Día del Seminario

Jóvenes camino del Seminario: "Llevaba una vida rápida y empaquetada, ahora soy feliz"

Dos pamploneses cursan la etapa previa a su incorporación al seminario San Miguel en septiembre. Se encontrarán allí con una veintena de jóvenes aspirantes al sacerdocio, vidas contracorriente que tomarán un testigo del que la Iglesia adolece

Alejandro Lecumberri, izquierda, y Nicolás Iribas, este miércoles en el jardín del seminario de Alcalá de Henares, con una imagen de San José, detrás
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Alejandro Lecumberri, izquierda, y Nicolás Iribas, este miércoles en el jardín del seminario de Alcalá de Henares, con una imagen de San José, detrásDDN
Alejandro Lecumberri, izquierda, y Nicolás Iribas, este miércoles en el jardín del seminario de Alcalá de Henares, con una imagen de San José, detrás

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Pilar Fernández Larrea

Publicado el 19/03/2026 a las 05:00

"En nuestra Iglesia de Navarra los sacerdotes se van haciendo mayores. Algunos están enfermos; otros, apurando hasta el final, dando auténtico testimonio de entrega y compromiso pastoral. Necesitamos relevos, jóvenes que tomen el testigo”. Ha sido contundente el arzobispo de Pamplona Florencio Roselló en sus palabras con motivo de este 19 de marzo, San José, Día del Seminario que la diócesis celebra el domingo 22, jornada en la que los seminaristas darán testimonio en las parroquias navarras en las que colaboran. No llegarán a todas. Hay 735 y apenas una veintena de aspirantes al sacerdocio entre el seminario conciliar San Miguel, y el Misionero Redemptoris Mater, con el que comparten el imponente edificio de Eusa. 

Este curso hay dos pamploneses en el curso propedéutico, una especie de transición, de meses de discernimiento para afianzarse o no en la decisión de ser sacerdote. Están en ese tiempo en Alcalá de Henares, en Madrid, con otra veintena de compañeros y en septiembre ingresarán en el seminario de Pamplona. Alejandro Lecumberri Iriarte y Nicolás Iribas Jimeno, pamploneses de 24 años ambos,  son jóvenes de una trayectoria corriente como tantas, con “sus montañas y sus valles”. Graduado en Filosofía, Economía y Política el primero, en Composición musical el segundo. “Decir a un joven toma el testigo no es cargarlo con un peso insoportable ni con una responsabilidad inasumible, es invitarlo a una aventura apasionante”, reflexiona el arzobispo.

Alejandro Lecumberri Iriarte: "Llevaba una vida rápida y empaquetada, ahora soy feliz"

Graduado en Flosofía, Economía y Política, trabajaba en una startup tecnológica y decidió dar otro rumbo a su vida. Dejó su empleo para atender a Dios y agradece el apoyo de sus padres que “hubieran preferido algo distinto” para él

Alejandro Lecumberri Iriarte, pamplonés de 24 años, “no imaginaba para nada” que un día atendería la llamada de un periódico para contar su testimonio desde el seminario. Su vida transcurrió en la senda cotidiana de otras tantas entre los jóvenes de su edad, en una familia de tantas, sin demasiado apego a la Iglesia, más allá de estar bautizados o haber comulgado. Trabajaba en una startup, “una vida rápida y empaquetada”, describe. Cambió de rumbo, está “feliz”, en el curso que la Iglesia denomina propedéutico, meses de formación y discernimiento para acceder al seminario conciliar San Miguel de Pamplona. O para volver por sus pasos. “Se trata de ver si conviene continuar y reiterar esa llamada percibida, ratificarlo por uno mismo y por la Iglesia”, reflexiona Alejandro Lecumberri.

Ingresó a finales de septiembre y “estos meses han venido a confirmar que ha sido la decisión correcta”. “Me ha dado mucha vida en términos de conocer al Señor y a la Iglesia, que es madre, cuida y quiere el bien. Ha habido momentos duros, pero estoy feliz y la relación con los 20 hermanos es excepcional”, comparte.

