Transporte urbano comarcal
Viajeros cautivos de una huelga de villavesas que cumple siete meses
El comité de TCC, por su parte, reclama a la plantilla mayor implicación: "Hacer huelga no consiste solamente en secundar los paros de dos horas y media"


Actualizado el 17/09/2025 a las 16:52
El transporte urbano comarcal continúa con los paros convocados por el comité de TCC, empresa que conduce las villavesas desde 2009 en una concesión de la Mancomunidad. Esta semana están convocados lunes, miércoles y viernes. Este miércoles 17 de septiembre, el 88% de la plantilla según la empresa (un 89% según el comité), secundó el paro de dos horas y media (de 6 a 8.30 de la mañana) con servicios mínimos del 60%. Es decir, si una línea tiene 10 autobuses, el Gobierno establece salgan 6, cifra que puede variar en función de si el chófer está o no en huelga. Esa horquilla de hora punta que llega hasta las 9.30 horas, tiene demandas de hasta 12.400 viajeros por hora y concentra aproximadamente el 20,7% de la demanda total de las 16 horas de servicio diurno. En este contexto, la empresa confirma que el registro de viajeros entre las 6 y las 9 de la mañana los días de paro es de 21.000 personas, frente a las 25.000 de una jornada ordinaria. Es decir, 4.000 usuarios optan por otros medios de desplazamiento y hay quien decide esperar más de la cuenta en un servicio que se debe iniciar a las 6.20 horas, aunque los días de paro sale con retraso debido a “piquetes informativos” .
La firma del convenio plantea las diferencias, pero ni siquiera la mediación del Tribunal Laboral hace unos días ha sido exitosa y las posiciones continúan distanciadas. Fuentes de TCC denuncian la “presión” ejercida por los sindicatos con los trabajadores que no se suman a los paros”, algo que, afirman “genera miedo” en la plantilla. Aseguran que “algunos trabajadores se han dado de baja por la presión”.
Por su parte, el comité trasladó ayer a la plantilla que “el altísimo seguimiento refleja la firme conciencia de lucha de la plantilla después de siete meses" de movilizaciones. “Pero queremos recordar que hacer huelga no consiste únicamente en secundar los paros de dos horas y media cada dos semanas... también es estar presentes en los piquetes informativos, en las concentraciones y en las acciones...”, indican y añaden que “el conflicto sigue vivo, la responsabilidad es de todos y todas, sin embargo hoy en los paros hemos estado menos de 20 personas (quitando el comité y a quienes trabajaban), en una plantilla que ronda las 600 personas”. La empresa considera que el comité “exhibe una estrategia de confrontación al margen de la propia negociación de un convenio colectivo, utilizando un servicio público esencial para la ciudadanía”.
El comité reclama una y otra vez la intervención de las instituciones (Mancomunidad y Gobierno foral) y la primera responde que no pueden entrar en las negociaciones del convenio.
VIAJEROS CAUTIVOS
La empresa concesionaria del transporte urbano afirma que más del 60% de las personas que viajan en villavesa en hora punta lo hace por “obligación”, para poder acudir a su puesto de trabajo, a estudiar o a consultas médicas y que buena parte de ellas carece de otros medios para poder desplazarse. Son los que denominan “viajeros cautivos”. No tienen otra alternativa que esperar. Basta un paseo a primera hora de la mañana por las paradas para comprobarlo. También para evidenciar que la ciudadanía no sabe bien qué sucede. La mayoría de las personas consultadas para elaborar esta información sabe que hay paros; menos controlan los días y los horarios con precisión y muy pocos, por no decir nadie, conoce el detalle de las reclamaciones de la plantilla.
Es el caso de Sandra Juárez, que aguardaba ayer con su hijo de corta edad en una parada cercana al Complejo Hospitalario de Navarra. El niño entraba al colegio, en el barrio de San Juan, a las 8.50 horas. “Hemos venido a coger la 7, aunque a veces tomamos la 19. El cartel indica que hay servicios mínimos, pero no se puede saber la hora a la que pasa. A ver si llegamos”, indicaba sobre las 8.35 de la mañana. Cerca estaba Blanca Garayalde Martiartu. Pamplonesa de la Txantrea, reside en Girona desde el confinamiento, pero viaja con regularidad a Navarra y utiliza solo de manera esporádica las villavesas. “Sé que había paros y servicios mínimos, pero no controlo los horarios”, apuntaba justo en el momento en que el autobús se acercaba a su parada.
Singular y tal vez excepcional era el caso de Andrea de Luis Lezáun. Es usuaria habitual de villavesa y algo más; nieta, hija y sobrina de “villaveseros”, de conductores del transporte urbano. Sus dos abuelos, José Luis Lezáun y Roberto de Luis, estuvieron entre los fundadores de COTUP. Empatiza con la plantilla y su postura es la de “callar y esperar” en la marquesina y también confiar en que el conflicto acabe con resultado positivo. Lo explicaba en la parada cercana a hospitales. “Por la mañana he cogido la 4 para venir a la Universidad, donde trabajo, y ahora vuelvo porque tengo una cita médica y no la quiero perder”, apuntaba.
“Más demora”
Saray Pineda esperaba la villavesa en la parada del límite entre Barañáin y Pamplona. Sabe que hay huelgas, pero no los días concretos, así que decide salir algo antes de casa para asegurar llegar puntual al colegio.
Isabel Romero estaba en la misma parada unos minutos más tarde y quería coger la 4 para ir a una consulta médica cerca de Merindades. “La tengo a las nueve y cuarto, espero llegar”, aventuraba 25 minutos antes. “Cuando hay huelga los autobuses se demoran más, hasta 30 minutos entre uno y otro”, indicaba a pie de marquesina en la avenida de Pamplona de Barañáin.