Urbanismo

Pamplona quiere acelerar el parking de la calle Sangüesa para reducir la inseguridad en la plaza de la Cruz

Vecinos y comerciantes se quejan de hurtos, inseguridad y peleas entre algunas de las personas que frecuentan la plaza de la Cruz en los últimos años

Una mujer mayor pasea en la plaza de la Cruz en la zona más próxima a los columpios
AmpliarAmpliar
Una mujer mayor pasea en la plaza de la Cruz en la zona más próxima a los columpios
Una mujer mayor pasea en la plaza de la Cruz en la zona más próxima a los columpios

CerrarCerrar

Ruperto Mendiri

Publicado el 28/08/2022 a las 06:00

Un parking con vocación regeneradora de una plaza, la de la Cruz, con una espiral de quejas por inseguridad y agudizada, según algunos testimonios, durante el último año. El Ayuntamiento de Pamplona quiere acelerar la concesión de un aparcamiento subterráneo para residentes en las inmediaciones de la plaza de la Cruz, que conllevaría la reurbanización de este céntrico espacio urbano. Las obras, según explica Fermín Alonso, concejal de Proyectos Estratégicos, empezarían en el primer trimestre de 2023.

El parking se ubicaría en la calle Sangüesa, con rampas de entrada y salida desde la calle Tafalla y con una capacidad para 350 coches y 60 motos. No se construirá bajo ningún edificio, sino en el subsuelo de la calle y con una superficie -según los datos del Ayuntamiento- que ocuparía la extensión de dos manzanas del II Ensanche pamplonés. El Consistorio rechazó la posibilidad de ubicar el parking bajo la plaza de la Cruz por sus árboles, cedros y plataneros, de gran tamaño.

En los últimos años, la plaza se ha convertido en el espacio habitual de algunas personas sin residencia fija, con escenas de peleas, exceso de alcohol y algunos hurtos, según denuncian en varios comercios de la zona. Algunos relatos son desoladores, con constantes conflictos, pese a la muy habitual presencia policial. Ni los comerciantes ni los vecinos quieren dar sus nombres. Hay miedo. Una mujer vecina de Madrid cuenta cómo en el mismo día, en un lapso de apenas media hora, vio dos peleas, la primera con cuchillos. Otra vecina de la zona dice que evita pasar por la plaza de noche. “Nunca me ha pasado nada, pero me da miedo”, confiesa.

RECORREMOS LA PLAZA

Son pocos minutos antes de las cinco de la tarde de un día cualquiera de agosto. El sol aprieta en la plaza de la Cruz, ahora sombreada por esos árboles inmensos y frondosos. La cruz negra de la plaza, obra de un profesor de forja de Salesianos, Constantino Manzana Llena (1907-1993), se erige retorcida sobre un dragón que simboliza al maligno, presidiendo un estanque también con forma de cruz.

La plaza parece dividida en dos grandes bloques. El más próximo al instituto, hacia el sur, y el de los columpios, en el norte, más cercano al Casco Viejo. En esta segunda parte, se ven familias y personas mayores acompañadas de cuidadoras. El ambiente es tranquilo, con niños y familias jóvenes y con el griterío habitual de los pequeños en los columpios.

El otro lado, más próximo a la calle San Fermín, es diferente. Son las cinco de la tarde y nada más llegar vemos a una patrulla de la Policía Foral identificando a un grupo de personas. Están sentadas en un banco frente a la iglesia de San Miguel. Cachean a uno de ellos. Los agentes se van sin encontrar nada. En los bancos de alrededor se arremolinan varios grupos. En dos bancos, dos personas duermen tapadas por una manta, pese al intenso calor de la tarde.

Nos dirigimos a un comercio próximo. Preguntamos si hay problemas de seguridad en la plaza. “Yo llevo trabajando aquí ocho años. Diría que desde hace tres, el deterioro ha sido mayor. Hay algo de trapicheo y alguna pelea. Desde la mañana se forman tumultos en los bancos. La policía viene a menudo”, asegura la dependienta del comercio.

Salimos de la tienda. Han pasado apenas diez minutos. En el lugar donde antes había una patrulla de la Policía Foral, ahora hay un coche de la Policía Municipal. Dos agentes bajan a los baños públicos -impolutos, por cierto- y hablan con la persona encargada. No hacen declaraciones. Nos dirigimos a uno de los bancos y preguntamos a una pareja si les apetece hablar para el reportaje. La mujer, vecina de la zona, dice que no. “Habla con ellos”.

En un banco que nos señala, tres personas comparten cerveza fría en una tarde cálida. Dos de ellos se prestan a hablar de su situación, de por qué pasan gran parte del día en los bancos. “Yo estoy sin trabajo, pero tengo los papeles en regla”, comienza a hablar uno de ellos.

“ES UN POCO EXALTADO”

Pronto le interrumpe el tercero. “Es un poco exaltado”, advierte uno de los dos. Y así es. Pese a comenzar a hablar tranquilo, empeñado en mostrarnos sus papeles de residencia, comienza a alterarse cuando preguntamos por la presencia de la policía. Insiste en mostrar papeles. Sus compañeros le increpan diciéndole que pertenecemos a la prensa. Termina por gritarnos que nos vayamos. Se ha exaltado. Vistos los ánimos, decidimos abandonar la plaza.

Volvemos dos días después. Empezamos en la parroquia de San Miguel, desde donde ofrecen ropa y alimentos a través de su Cáritas Parroquial. La persona responsable está de vacaciones. Entramos en un supermercado próximo. Dos empleados hablan sin tapujos. “Es muy desagradable trabajar así. Los problemas van in crescendo. Nos roban a menudo y nos sentimos inseguros porque a veces nos amenazan si les vigilamos. Algunos son críos. Aquí hay muchos altercados. Y es cierto que hay gente que no da problemas y a la que saludamos”, relatan.

En una tienda de ropa próxima, ofrecen un relato más amargo. “El otro día casi nos atropellan con un coche. Hemos visto a un travesti desnudo en la plaza, peleas habituales, y hasta cómo lanzaban una jardinera que cayó junto a una madre con silleta. Son unos sinvergüenzas. Tenemos que cerrar la puerta con llave si se queda una sola en la tienda”, describen.

En otra tienda de ropa próxima, les robaron hace unos días. “Yo estaba detrás y la tienda estaba con la luz apagada. Escuché que entraban. Cogieron de uno de los burros todas las prendas que pudieron. Era un chaval que ya estaba fichado, pero no hemos recuperado la ropa”, cuenta.

Es casi mediodía. En algunos bancos se consume cerveza. En otros puntos de la plaza, familias y personas apuran la mañana con normalidad. Unos y otros conviven en un equilibrio frágil. Un día más en la plaza de la Cruz.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora