El camino que no termina tras 25 años

En el año 2000 un grupo de mexicanos pasó por Navarra hacia Roma en un peregrinaje con una virgen a hombros que había comenzado en Fátima. De ellos, ha regresado Isaac Casasola ahora camino a Santiago con su hijo, tres nietos y otra virgen

Otra virgen, otra compañía. Isaac Casasola Rodríguez, en el centro con la talla de la virgen de Juquila junto a, desde la izqda., sus nietos Sidartha Said, Abdiel y Sabdy Casasola Mateus y su hijo Jordan Casasola Urbina /
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Otra virgen, otra compañía. Isaac Casasola Rodríguez, en el centro con la talla de la virgen de Juquila junto a, desde la izqda., sus nietos Sidartha Said, Abdiel y Sabdy Casasola Mateus y su hijo Jordan Casasola Urbina /
Otra virgen, otra compañía. Isaac Casasola Rodríguez, en el centro con la talla de la virgen de Juquila junto a, desde la izqda., sus nietos Sidartha Said, Abdiel y Sabdy Casasola Mateus y su hijo Jordan Casasola Urbina /

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Myriam Munárriz

Actualizado el 10/09/2025 a las 23:00

Isaac Casasola Rodríguez, un vendedor de lotería de México de 69 años, recuerda su primer peregrinaje. “Fue en 1988. Un amigo caminó a Jalisco para agradecer a la Virgen de los Lagos la recuperación de salud de su hija. Me emocionó lo que viví. Me impresionó sobre todo la generosidad de la gente, que te brindaba su casa o alimentos”.

Un pasaje de vida que para completar el motor que empuja sus piernas en este peregrinaje se unió una frase de Santiago Apóstol. “Decía que una campana puede sonar pero, si no es con amor, no sirve. Lo que yo interpreto es que una fe, si no es con obra, es una fe muerta”. Y la manera de obrar de este eterno peregrino, con 11 hijos, 16 nietos y 2 bisnietos ,es este caminar sin descanso, año tras año y siempre en compañía de una figura mariana.

Hace 25 años, el peregrinaje le trajo a la Comunidad foral tal y como recogía Diario de Navarra sobre el grupo mexicano integrado por Isaac junto a Irene Almaguer Castillo, entonces de 65 años y ama de casa; Juana Mendieta Botelló, de 54 y comercial; Daniel Cuadros Toledo, de 32 y profesor de natación y el hijo de Isaac, Ulises, de 22. Aquella primera vez en Europa, con una ruta que comenzó en Fátima y terminó en Roma, llevaban en andas en una urna a la Virgen de Los Lagos.

Eran veinte kilos”, sonríe Isaac al recordar aquel primer viaje en el decidieron cruzar el charco debido a la devoción que tenían todos por la virgen de Lourdes y el deseo de llevar a la suya, la de los Lagos, hasta la capital del cristianismo. “Irene falleció, Juana vive con su hija en Cancún y Daniel sigue dando clases. ¿Isaac? ¡Está muy ocupado con sus tres niños!”.

Hace 25 años, con la Virgen de Los Lagos a cuestas. Por detrás, camina Ulises Casasola Urbina, le sigue su padre Isaac Casasola Rodríguez y, en primer lugar, Daniel Cuadros Toledo /
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Hace 25 años, con la Virgen de Los Lagos a cuestas. Por detrás, camina Ulises Casasola Urbina, le sigue su padre Isaac Casasola Rodríguez y, en primer lugar, Daniel Cuadros Toledo /ARCHIVO/MONTXO A.G.
Hace 25 años, con la Virgen de Los Lagos a cuestas. Por detrás, camina Ulises Casasola Urbina, le sigue su padre Isaac Casasola Rodríguez y, en primer lugar, Daniel Cuadros Toledo /

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Ahora la compañía es diferente, otro de sus hijos, Jordan Casasola Urbina, un ingeniero de sistemas de 40 años, y tres de sus nietos, los hermanos, Abdiel, de 18 años, Sabdy, de 17 y Sidartha Said Casasola Mateus, de 15. “Jordan, sin hijos, lo tenía más fácil para venir. Y pensé en Abdiel, que había dejado los estudios. Pero Sabdy dijo que porqué no podía el resto. Me los traje a todos”, sonríe.