Alejandro Lecumberri, Alex entre la familia y los amigos, y también en el seminario, estudió desde Infantil hasta Bachillerato en el colegio Carmelitas Vedruna de Pamplona y explica que “desde pequeño” tuvo “cierta sensibilidad espiritual, aunque en casa no había un ambiente especialmente religioso, más allá de algo con lo que se ha vivido”. “No se vivía la fe de manera intensa, pero por algún motivo yo sí la tuve”, recuerda que en la adolescencia, aunque nunca fue rebelde, se alejó de la Iglesia y en catequesis de Confirmación quiso dejarlo. En casa le animaron a seguir, cambió de grupo de catequesis en la parroquia de San Miguel, y entró en uno “más dinámico”. En cuarto curso de Secundaria hizo una peregrinación al Camino de Santiago con la parroquia de Ermitagaña, “que fue un antes y un después”. “Ahí encontré mi fe y ya no me he separado nunca, es una relación que ha ido creciendo, con sus montes y sus valles, pero ascendente”, asegura. Estudió primero de Bachillerato en Estados Unidos con una beca y allí coincidió, “algo poco frecuente”, con una chica católica y comenzó a ir con ella a misa. “Era constante en la oración, me propuse leer el evangelio y afiancé mi relación, también desde esa independencia y cierta soledad en la distancia”, repara en esos “acontecimientos” que han ido reforzando su fe.

CINCO EN EL SEMINARIO

Completó el grado de Filosofía, Política y Economía en la Universidad de Navarra, donde continuó “en un entorno religioso”, y donde hizo “grandes amigos”. Otros cuatro estudiantes de su promoción han emprendido también el camino del sacerdocio, en Getafe, Mallorca, Málaga e Irlanda. “Pero durante la carrera nunca hubiera pensado que sería sacerdote”, apostilla.

Durante los últimos tres años del grado y dos años después de acabar trabajó en el departamento de ventas de DENODL, una startup tecnológica, de ingeniería, para aplicación en agricultura, entre otros campos. Tenía base en Pamplona, pero por su labor de comercial tuvo que viajar mucho. “Fueron años frenéticos, una vorágine de estudio, trabajo y la natación que seguía practicando con duras sesiones de entrenamiento”.

Entretanto, su fe seguía intacta “y sobre todo durante los dos o tres últimos años iba surgiendo de manera oculta la pregunta constante al Señor. ¿Qué quieres para mí?”. Subraya que en todo este itinerario ha sido “crucial” para él su entonces director espiritual el capuchino de San Antonio en Pamplona, Antxon Amunarriz. “Desde el principio conectamos, todavía sin hablar del sacerdocio, pero estaba la pregunta”, sostiene.

Alejandro Lecumberri tuvo novia durante más de cuatro años, una relación “muy estrecha y exteriorizada que acabó en marzo del año pasado”. Poco a poco fue “entendiendo” y resultó un punto de inflexión que le permitió asumir el control de su vida, tomó la decisión de dejar el trabajo, “un momento duro y al mismo tiempo de gracia, providencial incluso”. “Empiezo a sentir ilusión y una alegría muy fuerte al pensar en entregar mi vida a Jesús”, reconoce.

“Hablaba todas las semanas con mi director espiritual y fue un discernimiento relativamente rápido. Él me puso en contacto con el seminario de Pamplona, yo necesitaba una respuesta rápida, tal vez por mi carácter, no sé cómo decirlo, un poco echado para adelante. Mi familia me animaba a esperar, pero yo lo veía muy claro. Independientemente de si voy a ser o no sacerdote, aquí recibimos una formación”, indica.

Alejandro Lecumberri es hijo único. Para sus padres su decisión supuso “un shock bastante grande”. “Estoy muy, muy, muy agradecido porque a pesar de ello me han respetado y apoyado y para todos es un esfuerzo grande de adaptación”, apunta. “Posiblemente mis padres hubieran preferido algo distinto para mí”, concluye su testimonio.

Nicolás Iribas Jimeno: "Esto no es una emoción del momento"

Estudió grado medio de Trompa en el conservatorio Pablo Sarasate y Composición en el Conservatorio Superior de Navarra. Fue profesor en el primero y lo dejó el pasado junio para seguir la “voluntad de Dios”

Los dos son de Pamplona y ambos tienen 24 años, pero la de Nicolás Iribas Jimeno es una trayectoria personal y espiritual diferente a la de su compañero Alejandro. Es el tercero de cuatro hermanos. Los dos mayores están casados y tienen hijos. Y la única chica es la pequeña de la casa. Estudió hasta Bachillerato en el colegio Irabia, tiempo que compaginó con los seis años del grado medio en Trompa en el conservatorio profesional Pablo Sarasate. Accedió luego al Conservatorio Superior de Navarra, donde se graduó el Composición. Ha ejercido durante dos cursos como profesor de Análisis y de Armonía en Pablo Sarasate, y continuó con sus estudios de Órgano. Lo dejó antes de acabar quinto. Sus planes eran para entonces otros.

Aunque subraya Nicolás Iribas que la vocación “no es que sea una cosa del momento, una emoción súper grande que te lleva al seminario, es más bien la historia de algo que viene contigo, que tiene momentos puntuales, como de mayor intensidad, que te va mostrando algo, pero que sobre todo se muestra a lo largo de toda la vida, que el Señor va queriendo algo de ti y algo contigo”. “No es que pasara justo antes de entrar, sino que viene de muchos años antes, aunque toma fuerza”, incide.

