Sus padres se suicidaron

"El suicidio de un ser querido es una bomba atómica en tu vida"

El sábado se conmemora el ‘Día Internacional de las personas supervivientes al suicidio de un ser querido’ (Civican, 11.30 horas). Sara Pérez Pizarro y Marcos Chups Muruzábal prestarán su testimonio para que el suicidio, que el año pasado causó 63 muertes en Navarra, vaya dejando de ser tabú.

Sara Pérez Pizarro y Marchos Chups Muruzábal, este lunes 18 de noviembre en la sede de Besarkada-Abrazo /
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Sara Pérez Pizarro y Marchos Chups Muruzábal, este lunes 18 de noviembre en la sede de Besarkada-Abrazo /
Sara Pérez Pizarro y Marchos Chups Muruzábal, este lunes 18 de noviembre en la sede de Besarkada-Abrazo /

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Gabriel González

Actualizado el 19/11/2024 a las 09:09

El padre de Sara Pérez Pizarro, de 35 años, se suicidó el 25 de enero de 2014. El de Marcos Chups Muruzábal, de 25, el 22 de septiembre de 2022. Son fechas que les cambiaron la vida. Ella también es psicóloga en Besarkada-Abrazo, la asociación de personas que han perdido a un ser querido por suicidio y que cuenta con 170 personas socias. Este sábado, ambos ofrecerán su testimonio en Civican (11.30 horas), con motivo del día internacional de las personas supervivientes a esta problemática. Una realidad que sigue siendo tabú a pesar de que solo el año pasado afectó de lleno a más de 400 personas en Navarra, si se tiene en cuenta que se suicidaron 63 personas y que por cada caso hay un mínimo de 6 que se ven afectadas de un modo intenso. Y eso sin contar que por cada suicidio consumado se estima que hay 20 intentos.

¿En qué momento están?

Marcos. Mucho mejor que hace un año y unos meses. Agosto del año pasado fue un punto de inflexión. Hasta entonces había estado un año viviendo en automático, sin dejarme sentir, quería seguir mi vida como si nada. Y claro, llega un momento en que ese ‘como si nada’ se convierte en un ‘paras o paras’. Un año y algo después, el cambio es brutal: en comprender tus emociones, tus sentimientos y tus maneras de actuar ante una situación u otra.

¿Cuál fue el punto de inflexión?

Marcos. Las vacaciones. Me fui con la furgoneta, que me encanta, pero la vuelta a Pamplona fue devastadora. Una ansiedad... me notaba irascible, cualquier cosa me hacía saltar. La noche antes de volver a trabajar (trabaja en Volkswagen), creo que no he temblado tanto en mi vida. Y ese fue el punto de inflexión, el parar, el darte espacio a ti, a sentirte, a darme cuenta de que me estaba haciendo daño y que tenía que parar el modo automático. Y todo lo que lo que has estado más de un año apartando viene en tromba.

¿Y qué vino?

Marcos. Todos los miedos, las inseguridades, el sentimiento de abandono, la ansiedad extrema y un dolor indescriptible. Fue como volver al primer día. Traté de darle cabida y de comprender cómo había llegado a esa situación, dejarme sentir y validar toda esa tromba de emociones y sentimientos que siempre habían estado en mí pero que hasta ese momento no los quería o podía asumir.

En su caso, Sara, han pasado ya diez años.

Sara. Me encuentro en un momento muy sereno, pero me están despertando otras emociones. Hay instantes, segundos, en los que veo fotos y hay una parte como de realidad, de decir: “Ostras, que esto ha pasado”. Diez años después me sigue pasando eso. También me está despertando un poco la rabia, porque siento que al principio del duelo no fui acompañada a nivel profesional como siento que se me tenía que haber acompañado. Los profesionales no somos conscientes de que el duelo por suicidio es un duelo con trauma, y a veces, sin darnos cuenta y con toda la buena intención del mundo, retraumatizamos.

Si alguien no ha pasado por esto es imposible imaginarlo. ¿Cómo es el impacto de un suicidio?

Marcos. Es un derechazo al mentón que no te lo esperas. Por mucho que lo veas venir, en realidad no lo ves venir. En mi caso mi padre tuvo tres o cuatro tentativas antes y yo bajo ningún concepto imaginaba que se iba a hacer realidad. Jamás. Es un shock, un derechazo que te deja inconsciente pero a la vez consciente... No sé explicarme. Es no saber qué está pasando, pero sí saber que tu padre ya no está, y eso es una de las sensaciones más crudas que he vivido.

