Juan José Martinena Ruiz: “No hay día sin un paseíco por el Casco Antiguo, es como terapéutico”
El 8 de septiembre recibirá el ‘Pañuelo de Pamplona-Iruñeko Zapia’, “por su contribución a la consolidación de la proyección de la ciudad”. Más de 25 libros y cientos de artículos le avalan


Publicado el 22/08/2021 a las 06:00
Él es amigo del papel. Hace poco tiempo un buen amigo le sometió a “un tercer grado para la Wikipedia”. Le vino a decir que hoy día “si no estás ahí, es como si no existieras”. Lo cuenta Juan José Martinena Ruiz (1949) este viernes, en la sombra cercana de la Ciudadela de Pamplona. Es mediodía, llega a pie, camina tranquilo, nada altanero, más bien cabizbajo, como si buscara en cualquier piedra una nueva pista para su infatigable labor en los archivos. Al poco, pasa un hombre con un niño a hombros: “¡Enhorabuena, Martinena!”, saluda y continúa ligero. “¿Lo conoce?”, “No creo”, reflexiona él. Doctor en Historia, colaborador de Diario de Navarra, autor de más de 25 libros, y cientos de artículos, el 8 de septiembre recibirá el ‘Pañuelo de Pamplona-Iruñeko Zapia’, y con él, el reconocimiento institucional, el del Ayuntamiento, “por su contribución de forma activa y notoria a la consolidación de la proyección de la ciudad”. Pero el regusto que dejan las otras, las felicitaciones del primero que pasa por la calle, es como el de los pasteles cuando solo se comían en los días grandes. Y estos días, está saboreando muchos.
¿Qué supone la concesión del ‘Pañuelo de Pamplona’?
No cabe duda, como pamplonés que me considero, no solo nacido sino ejerciente, un motivo de legítimo orgullo, pero no en el sentido de vanidad, sino de procurar que me sirva a la vez de estímulo para continuar en la brecha, haciendo una labor que, por lo visto, han valorado y procurar, mientras la cabeza me funcione bien, seguir trabajando en más historias de Pamplona. Es un acicate.
¿Todavía le queda por investigar?
Tantas cosas hay... No se acaba nunca. Y conforme más edad vas teniendo te das cuenta que más hay y menos tiempo te queda. A mí, y a todo el mundo. Me dijo José Goñi Gaztambide, gran historiador: ‘Me doy cuenta que por más horas que meta, el tiempo se va acabando...’ . Con el ánimo, que no suele fallar, el asunto es que la cabeza funcione. Ahí está el padre Tarsicio de Azcona. Cerca de los 100 años, tan lúcido, cómo habla, cómo razona, cómo escribe. Pero suele ser cosa de cuatro privilegiados, no sé si nos tocará.
Usted también es en ese sentido un privilegiado
Bueno, hasta ahora no me quejo. A lo tonto, el 1 de agosto me cayeron 72 tacos y ahí están. Pero vamos, hasta ahora no he notado merma. Cuando el vídeo grababa bien, ahí quedan esas imágenes, cuando ya graba un poco peor, el conectar, rescatar esos recuerdos, te cuesta más.
¿Tiene la sensación de dejar un legado a la ciudad?
Bueno, en cuanto escribes el primer libro ya sabes que ahí queda algo, que lo leerán sí o no, pero ya queda ahí, en los ficheros de las bibliotecas y digitalizado. Eso es objetivo, no es que te reconozcan. Un legado mejor o peor, de mayor o peor nivel, has dejado. Estoy relativamente satisfecho. Me pueden quedar diez años más de funcionar bien... A lo mejor luego me pasa como a Tarsicio de Azcona, pero me gustaría priorizar y hacer lo que me queda.
¿Y que le gustaría hacer?
Hay algunas cosas que tengo en proyecto, no para hoy y mañana. En su día publiqué sobre la Pamplona de los años 20 y la posguerra, Arazuri publicó también. Nos quedarían los años 30, un periodo más duro de roer, y me gustaría, sin entrar a profundizar, recoger 80 o 90 fotografías comentadas, algo visual. Y otra es una guía de Pamplona no turística, al uso, sino para los de casa. Que si usted va ahora por la calle Jarauta, sepa. Lleva tiempo, en parte lo tengo hecho de forma dispersa. Sería como dar una vuelta a todo lo que hizo Arazuri con ‘Pamplona Calles y Barrios’, que fue mucho.
