Bares

La cocina de una casa peruana

Sabores caseros, como del hogar peruano en donde comenzó todo, protagonizan la carta del bar La tía Julia, ubicado en el nº 60 de la Avenida Zaragoza 

Victor Giron Olivares, Julia Olivares y Yanet Guerra, en el bar La tía Julia ubicado en el nº 10 de la Avenida Zaragoza
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Victor Giron Olivares, Julia Olivares y Yanet Guerra, en el bar La tía Julia ubicado en el nº 60 de la Avenida Zaragoza
Victor Giron Olivares, Julia Olivares y Yanet Guerra, en el bar La tía Julia ubicado en el nº 10 de la Avenida Zaragoza

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Fátima Villalobos Quelopana

Publicado el 26/08/2025 a las 05:00

"Los platos que cocinas en tu casa, eso preparamos aquí”. Las comidas en el bar La tía Julia se sirven en mesas revestidas con tejidos andinos, se cocinan con delantales que llevan los colores de la bandera peruana y con manos provenientes de la provincia constitucional del Callao, Perú. Mientras contaba la historia que los trajo hasta Navarra, Yanet Guerra, de 45 años, hacía pausas para recoger los caldos y segundos (casi siempre acompañados de arroz blanco) que su esposo, Victor Giron Olivares, dejaba listos en la cocina. Aunque ambos dirigen hoy un espacio que puede acoger hasta 40 personas, hubo un momento en que Giron fue un niño en una casa de Ventanilla, Callao, que observaba a su madre, Julia Olivares, preparar pedidos de caldo de mote, de gallina o de sopa de menestrón desde la cocina de su hogar. Fue ella quien migró hace 25 años a Pamplona atendiendo al llamado de una hermana. Empacó todas sus recetas y, una vez instalada, comenzó cocinando para amigos, conocidos y finalmente para desconocidos que se invitaban entre ellos para probar la sazón de quien empezaba a convertirse en una celebridad: la tía Julia.

Sin abandonar ese sabor casero, Olivares pasó a ofrecer sus platos al local que hoy regenta su nuera, Yanet Guerra, en el número 60 de la Avenida Zaragoza. En la década que pasó atendiendo ahí, empezaron a llegar, desde distintos distritos del Callao, sus hermanos, hijos y nietos. Pero fue Giron quien heredó sus recetas y le dio relevo en las riendas de la cocina.

Olivares se jubiló hace 3 años, pero sigue acudiendo a diario al bar que abrió 13 años atrás con la idea de traer ese sabor familiar -aunque transatlántico y lejano- a los paladares de sus compatriotas. Pero terminó por recibir a muchos más. “Vienen de Brasil, Bolivia, Honduras, Ecuador y me dicen: Aquí he comido como me cocinaba mi mamá”. De la cocina no paran de salir ceviches, caldos y guisos cuyo aroma llega hasta peruanos residentes en San Sebastián o en Madrid. “Nos piden mucho arroz con mariscos y lomo saltado. Vienen por la comida, porque es casera”, comentaba Guerra.

En algunas de sus visitas diarias, Olivares apoya preparando tamales y papa rellena para sus comensales, que esperan sus pedidos con un mural de Machu Picchu de fondo. A veces, incluso, condimentan su espera con música en vivo de artistas peruanos, como los cantantes de cumbia Kike Farro y Annabel Torres, o el salsero Antonio Cartagena, que se han presentado alguna vez en el local.

Cada detalle -los manteles, el mural, el trato- constituyen ingredientes que transportan a los comensales, peruanos o no, a la calidez de una casita peruana, a una del Callao, a la de la tía Julia.

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