Educación
Félix Urabayen, el instituto en el que nunca es tarde para aprender
6.000 adultos de toda Navarra han estudiado Secundaria y Bachillerato en el instituto Félix Urabayen de Pamplona, desde que adquirió esta denominación hace ahora 25 años. Un centro de segundas oportunidades donde siempre se aprende


Publicado el 09/02/2025 a las 05:00
Como en una gran familia donde todos se apoyan y se ayudan. Así es la convivencia diaria en un instituto muy peculiar. En el que los alumnos no son adolescentes que cursan la ESO o jóvenes matriculados en Bachillerato o Formación Profesional. Quienes se sientan en esos pupitres, en horario de mañana o tarde, son adultos de todas las edades que, por cualquier razón, no consiguieron el título de graduado en ESO en su día. Que necesitan una titulación para seguir estudiando o que sueñan con cursar los estudios que no pudieron seguir en su momento. Más de 700 historias con sus nombres y apellidos se matriculan cada curso en el IESNAPA (instituto de educación secundaria para personas adultas) Félix Urabayen de Pamplona. Un centro público, en el que imparten clases 35 profesores y catedráticos de todas las materias. Aunque el instituto comparte edificio con el centro de educación de personas adultas José María Iribarren (para estudios primarios, idiomas, español para extranjeros...) en el barrio de Ermitagaña de Pamplona, acoge a estudiantes de toda Navarra. Este mes de febrero se cumplen 25 años desde que adquirió el nombre de este maestro y escritor navarro de la Generación del 14, aunque el centro ya existía previamente con el nombre de INABAD (instituto navarro de Bachillerato a distancia). Con motivo del aniversario, docentes y alumnos relatan cómo es el día a día en estas aulas de la ilusión.
El director del centro, el profesor de Griego Óscar Gilarrondo Miguel, recuerda la oferta formativa de este curso, en el que están matriculados 753 alumnos. Todos, recalca, mayores de 18 años, aunque también pueden acceder los de 16 y 17, si tienen un contrato de trabajo, son deportistas de alto rendimiento o se acogen a otras circunstancias excepcionales. “Pero la mayoría tienen más de 18. Aunque hay estudiantes de hasta 60 años, el grueso oscila entre los 18 y los 25”. Y enumera el tipo de estudios que se imparten: ESPA (Educación Secundaria para Personas Adultas, un tipo de ESO adaptada, en la que en vez de asignaturas se enseña por ámbito matemático, lingüístico, social...), cursos de acceso a los grados medio y superior de Formación Profesional (cuando no se dispone de la titulación exigida, la ESO para el grado medio y el Bachillerato, para el superior), un curso de preparación para la EvAU (prueba de acceso a la universidad), un curso para acceder a estudios universitarios (en el caso de ser mayores de 25 o 45 años) y pruebas libres para examinarse y obtener el título de ESO o Bachillerato. “El centro ya existía pero en los últimos años se le ha dado una vuelta y cada vez se ofrecen más cursos. Según la demanda”.
'SACAR UNA ESPINA'
¿Y cuáles son los principales motivos por los que un joven o un adulto, español o extranjero, decide volver a las aulas? “Son muchos pero se agrupan en tres. La necesidad de tener un título para acceder al mundo laboral (el mínimo exigido es el de la ESO), seguir estudiando otros niveles superiores o, quienes tienen más edad, la realización personal. “Hay gente que quiere ‘sacarse la espina’ de no haber estudiado en la juventud”, aclara. Y subraya que muchas personas se matriculan en asignaturas sueltas de Bachillerato (como Historia, Historia del Arte...), solo “por el placer de aprender”. “Tenemos estudiantes que llevan aquí más de diez años estudiando. En este caso concreto de las materias sueltas, si quieren, se examinan y si no, no. Pero tienen el derecho a hacerlo”. La permanencia media en el centro, recalca, ronda los tres años. El precio del curso completo (cada cuatrimestre) es de 30 euros y el de las asignaturas sueltas, de 5 por materia. “Además, ofrecemos también ayudas para libros de texto”.