¿Le agrada el calificativo de cronista de la ciudad?
Esto siempre tiende a sonar de forma rimbombante y, en fin, se puede ser cronista de la ciudad de muchas maneras. Por ejemplo, José Miguel Iriberri es un cronista magnífico. Siempre que me lo han dicho lo he estimado como un piropo de calado... pero bueno, yo estoy contribuyendo a ello como lo han hecho otros: Arazuri, Ángel María Pascual...
¿Y el reconocimiento de la calle?
La calle te lee y quien te reconoce, si tiene a bien, es la institución.
¿Cómo es pasear por la ciudad y conocer la historia de lo que te rodea?
Lo ves de otra manera, es aquello que decía Antonio Gala en ‘Paisaje con Figuras’, ahora que estoy haciendo la serie de los escudos para Diario de Navarra, revisas tantos documentos, tantos papeles, que ya son como de la familia, llegas a ponerles cara, dices ahora esta casa, este personaje... Superpones a lo que ves ahora, la lente enfoca de otras manera, es una visión enriquecedora.
¿Con qué rincón se queda?
Uno, la Taconera, porque, como era del Ensanche, de pequeño siempre me llevaban a la Media Luna, parque de moda entonces. Las familia jóvenes estaban allá, coincidíamos. A la Taconera iba de vez en cuando, tenía el valor de lo excepcional, estaba la pagoda de las bicicletas de alquiler, donde se sitúa el Vienés. Ahora a veces voy con Maribel (su mujer) y estamos un ratico, es de los sitios que mejor se está en Pamplona; otro que me ha gustado siempre, la plaza Recoletas, es como que vas al siglo XVII, y luego la zona alrededor de la iglesia de San Saturnino, la del pocico. Ya lo decía Ángel María Pascual en ‘Glosas de la Ciudad’: ‘Bajo la torre de San Cernin, todo el mundo sueña con fantasías de la Pamplona virreinal. Vaya usted a buscarlas en los porches de la Plaza de la Cruz’. Bueno, me gusta todo Pamplona, pero el paseíco diario por el Casco Antiguo no nos lo quita nadie, también en invierno. Es esa especie de paseo terapéutico. Como dicen, el paisaje de la infancia acaba siendo la patria de uno en sus recuerdos. Raro es el día que no pasamos por San Nicolás, Zapatería, las calles que vertebraron la Pamplona antigua.
Su amigo, el de la Wikipedia, hizo una ingente tarea.
JUAN JOSÉ MARTINENA RUIZ
Su infancia Nació en la calle Paulino Caballero 31, allí discurrieron sus primeras travesuras y allí vivió hasta la ‘mili’, que hizo en Madrid, en el Servicio Histórico, ya acabada la carrera. Casado, tienen dos hijos, una nieta de 7 años y un nieto de 3.
Formación. Estudió en Escolapios y el curso preuniversitario en el Instituto Ximénez de Rada, “porque en el boom de las Ciencias” él quería Letras y en el colegio las habían suprimido. Licenciado y doctor en Historia, cum laude, por la Universidad de Navarra.
Trayectoria laboral. Director del Archivo Real y General de Navarra hasta su jubilación en 2010 y profesor asociado durante 30 años del Departamento de Historia de la Universidad de Navarra. Miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia, de la Academia Americana de Heráldica y Genealogía y fundador de la Sociedad de Estudios Históricos de Navarra.
Publicaciones.
Más de 25 libros sobre historia de Pamplona y de Navarra. Colaborador de Diario de Navarra desde 1967, ha firmado más de 650 artículos. Recopilados en libros: ‘Historias del Viejo Pamplona’, Nuevas historias del viejo Pamplona’, ‘Historias y rincones de Pamplona’ y el último, ‘Cosas de la vieja Iruña’.