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Pamplona

Colas a por los roscos bendecidos en el mercadillo de San Blas de Pamplona

“¿Pero están bendecidos?”, era ayer la pregunta más repetida en el mercadillo de San Blas en Sarasate. Este año no hubo la tradicional procesión, pero a las 9 horas el párroco de San Nicolás bendijo uno a uno los 21 puestos y sus mercancías

Ampliar El mercadillo de San Blas arranca en Sarasate sin aglomeraciones
El mercadillo de San Blas arranca en Sarasate sin aglomeraciones
Actualizado el 04/02/2021 a las 08:01
En estos tiempos de restricciones, ya no importa hacer cola si de lo que se trata es de cumplir la tradición y aprovisionarse de pastas y dulces. Pero había una preocupación entre los devotos de San Blas. “¿Pero están bendecidos”?, era la pregunta recurrente ayer ante los puestos del mercadillo del paseo Sarasate de Pamplona. La respuesta de los tenderos era firme y clara: todos los productos están debidamente bendecidos, con total garantía.

San Blas es una de las pocas celebraciones que ha podido resistir el embate de la pandemia, pero con condiciones. La plaza de San Nicolás y la calle San Miguel no han acogido este año los puestos. Cambia la ubicación y cambian las normas, pero no la tradición. Este año, la figura del santo armenio no salió en procesión y esto generaba cierta inquietud entre los clientes: los roscos, tortas y caramelos ¿tienen ese toque espiritual que les hace ser especiales y que les da esa fuerza frente a los males de garganta?

A las nueve de la mañana, el párroco de San Nicolás, César Magaña, acudió con el relicario del siglo XVIII, el hisopo y asperjó uno por uno los 21 puestos del mercadillo en el paseo Sarasate. Toda la dulce mercancía quedó así dotada de ese valor añadido.

Eso sí, los que trajeron alimentos de fuera tuvieron que armarse de paciencia para lograr la bendición. Hasta 40 minutos tuvieron que esperar algunos feligreses por la mañana para acceder a la iglesia de San Nicolás, que celebró misas a las 10.00, 11.00, 12.00 y 13.00 horas. Para evitar aglomeraciones, un sacerdote salía periódicamente con el aguabenditera. Por la tarde no hubo tanto problema. Entre las 16.30 y las 20.00 horas se podía entrar al templo en tandas de media hora para el rito de bendición.

Los mismos precios

A pesar de la lluvia matutina, también hubo colas hasta prácticamente el Parlamento para acceder al recinto vallado del mercadillo. Voluntarios de Protección Civil controlaron los accesos y salidas y que se cumpliera el foro de 165 personas. Los puestos estaban en hilera con tres metros de separación entre ellos. Las mercancías, colocadas detrás sobre palés, y los expositores protegidos.

Los precios han seguido como en años anteriores: bolsas de rosquillas a 3-4 euros, roscos grandes a 6 euros y tortas de txantxigorri a 3, 4,5 o 6 euros, según el tamaño. Las figuras de caramelo a 2 euros y los martillos a 2,5. Como novedad, la mayoría de puestos admitían pagos con tarjeta por ser más higiénico.

Dulces Garrarte ha traído este año un 30% menos de cantidad de producto. “No nos hemos atrevido porque si sobra luego ya no tiene salida”, explicó la familia Piltra de Tafalla. Angelines Catalán, acompañada de dos sobrinos, repetía a los clientes “gracias por venir”. “Me emociona ver año tras año a las mismas personas”, explicaba. También Pastas Urrutia, de Ujué, ha traído menos kilos de roscos. “Otros años la gente se está un buen rato antes de decidirse a comprar. Ahora van más directos”, comentaba José Manuel Urrutia.

María Jesús Caso, de dulces artesanos Virgen de Ujué, se mostraba agradecida de que se haya podido mantener la tradición. “Vengo desde hace 40 años -decía-. Las garrapiñadas y caramelos las hacemos nosotros. Los roscos los cogemos de Vidaurre, de Olite, que llevan toda la vida con la repostería artesanal”.

Ignacia Pavón, también lleva “toda la vida” viniendo a comprar al mercadillo. “Para mis seis hijos y doce nietos. Ahora voy a San Nicolás para que los bendigan. Me han dicho que ya están bendecidos pero prefiero hacer como otros años”, comentaba.

Haciendo cola para acceder al templo se encontraba Juan Zabalza y su mujer. “Nací en el Casco Viejo. Mi abuela venía, mi madre venía y yo también. Es importante que esté bendecido. Nosotros, gracias a Dios, estamos bien de salud, no hemos cogido nada. Toda la familia ha estado a salvo de covid”, explicaba.

Iván Sánchez, de 30 años, con su bolsa de txantxigorris, también se mostraba dispuesto a mantener la tradición. “Mis abuelos Carmen y Antonio tenían un puesto. Esto me trae muchos recuerdos. A mí me gusta venir todos los años”, comentaba. Eso sí, admitía que “los txantxigorris de antes eran mejores, todo era mucho más artesanal”.
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