Verano en mi pueblo
Miranda de Arga, entre chapuzones y libros acuáticos
La piscina, centro neurálgico de este "calurosísimo verano"


Publicado el 08/08/2026 a las 05:00
A las once de la mañana del miércoles 29 de julio el termómetro ya roza los treinta grados. El aire es espeso y el sol cae sin concesiones sobre las calles de Miranda de Arga, donde la vida parece haberse desplazado casi por completo a un único lugar: las piscinas municipales. Allí no solo se combate el calor. También se charla, se hace deporte, se leen libros y, sobre todo, se mantiene el pulso social del verano.
Antes de que el recinto abra al público, un murmullo resuena por las inmediaciones. Al fondo de la piscina, en un rincón sobre dos nogales, tres vecinas recogen las esterillas tras la clase de pilates. Son Marimar Echarri, Asunción Urrutia y Begoña Guevara, que cada lunes practican mantenimiento físico y los miércoles pilates de diez a once de la mañana, aprovechando el silencio previo a la llegada de los bañistas. “Esto nos viene de maravilla, si no, con este calor, no saldríamos de casa”, comentan entre risas mientras guardan el material.


Para ellas, como para muchas otras personas del pueblo, el verano se organiza sin mirar el calendario ni el reloj: el paseo a primera hora, el baño de media mañana, el vermú “que no se perdona”, la siesta obligada y, cuando el sol afloja, otra vez a la calle. A lo largo de la semana se encadenan distintas citas y planes que dan forma a la vida social. El pintxopote se divide entre los jueves, en la piscina, y el de los viernes, en los bares del casco urbano. También tiene “mucho éxito” el bingo de los miércoles y domingos en el club de jubilados o la cena de la Asociación de Mujeres, que cada agosto reúne a decenas de vecinas. El sábado 1 de agosto reunió a una cincuentena de mujeres en una “estupenda” cena, con posterior baile. “Aquí siempre hay algo; Miranda de Arga tiene mucha vida”, repiten una y otra vez María Jesús Ábrego y María José Provedo, vecinas del municipio.
Te puede interesar


"MUCHO MÁS QUE UNA PISCINA"
El centro de todo ese movimiento es la piscina. A su alrededor se extiende un pequeño ecosistema veraniego: el frontón, donde los niños alternan frontenis y fútbol sala; las zonas de césped, ocupadas por familias enteras; y el campo de fútbol de hierba natural del Castillo FC, que durante la última semana de julio se prepara para acoger el torneo de 3x3 de la Fundación Osasuna y un campamento de verano.
Detrás de la barra del bar, Osvaldo Zapata observa cada verano el mismo fenómeno, aunque nunca deja de sorprenderle. Lleva 26 años vinculado a Miranda de Arga y desde hace dos gestiona también el bar de la piscina. “A partir de mediados de julio esto cambia por completo”, explica. Regresan quienes viven fuera, llegan familias desde Francia y se reencuentran varias generaciones alrededor de las mesas. “Vienen los abuelos con los nietos, los padres con los hijos… es un no parar”, resume. El bar, que comparte carta con el cercano Carranza, se convierte en un punto de encuentro desde primera hora hasta la noche.
LA BIBLIOTECA, CON MANGÜITOS
Pero, si hay una imagen que define el verano, no está en la barra ni en el agua, sino unos metros más allá, entre estanterías llenas de libros. Cada mañana, de lunes a viernes, la biblioteca municipal baja hasta la piscina. Al frente está José Miguel Rolán Gil, “Mikel” para todo el pueblo, que abre primero el edificio en la parte alta del municipio y después traslada el servicio hasta la piscina. Durante dos horas, entre las once y la una, los libros y periódicos se prestan junto a las tumbonas.
El calor es la razón. Subir hasta la biblioteca en pleno verano disuade a muchos usuarios, pero en la piscina la actividad se multiplica. “Aquí prestamos en un día lo que arriba puede ser una semana entera”, explica Mikel, que incluso ha reducido el horario exterior por las altas temperaturas. Los préstamos se anotan a mano y luego se registran en el sistema informático. El resultado es una escena tan cotidiana como insólita: lectores en bañador hojeando novelas, niños que alternan el agua con cuentos y vecinos que descubren la lectura entre chapuzón y chapuzón. “Esto es una maravilla”, resume Mari Carmen del Río. Sin duda, un pensamiento muy generalizado.


La visita a Miranda de Arga regaló una de las estampas más tiernas de la mañana. Rosi Apellániz, de 89 años, es la usuaria más veterana de la biblioteca estival. Con su gorro multicolor y un elegante bañador verde botella, relee la prensa a la sombra de los nogales, junto a la estantería y la terraza del bar. Al mismo tiempo, en la silla de alado, se encuentra Oihan Zabalegi, de apenas un año, que ya se acerca con su madre a curiosear los libros infantiles. Entre ambos se extiende un verano compartido. También lo vive a su manera Julen Moya Bueno, de diez años, que encadena baños, partidas de mus, pachangas de frontenis y paseos en bicicleta al caer la tarde. Su rutina resume la de muchas cuadrillas de todas las edades que esperan todo el año para reencontrarse y “recuperar un verano sin relojes”.
En Miranda de Arga el calor aprieta como nunca este verano, pero no detiene la vida. Al contrario: la concentra en torno a la piscina, la estira bajo la sombra de los árboles y la acompaña con libros que viajan cada día hasta los lectores. Porque aquí, cuando el termómetro sube, la respuesta no es quedarse en casa, sino salir a encontrarse.