Mª Concepción Bravo Casares, una modista entregada a su familia


Publicado el 18/06/2025 a las 10:12
Mi madre nació en 1930, en la calle Estafeta de Pamplona, aunque sus primeros recuerdos eran de Madrid, donde la familia se trasladó durante una temporada por el trabajo del padre. Ella recordaba los paseos junto a su hermano Fermín, acompañados por una vecina, por los alrededores de la calle Lagasca donde vivían. Ya de vuelta a Pamplona el comienzo de la guerra civil, de la que no tenía muchos recuerdos, solo recordaba el día que abrió la puerta a unos hombres con fusiles que vinieron a llevarse a su padre, como ella decía, porque era “un poco rojillo”. En la posguerra solía recordar las colas de racionamiento y tuvo que ser testigo de la muerte de su hermana menor, Mª Paz, por un pulmonía.
De la adolescencia y juventud solía recordar los bailes (ella bailaba muy bien) en la plaza del Castillo, y en las fiestas de los pueblos, sobre todo Berbinzana, de donde era su padre. Ella conoció a mi padre en unos Sanfermines, en la plaza de toros, ambos muy jóvenes, 15 y 17 años, y a a partir de ahí hicieron el viaje de vida juntos. Después de un largo noviazgo, la boda, y enseguida me tuvieron a mí y a mi hermana, y unos años más tarde nació su tercer hijo. Con el trabajo de mi padre y el apoyo de mi madre como modista la vida transcurría de forma tranquila y feliz en el barrio de la Txantrea, donde se habían comprado un piso, pero la enfermedad de mi padre trastocó un poco sus planes de vida, aún así ellos siguieron apoyándose el uno en el otro. La muerte de mi padre aún sin cumplir los 60 dejó a mi madre viuda, aún joven, y aunque tuvo algún pretendiente, no quiso saber ya nada de hombres, para ella solo había uno y ese era Pedro, su marido.
Apoyándose en sus hijos, viendo crecer a sus nietos Iván y Álvaro y entretenida con los paseos con sus amigas por la Txantrea y Pamplona, los viajes a Benidorm y sus estancias en el Balneario de Fitero, donde solía acudir con su cuñada Mari, la vida fue transcurriendo. Ya cumplidos los 90, su mente hizo crack y se produjo una regresión a su infancia, a los hijos a veces nos conocía, otras no... O nos confundía con otras personas, la única persona que siempre reconocía era a su hermana pequeña, Pili. En esos años finales, preguntaba frecuentemente por sus hermanos Jesús y Fermín y cuando se despertaba a media noche llamaba a su padre y, sobre todo, a su madre Eusebia. Así que esperemos que haya ido a reunirse con todos ellos y con mi padre, su marido. Te queremos, mami.
El autor es hijo de la fallecida