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CORONAVIRUS

Pamplona, a la espera de poder rediseñar bodas en la Ciudadela

Las bodas civiles en el Ayuntamiento se han aplazado o cancelado, incluidas las de junio

En la imagen, el acceso a la sala de la Ciudadela donde se ofician las bodas civiles.
En la imagen, el acceso a la sala de la Ciudadela donde se ofician las bodas civiles.
Actualizada 24/05/2020 a las 06:00

“Sí quiero, pero mejor el año que viene”, decía el titular de un periódico, a propósito de las bodas y el coronavirus. La mayoría de las parejas que tenían previsto casarse esta primavera-verano han decidido anular el enlace o bien posponerlo al año que viene. El escenario es similar en los enlaces civiles del Ayuntamiento de Pamplona, que se celebran en la sala Lidia Biurrun, de la Ciudadela. El espacio fortificado se ha abierto ya al público y, una vez que Navarra pasa este lunes a la fase 2, es muy probable que estén autorizados los enlaces allí. Falta saber, y es algo imprescindible, los condicionantes que establecerá el ministerio para regular las ceremonias y la manera que tendrá el Ayuntamiento de Pamplona de encajarlos y adaptarlos al marco existente.

Marta Urbiola es responsable de Protocolo del consistorio pamplonés. Explicaba esta semana que la incertidumbre es todavía notable en torno a estas celebraciones, en espera de las directrices que indique el Gobierno y que, en todo caso, deberán de publicarse posteriormente en el BOE para ser oficiales y poder aplicarse.

Hasta entonces, los técnicos y los responsables políticos barajan posibles escenarios y se preparan para los acontecimientos. Urbiola avanza que todas las bodas previstas para el mes de junio, el segundo del año con más demanda detrás de septiembre, ya se han aplazado o incluso cancelado, además evidentemente de las que había entre el 14 de marzo y el 30 de mayo, sábado. En cualquier caso, Marta Urbiola indica que algunas parejas han mostrado su intención de casarse, a pesar de las restricciones. “Con todas ellas nos pondremos en contacto en cuanto sepamos cuáles serán las medidas a tener en cuenta”, precisa Urbiola, que estos días están en contacto con las distintas áreas que, de algún u otro modo, toman parte en el proceso de organización, desde la Asesoría Jurídica, hasta Riesgos Laborales o la propia Policía Municipal, a la que, en su día, le corresponderá velar porque se cumplan los requisitos marcados.

Marta Urbiola recuerda que la sala de la Ciudadela tiene una capacidad para 60 personas sentadas y otras 50 de pie. Pero se antoja complicado contar con estas cifras para mantener la distancia de dos metros. En ese caso, tendrán que rediseñar el aforo y calcular el máximo de personas, así como la disposición de los asientos, incluso la de los propios novios y los padrinos.

Deberán precisar también el uso de las mascarillas, en principio es obligatorio en espacios cerrados, pero sería algo extraño unos novios con mascarilla y sin abrazos y besos a los invitados. Difícil saber qué ocurrirá en verano, si concluye la desescalada. En julio, en el Ayuntamiento de Pamplona solo es hábil para bodas la última semana porque el resto la Ciudadela está cerrada, por Sanfermines y antes por los preparativos para los fuegos. Con las fiestas suspendidas, el panorama podría cambiar.

Otro tema es el del banquete, con distancias, sin bailes a buen seguro y con una media de 150 invitados por enlace que sería necesario recolocar.

25 años de enlaces municipales


El 8 de abril de 1995, hace 25 años, el zaguán de la Casa Consistorial de Pamplona acogió la primera boda civil de la ciudad. Desde entonces se han celebrado cerca de 4.200, a partir de 2003 en la sala Felipe II de la Ciudadela rebautizada en 2018 con el nombre de la edil pamplonesa Lidia Biurrun.

El entonces alcalde, el regionalista Alfredo Jaime, fue el oficiante de aquel enlace y para el anecdotario local quedó su comentario nada más concluir la ceremonia: “Supongo que vale, porque lo dice la Ley, pero no estoy seguro”. Aquella boda, que congregó a más periodistas que familia, refrendó el acuerdo que solo un mes antes, el 10 de marzo, había tomado el pleno del Ayuntamiento. Tras un debate de dos horas, regionalistas y socialistas pactaron una tasa de 10.000 pesetas (60 euros actuales) para las bodas, “ni las 15.850 que propuso inicialmente UPN, ni las 7.960 que sugirió el PSOE, ni la gratuidad que pretendieron HB, EA e IU. En todo caso, la primera boda fue gratis, una especie de obsequio de la ciudad. La tasa actual es de 100 euros y durante un tiempo se situó en 85. En aquella sesión establecieron que las bodas se celebrarían los sábados. Ahora es posible igualmente casarse un viernes. Además, a partir de 2103 hubo otra modificación porque desde aquella fecha es posible sellar uniones los sábados por la tarde, así como en el mes de agosto.

