Trayectoria
La veteranía es un grado en Policía Municipal
Retirados de sus funciones, la sargento Zudaire y el inspector Piqueras retroceden a su época de ingreso, de los apuros como acompañantes de mandos amenazados y del valor del compañerismo


Publicado el 07/01/2024 a las 05:00
Hay imágenes que son difíciles de olvidar, como la mirada de aquel hombre tendido en el suelo con las piernas y un brazo amputados, víctima de un atentado de ETA. “No podía hacer nada”. Su mirada de pavor y a la vez de súplica quedó grabada en la memoria y en el alma de María Luisa Zudaire Goyena cuando acudió en su auxilio. “Estaba obsesionada con conseguir una manta para cubrir el cuerpo” malherido. El triste episodio es parte de la secuencia de 37 años de servicio que prestó esta tafallesa de origen como miembro de la segunda promoción de mujeres que incorporó la Policía Municipal. Con 73 años de edad y “13 de jubilada”, repasa los hitos que marcaron su trayectoria profesional desde que, a ejemplo de una amiga, se animó a cumplimentar la solicitud de ingreso. “A mi madre casi le da un ataque” por el argumento peregrino que ofreció: “¡Qué bien lo vamos a pasar en la Academia!”. Ella accedió. Su amiga no, por un centímetro.
Tras ser inculcada en los conocimientos básicos, pasó su primer día de servicio a regular el tráfico en las calles Amaya y Roncesvalles. “¿Y ahora qué hago?”. Su mente reaccionó rápido para espantar atisbos de inseguridad. Pasó a engordar la nómina de los unos, por la identidad del 111 con que era reconocida la Unidad de Protección Ciudadana en la época de Julián Balduz para, con el tiempo, ser ascendida a sargento. Como tal hacía las veces de chófer del jefe de la Policía Municipal, Ignacio Moreno, del que obtuvo un débil reconocimiento a su categoría, recuerda. En cada desplazamiento, la duda asomaba por la amenaza de ETA sobre el mando policial. Cuando salía de su casa, surgía una pregunta: “¿Volveré o será mi último día?”.
EL INSPECTOR PIQUERAS
El compañerismo ahuyentó espantos, fruto de la amistad labrada y duradera con policías como Enrique Piqueras Esparza, pamplonés de 69 años, al que la sugerencia de un hermano, Francisco, le animó para cambiar su destino atado a Correos por la Policía Municipal. Los dos hermanos sacaron plaza. Y como le ocurriera a María Jesús Zudaire, se encontró un día en la encrucijada de la Avenida Baja Navarra y la calle Amaya. “Solo, sin nadie que me orientase, me dije. ¿Qué hago? Vamos a echarle narices. Fue levantar el brazo y paró un coche. Yo aquí soy el amo, me dije a mí mismo”. El aprendizaje en primera persona se convirtió en máxima compartida con las nuevas promociones: “En un cruce sois los dueños. Sois el sheriff del lugar”. Entre los hitos de su devenir figura haber ostentado la Jefatura de Policía de Proximidad o Policía de Barrio antes de su unificación con las patrullas. “Se perdió la esencia de la proximidad con el ciudadano”, lamenta. En su función aleccionadora a agentes más jóvenes ofrecía el mismo consejo: “Tenéis que hablar con todo el mundo. Haceros notar para generar confianza”. Como testigo privilegiado de la adaptación a cada etapa, resume la evolución en una expresión gráfica: “Pasamos de ser una policía prácticamente de pueblo a una policía de choque”. Los tiempos duros de la droga exigieron de respuesta firme, buen temple y hasta cercanía con víctimas recurrentes. “Una chica me dijo que quería mucho a su hija y que había decidido darla en adopción porque no tenía nada que ofrecerle”. María Jesús Zudaire se pregunta: “¿Qué habrá sido de ella?”.
Te puede interesar

Te puede interesar
