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Reina de la Faba

Nueve siglos de historia arropan a la corona de la faba en Puente la Reina

La niña Martina Elizalde Gárriz, de 11 años, fue coronada en un ceremonial que emula al que hacía la corte de Teobaldo I en el siglo XIII

Actualizado el 22/01/2023 a las 09:21
Martina Elizalde Gárriz, a sus 11 años, era capaz de mantener una cierta calma en la vorágine de los preparativos de la comitiva en la casa del vínculo de Puente la Reina, que después le iba a acompañar como monarca de la faba de este año hasta la iglesia de Santiago. “Estoy nerviosa pero me puedo controlar”, aseguraba, mientras a su alrededor niños y adultos se afanaban en caracterizarse como sus personajes y se repasaba el orden del desfile. “¿Si fuera reina por un día? No sé, supongo que daría dinero entre los pobres y llevaría a mi familia al castillo”.
Y a las seis menos cuarto de la tarde de este sábado, comenzaba el recorrido por la calle Mayor para poner en escena lo que instauró el rey Teobaldo I en el siglo XIII. “A los niños pobres se les invitaba a una merienda y al finalizar se escondía un haba (faba) en un rosco. Al que le salía, era coronado rey por un día con el mismo boato que en las entronizaciones reales”, comentaba Fernando Hualde Gallego, que suma 15 años como maestro de ceremonias de una cita con el pasado histórico que, desde 1920 recuperó la peña Muthiko Alaiak y que a partir de 1964 se convirtió en itinerante.
Y este año se quiso que Puente la Reina fuera la anfitriona porque el pasado 2022 celebró el 900 aniversario de la concesión de su fuero por Alfonso I el Batallador. Para entonces ya existía su puente románico de donde salió la comitiva a las seis menos cuarto de la tarde camino de la iglesia de Santiago, que fue construida en el mismo siglo de la concesión del Fuero. Una coincidencia que permitió entender mejor cómo podía ser una ceremonia de entronización en un marco religioso, generalmente en la catedral de Pamplona.
CERCA DE CIEN PERSONAS
Una comitiva integrada por cerca de cien personas entre figurantes de la Muthiko, de la localidad anfitriona y de Artajona. Nobles, infanzones, el clero, antorcheros, grupo de dantzas de Muthiko, pregonero, bufones, timbaleros o músicos entre otros integraban este acompaña miento que contó también con la presencia del primer Príncipe de Viana, Carlos IV, y su madre, la reina Doña Blanca. “En Navarra, a diferencia de otras monarquías, se respetaba a las mujeres su derecho a acceder al trono. Por eso, desde 2004, en Muthiko Alaiak también incorporamos a las niñas en esta tradición”, explicó el maestro de ceremonias.
El bombero Javier Sanz Ureta, de 50 años y de Puente la Reina, encarnó el papel de Carlos IV. “Estoy orgulloso de ser príncipe por un día”, decía bromeando para a continuación revelar que se le buscó para este papel el día que, con motivo de un acto de celebración del 900 aniversario del fuero de Puente la Reina, abrió la antigua bodega de su casa. Al lado, la profesora jubilada de 67 años, Epi Aracama Azcona decía riendo que por fin le habían ascendido a reina tras las otras dos ocasiones que su localidad acogió este ceremonial y ella estuvo en la trastienda de los preparativos. ”Hay que destacar la labor de las gentes de Muthiko Alaiak, el gran trabajo que realizan”.
Un cuarto de hora le costó a la comitiva llegar desde el puente hasta la iglesia en un desfile encajonada entre edificios palaciegos. Y una vez dentro del inmueble religioso, continuó la ambientación no ya sólo por los muros y bóvedas centenarias, también por los grupos musicales y el repertorio elegido por Ensamble de Chirimías de Miguel Arrozpide, Danserve y la coral Emilio Arrieta, de Puente la Reina.
Llegó Martina a la iglesia vestida con un sencillo calzón y camisa verde, eso sí, en medio del pasillo de honor hecho por los dantzaris de Muthiko y arropada por las numerosas personas que abarrotaron la parroquia. “Sentid los que estáis aquí que vais a vivir la misma ceremonia que se hacía en una entronización”, dijo a los presentes Fernando Hualde. Un boato que incluyó el juramento de la reina de la faba, en castellano y euskera, de su compromiso en la salvaguardia del reino. Para entonces, su atuendo había cambiado a una túnica blanca.
Y cuando llegó el momento de recibir la corona, el cetro y la espada, Martina estaba con una capa roja de gala y un traje que llevaba en el centro el escudo de Navarra. Aupada sobre escudo de armas del reino por infanzones y nobles, fue coronada al grito de “real, real, real”. De pronto, se fue la luz. Pero las pantallas de los móviles de los asistentes rescataron a la pequeña de las sombras convertida ya en reina.
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