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Me quedo en el pueblo

El chófer del autobús de Aizpún

Alfonso Osés conduce desde hace 37 años el autobús escolar en Goñi, entonces montaban 15 niños, ahora 3; repara y colecciona tractores antiguos, afición que han heredado sus cuatro hijos

Alfonso Osés sobre uno de sus tractores clásicos. A la izquierda, el autobús que conduce cada mañana y una vista de Aizpún.
Alfonso Osés sobre uno de sus tractores clásicos. A la izquierda, el autobús que conduce cada mañana y una vista de Aizpún.
Actualizada 29/11/2020 a las 17:28

En el valle de Goñi cada curva esconde un regalo para la vista, el paisaje se enmarca y los pueblos se sitúan como postales amables, el ganado pasta tranquilo, casi da los buenos días en praderas que siluetean el horizonte como quien cocina lento. Aizpún es uno de sus cinco concejos y Alfonso Osés Arza, un alcalde con 31 años de andadura en este enclave de siete familias y otras tantas en fin de semana. De lunes a viernes conduce el autobús escolar hasta Irurtzun, los siete días de la semana atiende el ganado, vacas y yeguas, y los campos de cereal, y el tiempo libre lo dedica a su colección de tractores antiguos. “Unos 35 debe haber en el garaje”.

Alfonso Osés, 59 años, se ha criado en Aizpún, 780 metros de altitud, donde el viento surca la piel a su antojo estos días en que el frío asoma . Son dos hermanos y los dos se han quedado en el pueblo. Sus hijos, cuatro de Alfonso y dos de Carlos, son los más jóvenes en Aizpún. 17 el pequeño y 28 la mayor. Las dos familias ocupan un cuarto en un padrón de 25 personas. “Si muere alguien del pueblo lo sientes como de la familia. Deja un vacío enorme”. “Llevándote bien es otra vida en los pueblos”, suscribe la mirada profunda de Alfonso. Se casó con Rosa Zubiri Castillo, de Ibero. “Uf, cuando llegué aquí me costó sí. Nuestros hijos eran los únicos niños en años. Tenían muchos abuelos, eso sí”, recuerda la madre.

Desde hace 37 años Alfonso conduce el autobús escolar, 22 kilómetros hasta Irurtzun, y su mujer es la cuidadora. Cantan cuando alguien cumple años, ríen cada mañana y se ponen serios cuando hay que cumplir las normas, como sucede ahora con la pandemia. “Antes igual pasábamos una semana sin ir por la nieve, ahora no, qué va. Si algo tenemos bueno aquí es el servicio de carreteras, para cuando arranco el autobús a la mañana, ya han limpiado ”, agradece.

Hace dos décadas recogía quince niños en el valle, ahora suben tres. Pero las paradas en Ilzarbe (Ollo) y en Errotz e Izurdiaga, en Arakil, llenan las 38 plazas. Cuando acaba la Educación obligatoria, con 16 años, ya no tienen transporte escolar. “Entonces ahí estamos las madres”, interviene Rosa. “Yo no había conducido hasta venir aquí, pero en estos pueblos sin carné es imposible”, sostiene que los hijos, en cuanto cumplen los 18 ya están en la autoescuela. “O antes”. Como los suyos. Los cuatro trabajan, en Pamplona, en Puente la Reina y en Cadreita, y los cuatro viven en Aizpún. La mayor, Maite, teletrabaja en estas semanas desde casa. Acaba de hacerse una casa, pero todavía no tiene internet, así que está frente al ordenador, en la de sus padres. Empleada en la empresa de transporte y logística DHL. “Quién lo diría, desde Aizpún”, subraya la buena cobertura de internet. “Y no es raro el día en que llegue algún repartidor al pueblo. Ahora tienes todo el comercio del mundo a mano, en cualquier lugar”, continúa con su tarea, mientras el gato de la familia posa en la ventana, como el maniquí de un escaparate. Le abren y entra, al rato trae al salón el pájaro que se había colado por la chimenea y que Lourdes no acababa de alcanzar. “Viene contento”, le coge el pájaro y lo deja volar.

En Aizpún hay sociedad y está el hotel restaurante Teodosio de Goñi, de propiedad municipal, una apuesta por recuperar patrimonio y dotar de algún servicio al valle. “Ahí cenamos los sábados”, dice Alfonso. Los fines de semana los excursionistas perimetrales colorean las calles como un lienzo irreal frente a la quietud un lunes cualquiera. Buscan paisaje y naturaleza y es atractivo el barranco de Artazul, con su cascada.

El panadero llega a diario al pueblo, los jueves el tendero, también les visitan un carnicero y un pescadero. Por lo demás, se surten en Irurtzun o en Pamplona, desde un entorno administrativo atomizado: “Partido judicial en Estella, servicio social de base y médico en Orkoien, Educación en Irurtzun y la Mancomunidad, en la Comarca de Pamplona”.

A Alfonso siempre le gustaron los tractores. “Creo que nací con la mano en el volante”, confiesa él. “Y los hijos son todos del padre”, confirma la madre que la afición continúa. “Empiezas con uno, te entra el gusanillo y luego te da pena verlos abandonados”, arguye. Pertenece a la Asociación de Amigos de Maquinaria Agrícola, con ella han hecho rutas por distintos puntos de España, y el Camino de Santiago en once etapas, a 20 Km la hora. Aún recuerda la matrícula de su primer tractor: NA-9661. Le perdió la pista. Pero le chispean los ojos con su Barreiros 500.

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