Se ha criado en un ambiente cristiano. “En mi familia se vivía una fe muy profunda y se vive, desde que era pequeñito, eso siempre ayuda, Dios estaba siempre muy presente en la familia y la pregunta por la vocación, ya fuera por la sacerdotal o la matrimonial o por la que Dios quiera, siempre estaba ahí”.

Nicolás Iribas considera que su decisión de tomar el camino del sacerdocio “no sorprendió a nadie y fue una alegría inmensa para todos”. “Sobre todo para mis padres. No me atrevería a decir que se lo esperaban, pero...”. Respecto a la idea de ingresar en el seminario, con el preceptivo curso propedéutico, indica que “tenía la intuición desde hacía tiempo de que Dios lo podía estar queriendo, pero quería que realmente fuera su voluntad y que lo hiciera saber a través de su Iglesia, que aquí nada va por libre, y ese momento fue el curso pasado. En junio, la última semana de curso, comunicó en el conservatorio que lo dejaba. A finales de septiembre llegó a Madrid. Comparte seminario con quince jóvenes de Madrid, tres de Alcalá y los dos de Pamplona.

Todavía quedan años por delante. “Previsiblemente serviré donde el obispo quiera, en alguna parroquia..., pero ahora mismo no nos imaginamos cómo será ese momento ni hacemos ningún plan, simplemente estamos viviendo este año, “como si el Señor confirmara que no es un momento puntual, sino que nos está haciendo ver su paso por nuestra vida”.

Es consciente Iribas de la relevancia de la música en la liturgia, pero considera que ser músico “no tiene ningún merecimiento porque es don de Dios”. “Pero si puedo aportar en la iglesia... Tanto aquí como en Pamplona un día por semana hay clase de lenguaje musical, de solfeo. Acompaño un día por semana en misa y otro día doy una clase de acompañamiento de órgano a tres compañeros, pero nada más. Más allá de eso, no practico, pero sí me gusta escuchar, sobre todo sinfonías románticas o postrománticas: Beethoven, Malher..., ese estilo”, concede. “A mí la música me ha servido para acercarme a Dios, supongo que a más gente lo podrá servir”, reflexiona.

Este 19 de marzo no tendrán clase, harán alguna excursión y por la tarde irán a casa de familiares. El viernes, el cardenal y arzobispo de de Madrid, José Cobo, comerá con ellos y el domingo darán testimonio en la parroquia en la que colaboran en su labor pastoral, en su caso en la de San Fulgencio, en Madrid.

SEMINARISTAS

​Seminario conciliar de San Miguel

Curso propedéutico: Nicolás Iribas y Alejandro Lecumberri, ambos de Pamplona.
Primer curso. Carlos Repáraz, de Mutilva, y Álvaro García, de Barañáin. Desempeñan su labor en la Residencia Sacerdotal del Buen Pastor, en Pastoral Penitenciaria, en la residencia de las Hermanitas de los Pobres y en el Hospital San Juan de Dios.
Tercer curso. Andrés Muerza, de Pamplona. Labor pastoral en las parroquias de Peralta y Funes.
Cuarto curso. Xavier Martí, de Pamplona, Olite y parroquias cercanas, y Diego De la Chica, de Madrid, en Arróniz y T. Estella.
Sexto curso. Miguel Arrieta, de Pamplona y en la Unidad Pastoral de Leitza-Lekunberri, y Andoni Gastaminza, de Uharte Arakil, en Baztan.
Ya ordenados diáconos. David Gutiérrez, de Tafalla y con destino pastoral en Burlada; Ion Díaz, de Villava, en la zona de Roncesvalles; y Manuel Torralba, de Tafalla, Viana y el entorno.

Seminario Misionero Redemptoris Mater
Primer curso. Chieu Pham, de Vietnam, e Ignatius September, de Sudáfrica.
Segundo curso. Rodrigo Camacho y Jorge Naranjo, ambos de Estados Unidos, y Moisés Davis, de Nicaragua.
Cuarto curso. Juan Manuel López, de Colombia, y Francisco Reyes, de México.
Quinto curso. Salvador Jiménez, de Soria
Participan “en la vida y misión de su propia comunidad neocatecumenal en diferentes parroquias de Pamplona: San Fermín, San Jorge, Santa Teresa y San Nicolás. La experiencia pastoral del Seminario Redemptoris Mater se desarrolla en dos o tres años dedicados a la formación misionera, diferenciados del periodo de estudio. En esta etapa está Pablo Altemir, de Huesca.

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