Comercio itinerante
Pescado fresco en la plaza de Lumbier
Lumbier, que ya no cuenta con pescadería, recibe los viernes la visita del camión de Pescados Echeverri de Sangüesa, que recorre los pueblos de la zona. “Nos dan la vida”, dicen los vecinos


Publicado el 16/03/2026 a las 05:00
Una lumbierina con su carro de la compra, otro acompañado de su perro, otra más bolsa en mano... La mañana, fresca y húmeda, no invitaba a pasear por la calle, pero eso no parecía importar a los vecinos de Lumbier que, paciente y constantemente, se acercaban hasta la plaza de los Fueros y hacían cola ante uno de los vehículos allí estacionados. Uno muy especial, el que les brindaba el acceso a pescado fresco. “En Lumbier ya no tenemos pescadería, y eso que llegó a haber dos”, evocaba Marian Úriz Lusarreta, de 72 años y una de las clientas habituales del camión que trasladan hasta esta villa, cada viernes, los responsables de Pescados Echeverri de Sangüesa. “Nos dan la vida. Estamos toda la semana esperando al viernes para comer pescado fresco”, añadía.
Hugo Echeverri Val, sangüesino de 27 años, atendía desde el camión que ofrecía gran variedad de pescados a través de la compuerta desplegada en uno de sus laterales. “Kokotxas, txipirones, bacalao, salmón, gallo, sepia, rape... y antxoa del Cantábrico, que empieza ahora”, enumeraba, reconociendo que llevaba toda la mañana “sin parar”. “Vengo a las 9.00 y termino sobre las 13.00. La primera es la hora punta, pero no decae el trabajo”, expresaba desde este camión que acerca su producto a no pocas localidades.
Los martes visitan el valle de Roncal (pueblos de Roncal, Urzainqui, Isaba y Uztárroz). Los miércoles están presentes en Aibar (mercadillo), Sada, Lerga, San Martín de Unx, Ujué y Ayesa. Los jueves, en Cáseda (mercadillo) y Gallipienzo Nuevo. Y los viernes, en Lumbier.


“Generalmente tocas la bocina cuando llegas y la gente responde muy bien”, apostilla Carmelo Echeverri Abadía, sangüesino de 61 años y titular de Pescados Echeverri, con su tienda física en la calle Mayor 78 de Sangüesa. “Empezó el negocio mi abuelo Bernardino, siguió mi padre Silvino y continué yo. Ahora trabajo con mi mujer, Gelu Val, y mis hijos Hugo y Adrián”.
Añade que “desde siempre” han trabajado la venta de pescado de forma itinerante, algo que mantienen “por tradición y por el servicio que se da, pues muchos pueblos no tienen ni una tienda”. “En verano, cuando más se llenan, es cuando más vendemos. Y en Navidad es ya una locura”, añade.
Disponen asimismo en Sangüesa de un almacén para la venta al por mayor. Figuran entre sus clientes otros dos vendedores ambulantes que a su vez recorren los valles de Aezkoa y Salazar.
"UN SERVICIO BÁSICO"
Un pescado fresco que adquieren en el puerto de Pasajes (el procedente del Cantábrico) y Mercairuña (el gallego y el del Mediterráneo) y que, a través de ellos, acaba llegando a casi toda la Merindad de Sangüesa.
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“Es un servicio básico del que carecemos. En tiendas del pueblo solo podemos comprar pescado congelado, pero no es lo mismo”, matizaba por su parte desde Lumbier otra de clienta de esa intensa mañana de ventas, Santa Sánchez Rodríguez, de 60 años. “ Nos viene perfecto que vengan a la puerta de casa. Ojalá fueran más días. Suelo llevarme antxoas, pero hoy me decanto por el chicharro, lo veo buenísimo”, añadía.