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Coronavirus

Pendientes de Francia

Las ventas buscan retomar el pulso tras la pérdida del 60% de la clientela de los dos primeros días de confinamiento perimetral que no afectó a la frontera pero condujo a la confusión en el país vecino. Aquí se ha reforzado el control de movilidad nocturna

Foto de uno de los dos pasos fronterizos de Dantxarinea, sin afección por las restricciones.
Uno de los dos pasos fronterizos de Dantxarinea, sin afección por las restricciones.
Actualizada 25/10/2020 a las 06:00

No es novedad la dependencia de Francia de las ventas que nutren de una red comercial a Ibardin, Valcarnos y Dantxarinea. Cualquier movimiento legal a uno y otro lado de la frontera altera su funcionamiento. El lunes, tan pronto cómo la presidenta del Gobierno foral, María Chivite, anunció el confinamiento perimetral de Navarra arreciaron los malos presagios por el temor a un nuevo retroceso en su balance económico. La noticia acarreó un revuelo en suelo francés, con un primer aluvión de usuarios en los dos días posteriores. Sirvió de poco la aclaración posterior de la frontera abierta.

El estado de “confusión” había calado en el consumidor galo. Comerciantes como también autoridades locales, entre ellas, el alcalde de Urdax, Iñaki Ariztia, se esforzaron en aclarar que los pasos estaban igual de expeditos que en días pasados. Hasta intensificaron una campaña de publicidad en medios de comunicación del sur francés, como recordaba el presidente de la Asociación de Comerciantes de Dantxarinea, Txomin Iriarte.

Su esperanza, compartida por homólogos de oficio en la divisoria comercial, se centraba en recuperar con el esfuerzo realizado un porcentaje de la pérdida de clientela de los dos primeros días de confinamiento perimetral. En una somera estimación, sus cálculos apuntaban a un retroceso del 60%.

“Al menos no estamos como en primavera, cuando se cerró todo”, expresaba con una sensación de alivio Cristóbal Alzuyet Martín en Ventas Félix, que el 7 de julio cumplió el medio siglo de apertura.

Resentida la asistencia, el límite comercial sirve de pulso a la aplicación de las últimas restricciones en Navarra, con el comercio y áreas de servicio abiertos y la hostelería cerrada a cal y canto. La imagen desierta de barras y comedores comporta un cambio de hábito en las compras de los franceses, sostiene Javier Legasa, de Venta Peio. “Antes, cuando todo estaba en funcionamiento, venían a pasar el día. Comían aquí y aprovechaban para realizar sus compras”, apuntaba.

Lógicamente, la clausura de un pilar de la actividad tiene sus consecuencias en el personal. En Venta Peio, según su responsable en la zona, “ha habido un acuerdo para que los 80 empleados de la hostelería en Navarra no estén afectados por ERTE”.

En medio de la incertidumbre por la reacción de regiones y países para atajar la pandemia, Juan Ignacio Arzoz Erreca, de Venta Panta, añadió un nuevo elemento de desasosiego: “En la zona francesa de los Pirineos Atlánticos han decretado lo que denominan cubrefuegos entre las nueve de la noche y la seis de la mañana. Habrá qué pasa con todo esto”. El sector mira a uno y otro lado de la frontera, que sigue abierta.

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