Entre los alumnos, insiste Gilarrondo, los hay de diversas procedencias. Y recuerda que en el curso 2013-2014 se alcanzó el récord con 45 nacionalidades diferentes (sobre todo, de países de América Latina, el Magreb, África Subsahariana o Europa del este). Los cursos, continúa su explicación, se imparten por cuatrimestres. “Así, en dos cursos completos, se pueden hacer los cuatro años de la ESO: dos cursos por año académico”, ejemplifica. Las clases se ofrecen en horario de mañana o tarde, para que los alumnos puedan compaginar con los trabajos, en el caso de tenerlos. Y pueden ser presenciales o a distancia. En este último caso, subraya, se ofrece una hora de clase a la semana para resolver dudas con los profesores y el resto del tiempo, los alumnos estudian por su cuenta con el material “colgado” en el ‘aula virtual’. “Se matriculan alumnos de toda Navarra e incluso, en la modalidad a distancia, vienen de otras comunidades, porque les gusta nuestra oferta”.
NUNCA ES TARDE
“Nulla aetas ad discendum sera”. Esta expresión latina, que significa “nunca es tarde para aprender”, está escrita por los pasillos del centro para que los alumnos no la olviden. “Es la verdad. Siempre se puede seguir aprendiendo - insiste el director-. Nos emociona ver la evolución de los estudiantes”. Muchos, insiste, han fracasado previamente en los estudios por motivos sociales (han sido víctimas de bullying), de identidad sexual (en una edad en la que aún no se habían definido), han tenido problemas de salud física y mental... “La casuística es inmensa. Somos como una gran familia en la que se acoge a todo el mundo y nos ayudamos”.
Una situación que corroboran algunas alumnas. Como la pamplonesa Aitziber Jubera Bernal, de 20 años y que está estudiando un curso de acceso al grado medio de Formación Profesional. Antigua alumna del colegio La Presentación (Dominicas), del IESO Pedro de Atarrabia (Villava) y del colegio Santa Catalina, donde inició una FP Básica, no obtuvo el título de la ESO. “No era mi momento pero me enteré de que existía esta opción y me matriculé. Estoy feliz, muy motivada y sacando notazas”, explica esta alumna que aspira a estudiar el próximo curso un grado medio de Auxiliar de Enfermería en el centro María Inmaculada de Pamplona. “Nunca había estudiado así pero los profesores son muy amables y me ayudan mucho. Estoy teniendo una segunda oportunidad. ¡Nunca es tarde para estudiar! Da igual que tengas 20 o 50 años!” La relación con sus compañeros de clase, casi todos de su edad, es buena y sueña con aprobar todas las asignaturas para ser auxiliar de enfermería. “Soy una persona muy empática. Si tengo que cuidar a alguien lo hago. Cuando mi abuelo estuvo ingresado, le estuve atendiendo”.
Aitziber comparte clase con la pamplonesa Gisela Hernández González, de 21 años, que sueña con estudiar el próximo curso un grado medio de Mecánica. “Porque me encantan los coches”. Antigua alumna del CP Romontival (Estella), IESO Pedro de Atarrabia (Villava) y el centro de FP Básica de Burlada, donde empezó un grado de Peluquería y estética, no ha obtenido aún el título de ESO. “Se me dan mal los estudios y sigo suspendiendo todo. Pero lo estoy intentando”. Porque, como les recuerda la inscripción latina desde las paredes del centro, nunca es tarde para aprender.
Félix Urabayen, maestro y novelista
Félix Andrés Urabayen Guindo nació en Ulzurrun (comarca de Pamplona) en 1883. Hijo de Bonifacio Urabayen, un guardabosques que había ayudado a las tropas liberales en la segunda Guerra Carlista, se trasladó con su familia a Pamplona. El padre se empleó entonces en Diputación y estaba muy interesado por la formación de sus dos hijos (Leoncio y Félix). El primero fue historiador y profesor y el segundo, maestro y novelista.
Félix impartió clases en las escuelas de Urzainqui, Narvarte y Pamplona, antes de trasladarse a Toledo, donde se casó con la profesora Mercedes de Piedo. El periodista Miguel Urabayen fue su sobrino.
En la ciudad castellana, el maestro inició su carrera como escritor, dentro de la llamada generación del 14 o Novecentismo. Entre sus novelas destacan 'Toledo: Piedad', 'La última cigüeña' o 'Bajo los robles navarros'. Aunque no era hombre político, sí que simpatizó con la Segunda República, por lo que fue encarcelado, junto a Miguel Hernández en Alicante. Falleció al año de salir de presión, en 1943. En 2000, el escritor José María Romera eligió su nombre para el instituto de personas adultas de Pamplona.
