Verano en mi pueblo 

Sorlada, un vermú a la sombra del Piñalba

“Siempre ha habido relación con la gente del valle. Estamos casados unos con otros”, afirma Belén Diosdado Gastón, una vecina que se acaba de comprar una casa en la localidad 

La población más joven de Sorlada juega cartas en el pórtico de la iglesia.
La población más joven de Sorlada juega cartas en el pórtico de la iglesia./Jesús Garzaron

Fátima Villalobos Quelopana

Publicado el 16/08/2025 a las 05:00

En Sorlada vivían, hasta el año pasado, solo dos niños, de apellido Gambra Sagastizabal. Fue así hasta que el mayor, Unax, cumplió los 18, superó la infancia y pasó a convertirse en el miembro más joven de la sociedad del pueblo. Aunque en el censo figuran cuarenta habitantes, Victor Manuel Barbarin Gorraiz, un “agregado al pueblo”, como él mismo se describe, calculó que durmiendo hay solo 25. Olatz Sagastizabal Gallastegui, nacida en Elorrio, Vizcaya, vecina de Sorlada y madre de los hermanos Gambra, asegura que a sus hijos no les extraña esta realidad, que no les resulta extraña ni deja espacio al aburrimiento. “Es que no tienen tiempo. Se van a hacer jarrones de madera, por ahí con el tractor, a una obra a ayudar”. Eso sí, saben hacer de todo. Los vecinos de su edad empiezan a llegar en junio, cuando arriban también padres, hijos, abuelos y nietos, y Sorlada triplica su población. Así fue como un martes de julio contaron 40 personas en el vermú, una costumbre que hacen cada vez más suya. “A la 1.30h nos juntamos todos en el pórtico y tenemos el aperitivo hasta las 3”, explica Barbarin, mientras camina en dirección al sitio.

Avanza por la calle San Gregorio y recuerda la historia de Sorlada como si de la suya se tratara. Le cuenta a todo foráneo dispuesto a escuchar sobre aquella plaga de langostas que arruinó los campos en el siglo XI. Relata cómo San Gregorio, obispo de Ostia, Italia, y enviado por el papa, logró liberar a los cultivos y que luego el sacerdote pidió ser enterrado allá donde la caballería que cargara su féretro cayera por tercera vez. Sabe que esta se detuvo en la cima del monte Piñalba, en el término de Sorlada, y que por eso se levantó allí una “capillica pequeña”. Convertida en el siglo XVIII en basílica, es hoy atractivo para muchos peregrinos y ciclistas, que acuden a los vecinos para preguntar cómo llegar a ella. “Aquí cuando viene alguien y te dice: ‘¿Para subir a la ermita?’ Hay que decirle: ‘¡Ermita no, basílica! Basílica de San Gregorio’”, suspira el narrador, nacido en Pamplona hace 74 años .

A la sombra del Piñalba donde se alzó la basílica se congregan todos los días los vecinos para el vermú. Pasada la 1 de la tarde, salen de sus casas para acomodar sus sillas frente al pórtico, mientras los niños corren por los adoquines de la Iglesia de Santa Cecilia. “¡Marisa!, ¡MariLuz!”, se van saludando entre ellos. Esta vez, la tortilla de Maria Ángeles Villanueva espera en la mesa, junto con las copas de vino y la puesta al día vecinal.

“Es el único pueblo en el que todos los vecinos vienen a la sociedad, estamos todos muy unidos”, continúa Barbarin. Él mismo fue uno de sus fundadores hace 34 años. “Ellos son la siguiente generación”, dice mirando a los pequeños. La menor es Haizea, de 4 años, y la mayor, Nahia, que cumplió 17 a comienzos de agosto. Pero en los pueblos pequeños todos juegan con todos. “Está la de 5 con la de 17, no hay distinción por edad. Aquí cualquier crío al que le preguntes te va a decir que está contento”, comenta Belen Diosdado Gastón. Su madre es de la localidad vecina de Piedramillera, ella nació en San Sebastián, Guipúzcoa, pero reside en Pamplona y se acaba de comprar una casa en Sorlada. “Siempre ha habido relación con la gente del valle. Estamos casados unos con otros”, dice entre risas.

Son temas que alimentan la conversación tanto en el vermú, que alarga hasta las 3.30h, como en las cenas que se extienden hasta las 10. Sin embargo, un menú especial espera todos los sábados del año en la sociedad con cenas para “todo el que se apunte”. “Esta semana, por ejemplo, prepararon cordero, sopa de ajo y arroz, con leche de postre”, enumera Barbarin con entusiasmo. Son dos o tres las personas que se ofrecen voluntarias para cocinar y hay días en los que acude más gente. “El día de San Juan estuvimos un montón”. “Al final te juntas más aquí que en la ciudad, porque allá no te ves con 40 amigos”, añade Diosdado.

El paisaje de la terraza de la sociedad es, según Diosdado, el “más fotografiado del planeta”. Con vistas al monte Ioar, Piedramillera y al resto del valle, se convirtió en otra sede para el vermú cuando Luis Lana, de 58 años, le colocó un techo desplegable. Aunque vive en Ancín, se construyó una casa en Sorlada y vela por el cuidado de la villa como si de su hogar se tratase.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora