ramón Etxebeste Urrutia, partícipe en la preparación del reconstituyente de alto poder calofírico en la sociedad de Aurtitz, a medio camino en los 4 kilómetros que separan el centro de Ituren y Zubieta. Sus palabras se elevaron en el umbral de la sociedad con el fondo de las mesas preparadas para degustar el menú tradicional de “caldo, huevo duro y pan”. Su ingesta aligeró el peso de los cencerros en el segundo tramo de la andadura hasta Ituren.
EL HORARIO DEL APETITO
Los 'joaldunak' de Zubieta y los del barrio de Aurtitz (Ituren) han cumplido con la tradición y como cada lunes siguiente al último domingo de enero han visitado la localidad vecina de Ituren. Es la primera de las dos jornadas de hermanamiento entre los dos pueblos, epicentro estos días del carnaval rural de Navarra. Mañana será el turno de los 'joaldunak' de Ituren, quienes devolverán la visita a los de Zubieta.DIARIO DE NAVARRA
Aunque no hay un horario estipulado en la secuencia sonora que emerge a orillas del río Ezkurra, los joaldunak se orientan por el reloj biológico que dicta su estómago. Los encuentros gastronómicos, reducidos este lunes al 60% en el desván de Ituren por las restricciones sanitarias, marcan los tiempos. Hacia el mediodía, mayores y pequeños salieron del desván para recoger de sus coches y casas los últimos complementos de su indumentaria. Con el vellón y los cencerros en la mano reanduvieron el camino realizado para franquear la puerta de acceso del edificio de la Casa Consistorial que culmina en la bajocubierta. La liturgia de la colocación de los cencerros en la estancia superior quedó oculta a miradas ajenas. Un cartel en euskera recordaba el acceso prohibido a cámaras y periodistas. La sentencia quedó remarcada con una leyenda escrita a bolígrafo: Herritarrak bakarrik (Sólo vecinos)”.
De hacerla cumplir se ocupó en la entrada Juan Etxebeste Ariztoy quien alababa la inteligencia de los joaldunak por haber disfrutado en la víspera en la intimidad del pueblo. En “su primer día de vacaciones” no tuvo otra que asumir con humor y serenidad el cometido que le fue encomendado. En un momento dado, delante de sí pasaron Juanito Mariezcurrena Elizalde y Joxe Aristegi Mariezcurrena, de 41 y 50 años de edad, respectivamente, habituales en la comitiva desde que recibieron de sus mayores el bautismo en la cadencia acústica pegada a su espalda. “Aquí llevamos toda la vida. Probablemente empecé con cuatro años de edad”, ensalzaba el primero. Los dos disiparon la incógnita que hasta semanas atrás mantenía en vilo a las dos poblaciones hermanadas a orillas del Ezkurra. “Teníamos dudas de si se iba o no a salir. Al final, no nos podíamos echar para atrás”, concluían en los prolegómenos a mimetizar su aspecto habitual bajo la apariencia de un icono del Carnaval rural en Navarra.
Para cuando su cintura quedó apretada por las cuerdas que unen los cencerros a su espalda, en el barrio de Aurtitz un cohete había rasgado el cielo como anuncio de la salida de un séquito reducido de joaldunak. Con los minutos, el grupo fue engordando con 12 adultos y 4 menores, unidos por el hilo de la transmisión de costumbres y líneas consanguíneas. Kepa Leiza Mikeo encabezó una de las dos hileras de este barrio de Ituren, rematadas con el entusiamo de un cuarteto infantil en el que se encontraban sus hijos, Mattin e Iñaki, de 11 y 8 años de edad, respectivamente. “Hablamos mucho a nuestros hijos desde que son pequeños de lo que supone esto. Ya a los seis meses de edad, acompañados de las madres, se les ve junto a los joaldunak”. Su explicación asomó a la conclusión de una instantánea de grupo, que anticipó el recibimiento brindado a sus homólogos de Zubieta.
La escala en la sociedad reforzó los ánimos de los tocados con ttuntturo en la cabeza e hisopo en la mano para descender por el puente de 1744 que acerca al barrio de Latsaga, punto de fusión de los tres séquitos -Ituren, Aurtitz y Zubieta-. El itinerario por el camino empedrado y embarrado por las últimas lluvias fue un recorrido por la historia. El silencio envolvente de un entorno de postal quedó roto por el estruendo sonoro que fue avanzando hacia su destino en el corazón de Ituren. La espera en Latsaga de la delegación anfitriona de Ituren estuvo aderezada de música de fanfarria y escenas estrambóticas de mozorros en vehículos tuneados por su arte y gracia. El cuadro tradicional asegurado por los joaldunak quedó empañado por el anacronismo de una furgoneta, anunciada por una sirena de ambulancia en cuya parte superior cuatro disfrazados mostraban sus posaderas desnudas.
Cuando quedó despejado el camino hacia el frontón de Ituren, la sección infantil de los joaldunak franqueó el tránsito de los mayores para seguir su ritmo acompasado a golpe de riñón. Javier Bereau relegó por un día sus responsabilidades de alcalde de Ituren para acudir a su cita anual con la historia de su pueblo. Lo hizo congratulado con la respuesta copiosa de menores que mantienen vivo el conjuro de los cencerros. “¡Hay cantera y buena!”, se le escuchó decir antes de ocupar su lugar en la doble hilera acústica. Hay nueva escuela en el pueblo, no sólo de doma del intelecto. La otra, la que no se lee en libros pero se escribe en las capas más profundas de los sentimientos, aporta enseñanzas imposibles de olvidar. Este martes será Zubieta la que responda a Ituren y al barrio de Aurtitz con un segundo ejercicio de hospitalidad. La fuerza de las tradiciones, como el poder de las supersticiones que ahuyentan los malos espíritus, se impone a la barrera de la distancia que erige la pandemia en el mundo entero, sumido en una duda no disfrazada.

