Aniversario
La Policía Municipal de Pamplona cumple 60 años
El sábado 13 se cumplen seis décadas del acuerdo que dio cobertura legal a la constitución del Cuerpo de Policía Municipal. Vino a unificar los efectivos de la Guardia Urbana y la Guardia Rural


Publicado el 07/01/2024 a las 05:00
Hace un siglo, cuando el desarrollo urbanístico de Pamplona sonaba a utopía sin el empuje industrial que recibió décadas después, la seguridad de la ciudad descansaba en la Guardia Urbana como en un segundo segmento de vigilancia que atendía al nombre oficial de Guardia Rural. Reunía, como escribió el historiador Juan José Martinena Ruiz en este medio, a “los temidos guardas de campo”, ocupados en evitar males y fechorías y en asegurar la convivencia allá donde el límite urbano se confundía con los barrios extramuros y desaparecía en los despoblados. “Más de un mocete de aquellos tiempos sufrió en sus posaderas los dolorosos efectos de un tiro de sal por haber entrado a coger fruta de una huerta o finca” de las que abundaban en la periferia, como describía el que fuera director del Archivo Real y General de Navarra hasta su jubilación en 2010 en una licencia de humor no exenta de evidencia. Distinguidos por su uniforme de color verde, bastón y boina, de sus filas salió el primer Jefe del Cuerpo de la Policía Municipal, conforme al acuerdo de pleno adoptado el 13 de febrero de 1964 que dio validez a la unificación y, con ella, a la institucialización del servicio. El que fuera Jefe de Policía Rural, Valeriano Navarro Miranda, pasó a ocuparse de la coordinación, con Eduardo Ibáñez, hasta entonces responsable de la Policía Urbana o Municipal en condición de “Segundo Jefe General”.


Ahí estuvo el germen de lo que hoy es la Policía Municipal de Pamplona, compuesta por 417 responsables y agentes, de ellos 344 hombres y 73 mujeres. Difícil imaginar su estructura inicial, exigua para la diversidad de especialidades que aglutina hoy día con ajuste a las exigencias y necesidades de una urbe. Tráfico y Seguridad, Seguridad Ciudadana, Investigación y Denuncias figuran en esu entramado de servicios dentro del área de Protección Ciudadana del Ayuntamiento.
La curiosidad no escapa, no obstante, a su creación, en medio de las dudas surgidas en el seno de la corporación entre partidarios y detractores de la conjunción. El pleno de ratificación, además de los nombramientos de los nuevos cargos, sometió a debate de los corporativos un informe de la comisión de Personal y Patrimonio en el que se aseguraba que no era “ni conveniente ni aconsejable” la unión de los dos brazos de seguridad. Las diferencias de criterio quedaron probadas en el empate a 7 votos emitidos. El entonces alcalde, Miguel Javier Urmeneta, recurrió a su voto de calidad para dilucidar el asunto a favor del ensamblaje de efectivos bajo una misma estructura y una escala de mandos.
LAS PRIMERAS MOTOS
La hemeroteca tiene el poder de conservar la memoria de acontecimientos que fueron novedad. Cinco años antes de que Miguel Javier Urmeneta alumbrase el futuro de un nuevo proyecto policial, la Guardia Urbana había incorporado una sección motorizada, integrada por seis agentes. Supuso un adelanto, acorde con las prestaciones ofrecidas en urbes de mayor población y en clara sintonía con el crecimiento que estaba experimentando la propia ciudad. El “único precedente” en materia de vigilancia rodante, significado como tal por Martinena en un repaso al pasado, se encontraba en la “temida Ronda Volante”, integrada por “los jás” como atendían por identificación en el argot popular. Se servían de bicicletas para desplazarse.


Los cambios que se adivinaban en planos en una Pamplona en expansión, apoyados en el desarrollo de la industria en Navarra, jalonaron los hitos de un servicio policial moderno y adaptado a las nuevas corrientes que soplaban en la sociedad. En agosto y noviembre de 1973, dos convocatorias de plazas de agente abrieron la incorporación a la mujer. Correspondió José Javier Viñes dar el primer paso en calidad de alcalde.
Ya en los años 80, con Julián Balduz como presidente de la corporación, se establecieron las bases de la Policía de Proximidad o de Barrio como medio de acercamiento a la ciudadanía. En tal propósito y con nuevos procesos de restructuración fueron incorporándose grupos especializados. Un detalle: “la primera oficina de Denuncias se instaló en un autobús en la plaza del Castillo”. Lo recuerda Enrique Piqueras Esparza, quien fuera inspector y defensor del puente de comunicación tendido con la ciudadanía a partir de la cercanía y escucha como principios de entendimiento y respuesta a las necesidades de la calle.


“Me ha sido grato conoceros y comprobar vuestro espíritu y esperar con satisfacción, de acuerdo con las palabras que ha dicho vuestro más directo jefe, que en cumplimiento de vuestra importante visión vais a poner todo el celo posible en el bien de nuestra ciudad”. Son palabras de José Arregui Gil, dirigidas como alcalde el 12 de junio de 1974 a los uniformados, que pueden servir hoy y siempre para velar por el cuidado y bienestar de Pamplona.
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