Escuela rural

La maestra que hizo escuela en Belzunce

Un texto sobre las vivencias en la escuela rural del Valle de Juslapeña ha dado a su autora, María Jesús Urriza, un premio honorífico

María Jesús Urriza Tolosa junto a la escuela de Belzunce
AmpliarAmpliar
María Jesús Urriza Tolosa junto a la escuela de Belzunce
María Jesús Urriza Tolosa junto a la escuela de Belzunce

CerrarCerrar

Cristina Aguinaga

Publicado el 03/07/2024 a las 08:10

La Zurita fue una buena maestra, mostraba en la clase un tono muy autoritario, como se llevaba entonces, pero el clima era sosegado, evitaba los castigos y no se enfadaba, era muy predecible y tenía ese arte de exigir a cada uno lo que podía sin pasarse ni quedarse corta. Además, contaba historias con emoción y le gustaba estar con nosotros, o eso es lo que yo recuerdo”. 

María Jesús Urriza Tolosa, diplomada en magisterio y con experiencia laboral “en la enseñanza formal e informal”, describe así a Mari Cruz Zubiri Errea, natural de Zuriain y fallecida en 2013. 

Fue su profesora en la escuela de Belzunce entre los años 1965 y 1970. Los primeros de su etapa escolar y los vividos en una escuela rural, unitaria. 

La de su Belzunce natal, en Juslapeña, donde nació en 1960 y en la que coincidió con hijos de familias emigrantes que llegaban a trabajar, con los de las otras siete casas del pueblo y los de Usi y Navaz.

El papel de la profesora, “La Zurita”, animó a Urriza a participar en el Primer Premio Memoria Escolar Rural, organizado por el Ayuntamiento de Fonfría, la Universidad de Salamanca, y la Cátedra de Población, Vinculación y Desarrollo de la UNED, con la colaboración de la Diputación de Zamora y la Fundación Fomento Hispania. 

Su relato le valió una de las seis menciones honoríficas. 

El premio fue para “Mi casa, mi escuela”, de Clara Cristela Rodríguez Núñez, ambientada en Cabanes (Lugo). “Me gusta recuperar la historia, sí, sobre todo la rural y hacerle un guiño a la Zurita”, cuenta el origen del relato.

Explica María Jesús Urriza que en su historia recogió “a través del día a día, pinceladas de los aspectos escolares: contenidos, horarios, rol de la maestra, metodología, relación con las familias y entre nosotros, materiales, tipos de agrupamiento, conflictos, etcétera”. 

Y allí mostró cómo encendían el fuego, los juegos en el patio que perdió al ir al instituto en Pamplona, las jaculatorias que escribía la maestra en la pizarra y que incluían en el “cuaderno de limpio”, los dictados y los ejercicios individuales de matemáticas. Pero no olvida “el marco social de entonces”. 

“Sin el marco no se entiende ninguna escuela. Y el marco era absolutamente rancio, falto de estímulos, pobre y con mucha represión a todos los niveles. Mi maestra sabía que muchos de los que tendrían que ser sus colegas estaban en las cunetas”, prefiere dejar atrás aquella época. 

Los de María Jesús Urriza en la escuela rural fueron los últimos en la de Belzunce. “Hemos pasado del pizarrín a la digital pero lo importante sigue intacto: el encuentro personal entre cada maestro y cada alumno no lo gobierna nadie y deja sitio a la maravilla. ¡Ánimo maestros!”.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora