ONCE
Un paseo a ciegas por Pamplona
La ONCE organizó este viernes una jornada de sensibilización ciudadana para los medios de comunicación. Los periodistas vivieron en primera persona los obstáculos a los que se enfrentan a diario los navarros con algún nivel de discapacidad visual


Publicado el 15/06/2024 a las 05:00
Escuché cómo una puerta de garaje se abrió a mi derecha en la calle de Aralar, pero no la vi. Sin contemplar su forma pude sentir la imponencia del hierro sobre mí. El pulso se me agitó porque en la oscuridad hay una pregunta que es inevitable: ¿Estoy segura? La incertidumbre fue la respuesta. Tenía los ojos vendados y cuatro sentidos para completar el recorrido de sensibilización organizado por la ONCE para que periodistas vivieran en primera persona lo que las personas invidentes viven día a día. Me quedé tiesa, suspendida sobre una acera desconocida y poco amigable para el bastón.
Las campanas del Colegio Calasanz y las palabras de la técnico de rehabilitación, María José Echeverría, interrumpieron mi desorientación: “Puedes continuar”. Y continué. Titubeando y llena de miedo, confié mi vida al tacto y a la captación del sonido. ”Si vas por la calle Estafeta a estas horas pones en peligro tu integridad física”, dijo Echeverría, aumentando la tensión de la experiencia.
El tiempo también se suspendió. Fui a 15 pasos por minuto porque caminar así es una tarea más que complicada. Se trata de balancear la orientación con la movilidad y el eje del bastón. De izquierda a derecha, buscando con él alguna superficie que indique la dirección correcta.
Los puntos de referencia, como las paredes, fueron el oasis en esta recta que se sintió como un laberinto. Recorrí 100 metros que parecieron un kilómetro. Caminé dos manzanas para llegar a la Plaza de Salesianos. Moví el bastón de izquierda a derecha y nada. Giré con él, casi bailando, en busca de alguna pared y sin éxito. Quedé congelada una vez más porque en esta plaza recién construida no hay ningún ‘oasis’ de cemento.
Para llegar hasta allí tuve que cruzar el mayor reto de la jornada, el paso de cebra. Pude reconocer que comenzaba este paso porque el suelo adopta una textura irregular y gruesa que lo indica. Llegué y me detuve. Sentí las ruedas de los coches cerca de mí. Y mientras olía la densidad del humo gris que soltaban las furgonetas crucé con la esperanza de llegar al otro lado.
El segundo nivel
Había niveles, como en los videojuegos, pero aquí no se podía escapar. Es imposible apagar la consola de la realidad. Las personas con discapacidad se ven obligadas a practicar el “barrerismo”. Intentan esquivar los obstáculos de una ciudad a la que le falta conciencia.
Las furgonetas que se aparcan obstaculizando las paredes o el paso de cebra por “solamente un momento” y las bolsas de basura mal colocadas alrededor de los contenedores son algunas de las amenazas para la seguridad de los 400 afiliados que tiene la organización en Pamplona. Incluso las terrazas de los restaurantes suponen un peligro cuando no están bien delimitadas.
La presidenta del Consejo Territorial de la ONCE en Navarra, María Pilar Herrero, quien también participó del trayecto, explicó que “sin seguridad no hay autonomía”.
Yo lo viví al necesitar la asistencia de la técnico de Cermin, Mónica Iñigo, para cruzar el paso de cebra de la calle Leyre. Allí es habitual encontrar furgonetas obstaculizando el paso y ayer no fue la excepción. La secretaria del Consejo, Leyre Pastor, que también participó, dijo que se trata de mejorar ”pequeñas cuestiones que para los que vemos pasan completamente desapercibidas”.
Mi vida como ‘invidente’ duró media hora , pero María Pilar lleva 40 años luchando por una ciudad más accesible para los 870 afiliados que residen en Navarra.
“Los que tienen los ojos abiertos no significa que vean”
Son aquellas cuestiones que por normativa están aprobadas y resueltas, pero en la ejecución se quiebran”. Con esas palabras el delegado de la ONCEen la Comunidad Foral de Navarra, Valentín Fortún, comenzó la jornada de sensibilización para los periodistas, invitándolos a poner a prueba la accesibilidad que tiene la ciudad para las personas visualmente discapacitadas.
La presidenta de la delegación, María Pilar Herrero, comentó que la falta de sensibilización ciudadana significa un riesgo para personas como ella, quienes tienen que esquivar obstáculos, como coches mal estacionados, para completar sus tareas cotidianas con autonomía. Por eso dijo que “todos los que tienen los ojos cerrados no significa que no vean y todos los que tienen los ojos abiertos no significa que vean”.
La conciencia ciudadana es necesaria porque de ella depende el cumplimiento de las normativas que buscan una vida autónoma y digna para las personas con discapacidad. Como recordó la técnico de rehabilitación María José Echeverría, la responsabilidad también “tiene que recaer en los ciudadanos”.
Para conseguir la autonomía en la vía pública, necesitan una pared o un elemento lateral que les sirva de referencia para la dirección de la calle y que los obstáculos que se encuentren estén alineados y bien situados. Echeverría calificó de imprescindible la iluminación sonora y la señalización de escaleras . “Hay que seguir avanzando”, aseguró Herrero esperanzada.