Apagón en Navarra

Pesos manuales que salvaron la mañana y ventas a fiar en algunos puestos del mercado

Los testimonios que este martes ha recogido 'Diario de Navarra' en los mercados pamploneses de Santo Domingo y el Ensanche coinciden en que no se perdieron productos frescos por el apagón, ya que pudieron salvaguardarlos en sus cámaras frigoríficas. Lo que sí se resintieron fueron las ventas, pero no de todos

Fermín Ilarregui atiende a unos clientes en Pescados Presen, en el Mercado del Ensanche
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Fermín Ilarregui atiende a unos clientes en Pescados Presen, en el Mercado del Ensanche
Fermín Ilarregui atiende a unos clientes en Pescados Presen, en el Mercado del Ensanche

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Beatriz Arnedo

Publicado el 29/04/2025 a las 18:10

Los mercados de Santo Domingo y del Ensanche han retomado la normalidad tras el apagón del lunes. El Mercado de Santo Domingo estuvo unas tres horas sin luz, entre las 12.33, cuando se inició el apagón, hasta las tres, tres y media de la tarde. En el del Segundo Ensanche, buena parte de los puestos no recuperaron la electricidad hasta pasadas las nueve de la noche, pero hubo quien por su ubicación sí tuvo energía para las 4 de la tarde.

En ambos mercados, el lunes algunos puestos tuvieron que cerrar en cuanto se fue la luz porque no podían ni pesar ni cobrar los productos y otros aguantaron algo más. En lo que coinciden todas las personas con las que ha hablado este periódico es en que el género no sufrió daños. El producto que estaba refrigerado aguantó bien, ya que con las puertas cerradas la temperatura en su interior subió muy poco. Lo que sí se resintieron fueron las ventas, pero hubo quien se las ingenió con básculas manuales o aplazando el cobro a sus clientes de confianza, lo que se conoce como fiar.

La Pescadería Jesús Huarte Esparza, en el Mercado de Santo Domingo, cierra los lunes y el poco producto que tenía en las cámaras no sufrió. “El problema es si hubiese hecho mucho calor o si hubiesen sido un par de días. Pero sobre las tres ya teníamos la luz”, relataba su propietario Jesús Huarte

Coincide Raúl Jiménez Garijo, de Pescadería Raúl. “El problema ha sido hoy martes, ya que parte del pescado no ha llegado, porque viene de Andalucía, otro de Galicia, tienen que repostar los camiones, las cámaras frigoríficas necesitan gasóil… Ha habido menos género de lo habitual, pero este miércoles estará ya todo normal”. 

En Pescados Presen, en el Mercado del Ensanche, Fermín Ilarregui contaba que tras irse la luz tuvieron que cerrar pronto, pero su producto se ha mantenido muy bien refrigerado, porque en su caso para las cuatro de la tarde había recuperado la energía eléctrica.

Rosi, de Bacalaos Mainz, en el Ensanche, vende un producto que al llevar sal es muy resistente ante un apagón como el del lunes. “Cuando empecé a venderlo hace muchos años no había cámaras, siempre estaba todo al aire”, recuerda.

Coincide con ella Encarna Maestre, de Bacalao Samper, en el Mercado de Santo Domingo. Durante el apagón pudo vender producto que tenía ya pesado “con pago en metálico, claro”.

Tampoco afectó la falta de refrigeración a los encurtidos, como los que venden en Aceitunas Valero, en el Ensanche. “Nosotros no tenemos nada que se nos ponga malo y para las cuatro de la tarde además ya teníamos luz”, señalaba Presen Morales.

No es el caso de las carnicerías. Óskar Gómez, de Carnicería Oskar, en el mercado del Ensanche, tuvo que cerrar en cuanto llegó el apagón. “Los pesos funcionan con luz, estábamos a oscuras… No podíamos vender. Cuando supimos que era algo general, empezamos a recoger y a meter lo antes posible la carne a las cámaras”, donde se ha mantenido bien. “Si no las abres, bajan muy poco de temperatura. Si están a cero grados, por la noche estaban a 3,5, no había subido mucho. En cuanto empezaron a funcionar, en media hora estaban ya a cero grados”.

Es lo mismo que contaba desde la Carnicería Abaurrea, en Santo Domingo, César Salón, que con el apagón no pudieron seguir vendiendo y metieron rápidamente la carne en la cámara refrigeradora que la ha conservado perfectamente, porque no bajó casi la temperatura en su interior, detallaba.

En ese mismo mercado, Simone Burgio, de Salchichería Mauri destacaba que era “una suerte” que la luz volviera sobre las tres de la tarde, lo que impidió que sufrieran daños sus productos. En el suministro sí les faltaba este martes alguno, pero lo tendrán para el miércoles.