DE LA BASURA A EUROPA

La virgen, una pequeña talla mariana, es la de Juquila, de Oaxaca. “Fui a compartir un rosario con un amigo. Y en un cuarto humilde, había un pequeño altarcito con ella. Años después, mi amigo, Ubaldo Nieves, que en paz descanse, me la regaló. Su hija Pilar se había convertido al Cristianismo que a diferencia de los católicos, sólo veneran la cruz, así que la iba a tirar. Ahora les digo que de la basura se libró para recorrer Europa llevando bendiciones”.

Porque, desvela entonces Isaac, el de estos días no es el único peregrinaje que ha hecho por tierras navarras. Sólo que las anteriores veces pasó más desapercibido. “Regresé en 2008, detrás de mi hijo Jordan que cubrió el camino que separa Roma de Finisterre. En 2018 peregriné de Lourdes hasta Santiago con mi amigo Guillermo Acebes. Y siempre con ella a cuestas”. “Lo más importante es que ella camine, da igual si alguien se tiene que detener y descansar por un día; los demás siguen porque quien peregrina es la virgen”, añade su hijo Jordan. “No pasa desapercibida. La gente nos pregunta por ella, le sacan fotos...”

Él cuenta su primer viaje en 2018. “Llegué con poco dinero y mucha fe. Se me hizo muy duro, sobre todo cuando pasé por Italia y Francia por la barrera del idioma. No lograba entender porqué mi padre no había venido conmigo. Pero sí estaba, caminaba por detrás y se unió a mí cien kilómetros antes de llegar a Santiago”.

Isaac quería que Jordan experimentara solo qué es el peregrinaje. “Y me gusta. Durante esos días mucha gente me preguntaba porqué lo hacía. No soy de evangelizar, sólo les decía que por agradecimiento”, dice. “Es una experiencia espiritual que no distingue de raza, credo o religión. Pero en el que se comparte mucho, una sonrisa, un abrazo, un poco de pan”, añade su padre sobre este viaje a pie en el que cada día recorren unos 40 kilómetros. “Esta vez sí que me acompaso mis piernas a las de mis nietos. El mayor tiene un pie hinchado y ampollas”, dice. “Pero cuando lo hacía con adultos he llegado a cubrir etapas de 65 kilómetros”. “Te gano”, sonríe Jason, “yo una vez hice hasta 66”. Y se ríen los dos al abrigo ya del albergue de peregrinos municipal de Estella.

3.000 RECUERDOS

Isaac afirma que regresará a su país con 3.000 recuerdos del Camino de Santiago para regalárselos a sus clientes de México DF, donde tiene fijada su residencia. “Es mi pequeña bendición hacia ellos. Me conocen, soy el lotero de la calle con 11 hijos al que le gusta peregrinar. Por eso muchos me quieren dar donativos para mis viajes. Pero nunca he aceptado dinero, va contra mi filosofía. Ahorro en lo que puedo, quitando de aquí y de allá. Una vez en Europa, gastamos lo imprescindible. Si vamos a comer un menú, compartimos uno para todos”.

Sus nietos se unen a la conversación. “Es mi primer viaje con él y estoy viviendo una experiencia muy bonita, lo que me ha unido aún más con mi abuelo. Cada día descubres algo nuevo”, dice Abdiel que ha decidido estos días que, a su regreso, retomará los estudios. “Ahora estoy muy tranquila, pero el primer día hasta lloré pensado que no sería capaz de hacer todo el camino”, cuenta Sabdy coreada por las risas de su familia. “Me parece todo muy lindo y más si lo compartes con tus hermanos, tío y abuelo”. “Hemos conocidos al abuelo en esta otra faceta y le estoy muy agradecido. Se preocupa mucho por nosotros”, añade Sidartha Said.

Y como si estas palabras le trajeran de vuelta a la realidad mundana del camino, Isaac pregunta: “¿Algún sitio donde podemos curarle las ampollas y desinflamarle el pie a Abdiel?”.

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