Accidente de Estella
Los mecánicos descartan problemas en los frenos y la policía concluye que el chófer aceleró
Los mecánicos que han declarado este miércoles en el juicio, tanto los de la compañía como los peritos, y los agentes de la Policía Foral han sido contundentes para refutar la versión del conductor acusado


Actualizado el 18/04/2024 a las 07:24
El autobús descontrolado de La Estellesa que causó la muerte a dos niños de 5 y 8 años en enero de 2020 no tenía “ningún problema” en sus sistemas de frenado y alcanzó unas velocidades durante su descenso desde Ayegui que solo se explican con una aceleración por parte del conductor. Los agentes de la Policía Foral que analizaron el tacógrafo y los mecánicos (tanto los de la compañía como los peritos) fueron contundentes en el juicio para refutar la versión del acusado, que insiste en que los frenos dejaron de funcionar y que en ningún momento aceleró ni se confundió de pedal.
Él reclama la absolución, pero la fiscal le pide 3 años y 9 meses de prisión, así como 6 años sin poder conducir. En su declaración del martes, el chófer aseguró que esa misma mañana advirtió a un mecánico de la empresa de que ese autobús, en el que se montaba por primera vez, frenaba “fatal”, tal y como le habían dicho dos chóferes. Este mecánico declaró este miércoles. “Lo único que me dijo es que si pisaba poco, frenaba poco, y que si pisaba mucho, frenaba mucho”, repitió. En su opinión, ese autobús frenaba “normal”: “Cada autobús tiene una frenada distinta y hay que acostumbrarse. Este tenía sus propias características”.
El mecánico no recordaba los detalles de aquel día, el 17 de enero de 2020: si el chófer le dijo que los chivatos del ABS y EBS (sistemas de ayuda de frenado) estaban encendidos, si la palanca del intarder (otro sistema de apoyo) estaba algo suelta o si el volante no se podía bajar. El autocar, un Iveco de “bastantes años”, había pasado la ITV durante el verano anterior.


El jefe de mecánicos de la compañía, también chófer, no estuvo ese día en el taller. Pero sí destacó que cualquier problema con el ABS no causa que el autobús no frene, y que la incidencia con la palanca del intarder se limitaba al plástico, que “tenía holgura”. Dos chóferes que trabajaron en la compañía declararon el lunes que habían pasado partes de este vehículo, sin que se solucionaran los problemas. El jefe de mecánico lo negó: “Si llega un parte a La Estellesa y se pasa al taller, se solucionan los problemas. Los autobuses no salen del taller si no estaban en condiciones”, respondió.
Se enteró del suceso por una llamada del chófer y se desplazó hasta el lugar. Cuando la policía le pidió que subiera al autobús a desbloquearlo para montarlo en la grúa, le sorprendió que el freno de mano no estuviera echado: “Si creo que me quedo sin frenos, lo primero que hago es tirar de freno de mano. Me extrañó que no lo hubiera hecho”. El conductor acusado dijo que no lo hizo porque el autocar habría volcado. “No, no vuelca por echar el freno de mano. Era un vehículo de tres ejes”, rebatió.
También declararon tres peritos de mecánica que analizaron el autobús mes y medio después del accidente. Y solo vieron dos incidencias, ninguna relevante para el frenado. Por un lado, saltó un chivato del ABS porque no llegaba información de la rueda izquierda, algo que pudo causarse en el accidente. “Esto no afectaría a la frenada. Tendría la misma capacidad de frenado, la misma potencia”. La segunda, por la retirada del tacógrafo tras el suceso. Tampoco vieron averías en el intarder. “No detectamos ningún problema con el sistema de frenado que nos hiciera ver que había algún fallo”. Los expertos aseguraron que en sus pruebas “fatigaron” el freno, para ponerlo en las peores condiciones, “y frenó como se esperaba”.
NO SOLO INFLUYÓ LA PENDIENTE
Los policías forales que analizaron el tacógrafo también rebatieron al conductor. En su informe detallaron que el vehículo salió de la rotonda ovalada de la cuesta a 40 km/h y entró en la siguiente, situada a 323 metros, a 66 km/h. Fueron muy claros: este incremento de velocidad progresivo no se debió solo a la pendiente (del 5,9%): “Para obtener esa aceleración es imprescindible un aporte de energía del motor”. Y ese aporte de energía, en este caso, solo se pudo dar al pisar el acelerador. Sobre una velocidad alcanzada de 82/86 km/h al salir de la segunda rotonda, lo achacaron a que el vehículo giró con un eje levantado, ya que es “físicamente imposible” pasar de 66 km/h a esta velocidad en un segundo, como lo hizo. Acerca de otras aceleraciones más suaves, sí que pudieron deberse a la pendiente. El juicio continuará este jueves con los atestados y una reconstrucción.
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