Verano en mi pueblo

Familias con Salinas de Oro como su campamento base

'Diario de Navarra' recorre la geografía foral para hablar con los vecinos y visitantes, y mostrar cada sábado por qué el verano es tan espacial en los pueblos navarros, que se llenan de vida

Vecinos de Salinas de Oro.
Vecinos de Salinas de Oro.Montxo A.G.

María Puy Amo

Publicado el 20/07/2024 a las 05:00

Un recorrido en bici por la zona, Salinas de Oro en el horizonte y el comienzo de un ‘idilio’ con esta localidad de 109 habitantes que ya dura ocho años para el donostiarra Pablo Alcorta Garrido y su familia. Por el pueblo corren hoy sus hijos de 4 y 7 años con una incipiente cuadrilla de verano que va nutriéndose con nuevas incorporaciones conforme avanza el mes de julio y llega al punto máximo en agosto. Es en ese momento, cuenta el alcalde Francisco Eraso, cuando de las alrededor de 40 casas habitadas todo el año se pasa al menos a 60. Es entonces también cuando una veintena de niños de quintas distintas tiene en el frontón y en las calles su punto de encuentro.

La Taberna El Granero, bar y ultramarinos, otorga a este municipio de Tierras de Iranzu al que el río Salado regala desde los romanos una riqueza salinera hoy foco de atracción turística y posibilidades gastronómicas constituye un punto a favor. Muy a tener en cuenta. Porque cuando los veraneantes llegan y se instalan en sus casas no tienen que desplazarse para las compras del día a día. Entre ellos, en este establecimiento de la Navarra rural que Nerea Urabayen, de la vecina Iturgoyen (Guesálaz), abrió hace ya ocho años, confluyen los vecinos del estío. Veraneantes que proceden de otras comunidades y tienen en Salinas su segunda residencia. O, en muchos de los casos, oriundos del pueblo que viven en Pamplona o entorno y vuelven por vacaciones. Bien al domicilio familiar o al propio.

A ese primer grupo. el de los llegados de fuera de Navarra, pertenece Pablo Alcorta. “Vi el pueblo mientras iba en bicicleta, con el bar y pensé en lo bien que estaba la tienda para el tamaño de la población”, subraya este guipuzcoano amante del deporte y de la naturaleza que anteriormente frecuentaba Úgar, en el valle de Yerri. Hasta que compraron casa en Salinas, la reformaron y convirtieron en su segunda residencia. Encantados -dice- de haber dado el paso porque han hecho de este pueblo su campamento base todos los veranos y hasta en otras fechas, como la Nochevieja que da la posibilidad de disfrutar de un cotillón diferente en El Granero. “Mi mujer teletrabaja y yo voy y vengo cuando no estoy de vacaciones. Hacemos la vida aquí, en una zona que tiene, además, un microclima con muchos días de sol”, destaca.

De la misma generación y con hijos en edades similares, 9 y 7 años, el vecino de Noáin Gerizpe Iraola Azanza comparte las experiencias de un verano en el pueblo. Similar al que él disfrutó de niño en Arguiñano, el concejo del cercano valle de Guesálaz del que es su madre. En Salinas de Oro vive la de su mujer y en la casa familiar se instalan hasta finales de agosto. Como otras familias, ven a sus hijos de diferentes edades compartir grupo mientras padres y madres estrechan también lazos. “Por la mañana, cada uno va saliendo según cuando se levanta y las tardes se pasan en la piscina de Muez, si hace bueno. Luego, los críos un bocata en el frontón, donde hay cena los sábados”, cuentan. Y miércoles y sábado a esperar al heladero, que llega de Vitoria. Aunque sea tarde,todos aguardan.

VOLVER AL PUEBLO NATAL

Hay entre quienes veranean en Salinas un segundo perfil. El de los de casa, como Emi Gorena Merino, que nació en el pueblo en el que permanece la casa familiar, Casa Gorena, y su marido Santiago Lasa Munárriz, de la cercana Muniáin de Guesálaz. Más de medio siglo de vida en Barañáin, donde se fueron tras casarse y tuvieron a sus tres hijos, y siempre las estancias vacacionales en Salinas. “Después de un tiempo sin volver por problemas de salud, llegamos la semana pasada”, relatan. Reabrieron la casa que se construyeron en una antigua bodega y pajar retomando los hábitos del pueblo. “Nos gusta la tranquilidad, que puedes salir a pasear por el campo al lado de casa y que se mantiene la buena vecindad porque, al final, todos nos conocemos”.

Destaca Emi Gorena como la existencia de dos asociaciones, la de jubilados y la de mujeres, dinamiza esta pequeña población a la que no le faltan actividades. Lo mismo ocurre con el bar -que vuelve a la conversación en este caso con otro de los oriundos con segunda residencia donde tienen sus raíces, Antonio Eraso Eraso. Durante una vida laboral en Pamplona, no ha faltado a esta cita de verano, relata mientras toma un café a media mañana en El Granero que abastece a quienes no cambian el verano de Salinas.

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