También el lugar elegido suscitó diferencias entre los grupos. Para IU el zaguán era “el peor sitio” y HB lo consideraba “el pasillo”. “Nosotros no acostumbramos a recibir a las personas en el pasillo de casa”, sostenía Mariné Pueyo.

Pues bien, en mayo de 2003 las bodas civiles cambiaron de escenario y pasaron a celebrarse en la sala Felipe II de la Ciudadela, con 60 asientos, espacio para otras 50 personas de pie y decoración nupcial. En septiembre de 2018 el escenario fue rebautizado con el nombre de Lidia Biurrun, ex concejala fallecida del consistorio pamplones. Fue una decisión del ex alcalde Joseba Asiron, quien arguyó que la edil “contribuyó a dignificar la celebración de las bodas civiles e incorporó el ritual de hacerlo con el traje de gala del consistorio y el compromiso para celebrar en euskera las bodas de las familias que así lo solicitaban”. Además, recordaba que se convirtió en la concejala preferida para presidir las bodas y durante años fue quien, en mayor número las ofició mientras estuvo en el cargo.

En 2019 se celebraron 206 enlaces, un ligero descenso con respecto a las 255 de un lustro atrás, en 2015. Fue este el periodo con mayor número de casamientos municipales en la censo que conserva el Ayuntamiento de Pamplona. Si bien la media ronda los 200 al año.

Mayores de 30 años, solteros y navarros ha sido en estos años el perfil medio de los contrayentes. Pero 25 años han dado a abundantes situaciones curiosas, como la de los novios que se casaron dos veces, o la de aquellos que se arrepintieron a última hora y dejaron plantados al oficiante y a los empleados municipales.

El Covid-19 llevó ya en marzo al consistorio a limitar la asistencia a los enlaces municipales. Se acotó en un máximo de 20 personas. La sala dispone de 60 asientos y espacio para otras 50 personas de pie. Los últimos enlaces se celebraron con este aforo, hasta que la situación se agravó y el espacio se cerró.

Maite Esporrín: “Me gusta compartir ese momento con las parejas”

 

Maite Esporrín celebró cuatro bodas el 7 de marzo, una de tras de otra. Una semana después se activó el estado de alarma. “Todas son diferentes y es muy bonito compartir ese momento con los novios”, opina la edil socialista del Ayuntamiento de Pamplona, la corporativa que más enlaces presidió en 2019. Fueron 31 en total y en más de la mitad acudió vestida con el traje de gala, porque así lo había consensuado antes con los contrayentes. En la anterior legislatura fue Iñaki Cabasés, de Geroa Bai quien más bodas ofició. Su mandato concluyó en junio de 2019 y en el primer semestre de ese año celebró 19. “A mí me gusta mucho y a él también le gustaba. Además, estaba muchos fines de semana en Pamplona”, apunta Maite Esporrín que la disponibilidad también es un factor determinante.

En principio los novios pueden elegir al concejal que quieren que les case. “A veces dicen el partido y luego en el grupo se decide, en función de la disponibilidad. Otras veces eligen a la persona y si ese día está en la ciudad, acude. Depende”, explica.

Por grupos políticos, según datos del Ayuntamiento de Pamplona, el PSN ofició 54 ceremonias, frente a las 20 de un año antes; Navarra Suma, 53 uniones; EH Bildu, 50 y Geroa Bai, 42. Llama la atención que en 2018 Geroa Bai había oficiadno 78 uniones, de ellas, 72, Iñaki Cabasés. Izquierda-Ezkerra celebró cinco bodas y Aranzadi dos.

Maite Esporrín reconoce que, no pocas veces, la emoción de los novios, le contagia. “O las palabras que dice la familia, la madre, el padre o sobre todo si habla la novia o el novio. Eso me parece algo muy difícil y hay gente que lo hace”, afirma y sostiene que hay enlaces que se cién solo al trámite, bodas sencillas, solo con lo legalmente establecido. Sin aderezos.

“Si veo que no hay nada les pregunto si quieren que lea alguna poesía..., y si hay muchos invitados, música... les propongo ir vestida con el traje de gala municipal”, apunta. “Creo que las bodas tienen que ser como los novios quieran y considero también que se tienen que quedar con un buen recuerdo del Ayuntamiento”. Entre tantos enlaces no le faltan anécdotas. “Por ejemplo alguna pequeña discursión entre los novios justo antes de empezar, pero suelen ser asuntos menores”, quita hierro la edil.


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