En el tiempo que duró el apagón lo que no pudieron prácticamente fue vender. “La báscula funciona con electricidad. Hay algunos productos como los huevos que son por unidad, pero poca cosa”.

LOS CAFÉS LOS PAGÓ LA CASA

El apagón cogió a algunos clientes tomando un café o un pincho en la Cafetería Zacatín del Mercado de Santo Domingo. “Tuvimos que parar todo y a las personas que estaban tomando algo les tuve que invitar, porque no podía cobrarles. Ya dije, ¡mañana será otro día! Y eso que no sabíamos cuánto iba a durar”, contaba Nerea Argaiz. “La gente paga todo con tarjeta, pero aunque llevase dinero en metálico, yo tampoco podía abrir la caja. Por eso dije, invita la casa”.

Ella no ha tenido pérdidas de producto. “Menos mal que fue un día flojo, porque si llega a ser un sábado hubiese sido peor. Además, aquí hasta las 12 se trabaja muy bien y a partir de esa hora en la cafetería comienza a bajar. Nos pilló en un buen momento a todos, menos mal”, agrega. 

“Hasta que no pasa algo así no te das cuenta de lo vendido que estás. Es que te quedas parado”, reflexionaba.

Uxue Azcona, de Lácteos Razquin, en el Mercado del Ensanche,  metió el yogur, la leche fresca, cuajadas y otros lácteos a la cámara frigorífica con puertas para que se mantuvieran bien. Durante el apagón pudo seguir trabajando, porque se acordó de que tenía una balanza que funcionaba manualmente. Con esta y una calculadora pudo pesar y cobrar el queso, eso sí, con el pago en metálico. “ Me apañé bien”.

Desde Congelados Bermejo, en el Ensanche, destacaban que no les ha afectado el apagón porque sus productos podían aguantar 24 horas y “están perfectos”. 

En los primeros minutos de apagón general hubo clientes que buscaron platos que no necesitan ser cocinados, para poder comer ese día. La ensaladilla o el gazpacho fueron dos de los que vendió ese día Yolanda Huevería y Precocinados, en el Mercado del Ensanche. Pudieron pesar los productos, ya que tenían guardado un peso antiguo manual, e incluso cobrar a los clientes con tarjeta, ya que uno de sus dos datáfonos funcionaba.

Imagen del Mercado del Ensanche, con Zabalza al fondo
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Imagen del Mercado del Ensanche, con Zabalza al fondoSergio Martín
Imagen del Mercado del Ensanche, con Zabalza al fondo

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VENTAS A FIAR A LOS CLIENTES HABITUALES

Por el contrario, el puesto de Zabalza en Santo Domingo tuvo muchos problemas para vender durante el apagón, porque no le funcionaban los pesos. “La gente compraba lechuga y cebolleta, que no necesitaban peso, para hacerse por lo menos una ensalada”, relataba este martes Maite Zabalza.

Sus productos guardados resistieron. “Si llega a ser verano, las repercusiones hubiesen sido peores, porque no meter una fresa al frigorífico supone que se pierde sí o sí”.

En el caso de clientes de confianza apuntaron en una libreta lo que se llevaron y cuando vuelvan pagarán. “Tuvimos mucha suerte de que fuera un lunes, cuando viene menos gente. Llega a ser un viernes y un sábado y estamos a tope”. 

Su hermana Mertxe Zabalza, en el puesto de Zabalza en el Mercado del Ensanche, contaba que tuvieron que cerrar con el apagón, pero no han perdido género. En este martes estaban recuperando la normalidad, atendiendo lo del día y lo que quedó pendiente. “Hoy va todo a través de la informática, tanto pedidos por teléfono como los que hacen los restaurantes por ordenador, la página web y todo estaba colapsado, los pesos no funcionaban… Pero las personas que no pudieron llamar ayer (lunes) han llamado hoy y ya estamos funcionando con normalidad”.

“NOS DA IGUAL NO TENER MÓVIL, PERO SI NO PUEDES REGAR, SE NOS MUERE TODO”

Afortunadamente fue una incidencia que duró horas, porque incluso la motobomba del agua con la que riegan en la huerta necesita luz, contaba Mertxe Zabalza. “Si eso se alarga un día o dos, nos da igual que no tengamos móvil, pero queremos que las lechugas sigan creciendo y si no puedes regar, se nos muere todo. Tendríamos que andar a cubos, como antiguamente. Todo eso te hace pensar cuánto dependemos de todas estas tecnologías. ¿Por qué no apostamos más por las energías renovables y dejamos de depender tanto de la luz, cuando Navarra tiene aire, agua… ¿a qué estamos esperando, a que pase esto?”, reflexionaba horas después del apagón.

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