‘Miel Otxin’ seguirá confinado tras la suspensión del Carnaval de Lantz

Miel Otxin, el espigado forajido que amedrentó a los lugareños del entorno de Belate, continuará por segundo año confinado en sentido metafórico. No habrá Carnaval en Lantz, tal y como figura en un comunicado que difundió el viernes el Ayuntamiento de la localidad por una cuestión de prudencia. Según el texto, la suspensión se debe “a la situación epidemológica que estamos padeciendo y a las consecuencias de la covid-19”.
“El Ayuntamiento toma esta decisión con el fin de evitar la habitual afluencia masiva de visitantes al Carnaval y de esta manera no pone en riesgo la salud de las personas”. Las autoridades locales manifestaron su confianza de que pueda celebrarse el próximo año, cuando el riesgo de contagio haya desaparecido.
El orden del calendario litúrgico, que señala el arranque de la Cuaresma el 2 de marzo, contempla el Martes de Carnaval el día 1. De no haberse decidido la suspensión, en esa fecha Miel Otxin debería estar consumido en las llamas después de pasar su porte altivo por Lantz en los dos días anteriores, uno de ellos portado por los menores de la localidad. Así como Lantz, donde se celebran uno de los Carnavales de acento rural más destacados, Alsasua aún no se ha pronunciado, si bien su calendario de fiestas contempla la tres jornadas dedicadas a la fiesta del disfraz. Con anterioridad, Leitza y Sunbilla, entre otros, acordaron la cancelación.

La fotógrafa Cristina García Rodero en Ituren

​Cristina García Rodero (Puertollano, Ciudad Real, 14 de octubre de 1949) se paseó ayer entre los ‘joaldunak’ con sus cámaras para inmortalizar instantes únicos de su salida. Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la primera persona de nacionalidad española que entró a formar parte de la prestigiosa Agencia Magnum, acudió acompañada de un equipo de cámara audiovisual y de una retahíla de homólogos de oficio en la captura del instante. En su periplo por tierras navarras contó con la compañía del madrileño Carlos González Ximénez, quien desde hace siete años se encuentra realizando un monólogo de máscaras en la península y en Bulgaria. La pamplonesa Karmentxu Alemán Álvarez, centrada en una serie de Fiestas y rituales, aprovechó su estancia en Ituren para engordar su capítulo dedicado a las celebraciones populares del invierno. El conjunto de especialistas se confundió entre los asistentes, que acudieron ayer en menor número que otros años.

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