Un año de la tragedia
Fernando Vidaurre, de VDR: "La Dana fue como un mal sueño"
El constructor navarro se desplazó el 4 de noviembre junto a su equipo hasta Aldaia, en Valencia, con más de cinco máquinas y catorce trabajadores de la empresa


Actualizado el 26/10/2025 a las 11:00
Las primeras palabras que le vienen a la cabeza a Fernando Vidaurre, constructor navarro de VDR, al recordar la Dana en Valencia son “pesadilla” y “mal sueño”. Aunque la nave de la empresa en Tajonar siga dando cobijo a maquinaria pesada, estos días presenta un aspecto muy diferente al de la mañana del 4 de noviembre de 2024. Ese día eran todo nervios, abrazos y operarios ejecutando maniobras imposibles para cargar los vehículos que se iban a encargar de limpiar Aldaia, una de las localidades azotadas por las inundaciones. Había que llevar hasta Valencia también todo el material recogido en Navarra y no se podía perder más tiempo.
“Me dijeron que había mano de obra, pero no maquinaria para retirar coches”, explicaba Vidaurre entre las 09.30 horas y las 13.30 de ese lunes el motivo por el cuál se había animado a mandar una retroexcavadora de 29 toneladas, tres máquinas de brazo de doce metros, un camión autogrúa y catorce trabajadores. “No podíamos estar en casa con todo lo que estábamos viendo”, añadía. “Llegamos a las doce y media de la noche. Eran muchos kilómetros y el convoy iba a 85 kilómetros por hora”, detalla.
Un año después se le sigue haciendo un nudo en la garganta al hablar. “Las cosas malas queremos olvidarlas, pero esto nos marcó a todos”, dice junto a otros compañeros de trabajo. Esta vez va vestido con un jersey, una camisa y unos chinos, algo diferente al mono de trabajo de aquel día, pero las ideas son iguales.
“Cuando nos fuimos de allá nadie tomó el relevo”, señala reproduciendo un hecho que ya lamentó el viernes 8 cuando pusieron punto y final a su ayuda. “Plantamos un testigo que nadie cogió”, reitera. “Al principio la gente se vuelca, pero luego se olvidan y a día de hoy muchos siguen jodidos”, apunta este empresario que se coordinó con el ayuntamiento de Aldaia, con los que sigue teniendo contacto.
“Con las últimas tormentas les llamé para saber qué tal iba todo y me comentaron que estaba controlado”, comenta.
"HACÍA FALTA MAQUINARIA Y MANDO"
Cuando el barranco del Poyo arrastró por delante todo lo que encontró, Vidaurre estaba en el sur de España por trabajo. Cogió un vuelo y se presentó en Pamplona para organizar este viaje de forma exprés. “Hablamos primero con la Guardia Civil en Madrid para ver qué era lo que se necesitaba. Había mucha gente ayudando y quizá se enviaban cosas no tan necesarias. En Valencia lo que hacía falta era maquinaria y mando”, dice de forma rotunda algo que quedó demostrado que era verdad.
De esta forma lo advertía Vidaurre a su llegada a Valencia después de que pasaran unas horas críticas: “Lo más difícil ha sido encontrar alguien de mando. Doce de la noche, todo oscuro, el olor, el parque horroroso... el momento más difícil” . A pesar de su buena voluntad, había personas que “lanzaban el barro de un lado a otro”. “Sin criterio alguno”, añade sobre una acción que provocó el colapso de la red de alcantarillas que varios puntos.
Después de esta bienvenida, los navarros consiguieron formar un buen equipo de trabajo junto a bomberos de Castilla y León, Sergio, que es un empresario de Aldaia, Paco, un concejal del ayuntamiento, y un agente de la Policía Local.
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“Conseguimos montar un equipo que funcionaba a la perfección”, recuerda unas jornadas que se alargaban de “sol a sol” en las que consiguieron hacer de Aldaia a los días una localidad en la que ya no reinaba el desorden como en otros puntos. “Con orden eso iba a toda pastilla”, reitera.
El trabajo se repartió en varias fases. Lo primero de todo consistió en retirar lodos, basura y elementos desplazados por la riada. El constructor recuerda con especial cariño su labor en la plaza Europa, la del mercado. “Nos dijo el alcalde que empezáramos por esa zona. Ahí estaba el parque infantil, pues en 24 horas ya había niños jugando”, detalla dando importancia a las máquinas y la buena coordinación.
Seguido de ese arrastre del fango llegó el momento de trasladar los coches dañados hasta el polígono. “Movimos más de 4.000 coches”, señala Vidaurre. Hasta esas campas se desplazaban vecinos en busca de sus vehículos con la esperanza de encontrarlos, aunque la esperanza de que arrancaran era nula.
"VOLVÍAMOS EUFÓRICOS, PERO CON MUCHA PENA"
Dejar sin relevo el trabajo que habían hecho era complicado para un equipo que tenía que continuar con sus ritmos habituales en obras repartidas por todo el país. Por otro lado, esa pena se veía contrarrestada con la alegría de saber que el trabajo que habían realizado sobre el terreno había sido efectivo.
“Volvíamos eufóricos, pero con mucha pena”, recuerda Vidaurre sobre ese viaje de vuelta a su zona de confort. “Por lo menos habíamos puesto nuestro grano de arena. Ninguno del equipo se quejó de nada y eso que dormíamos entre tres y cuatro horas”, contextualiza.
Además de esto, el constructor destaca el aprendizaje que realizaron de cara a otras emergencias de características similares que puedan llegar. “En vez de llevar palas de mano hay que llevar máquinas y personal cualificado”, vuelve a insistir. El análisis de Fernando Vidaurre linda entre el orgullo y la tristeza, pero deja entrever que sus maquinarias volverán a estar disponibles en cualquier escenario.
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