Sara. Mi padre también había verbalizado la idea de querer quitarse la vida, pero nunca llegué a pensar que podía pasar. Como seres humanos creo que no estamos preparados para anticipar esto. Y fue una bomba atómica en mi vida: destrozó mi familia, destrozó mi casa , destrozó la forma de vivir y mi mundo hasta ese momento.

¿Por qué es importante que la sociedad conozca esta realidad?

Sara. Sigue siendo silenciada, porque nos genera mucho miedo y mucho rechazo todo lo que tenga que ver con el sufrimiento. Porque hay muchas ideas o mitos preconcebidos que nos hacen separarnos y disociarnos de esto. Por lo tanto, si el suicidio ya es un tabú, las personas supervivientes también lo somos. Pero además es que las cifras en suicidio y de supervivientes son devastadoras. Y es importante que se conozca el duelo por suicidio porque los supervivientes tenemos un 20% más de poder desarrollar una enfermedad mental y un 10% más de desarrollar ideación suicida. El impacto que tiene el suicidio un ser querido es mucho más amplio de lo que podamos llegar a imaginar. Y esto no se contempla ni se atiende de una manera adecuada, o como siento que se debería atender.

Habla del riesgo de ideación suicida, ¿les ha pasado?

Sara. Es un tabú dentro de otro tabú. En mi caso se activó una ideación que ya estaba presente, y tuve una tentativa. Era un síntoma y señal de todo lo que estaba sufriendo, de todas las emociones que no podía y no sabía gestionar. Y en aquel momento tampoco se me recondujo o no se me enseñó del todo a poder abordar. Como psicóloga de la asociación, veo que hay muchas personas supervivientes a quienes se les activa esta ideación; no a todas, por supuesto. Y creo que esto no se tiene en cuenta a nivel social, familiar. Y lo que es más preocupante, a nivel profesional.

Sobre los falsos mitos, ¿cuáles les han hecho más daño en el día a día?

Marcos. El mito de que el que se suicida es un cobarde, que lo tenía todo y mira lo que ha hecho... Escuchas estos comentarios en alguna conversación sobre un suicidio y te produce un rechazo total y un miedo a que te juzguen, no solo a ti, sino a tu padre. ¿Cómo voy a hablar yo sobre mi padre, del suicidio de mi padre o de mi duelo por suicidio si la gente del entorno tiene esta forma de verlo? Y luego las típicas frases de “venga, tú puedes, eres fuerte, el tiempo todo lo cura...”. Pues no, el tiempo no lo cura todo, es un dolor que pueden pasar dos, cinco, diez, quince años, toda tu vida, que siempre vas a llevar contigo. Esto es una montaña rusa y la gente debería empatizar más. Y a día de como sociedad nos falta mucha empatía con la gente que sufre. Y me indigna, porque hay muchas causas con las que nos indignamos como sociedad y las afrontamos y las luchamos como sociedad, y hay otras que parece que desgraciadamente no interesan.

A esas personas que decían de alguien que se ha suicidado es un cobarde, un egoísta... ¿qué les habría dicho?

Marcos. Que se imaginasen lo que tiene que ser vivir con un sufrimiento tal que la única manera que percibas o sientas de terminar con ese problema es quitarte la vida. Que por un momento se pongan en esta tesitura. Sé que es difícil y lo entiendo, pero se pongan un poco en la piel del que sufre todo esto y a ver si realmente pensaría o diría eso.

Y en su caso, Sara, ¿qué falsos mitos y actitudes le dolían más?

Sara. Todo lo que ha dicho Marcos y un par de frases como el “no te sientas culpable” y el “ahora vais a descansar”. Detrás de cada suicidio generalmente suele haber una historia de salud mental bastante importante en el que la familia hemos vivido un desgaste potente. Entonces, nuestro entorno más cercano nos ha visto sufrir, nos ha visto dolernos, y desde su cariño y desde su amor, cuando ya se consuma el suicidio te dicen, o por lo menos a mí me lo dijeron varias personas: “Ahora vais a descansar”. En esos primeros momentos asumir o aceptar o reconocer alivio o paz fue muy duro. Me generaba una culpa súper desgarradora. Y luego la frase de “no te sientas culpable”. Yo creo que estaría bien que pudiéramos ir entendiendo y tomando conciencia de que la culpa es la emoción estrella del proceso de duelo por suicidio y que necesitamos adentrarnos en ella. Necesitamos revisar por qué me siento culpable, qué podía haber hecho que no hice o qué hice que no debería haber hecho según mi necesidad. Y necesitamos reconocer también qué nos hubiera gustado hacer. Solo adentrándonos en esa culpa podremos dolernos y podremos llegar a ir trabajando y acercándonos a un punto mucho más realista. Y desde ahí, darnos cuenta de que lo hicimos lo mejor que pudimos y ya. Ahí puede empezar como un trabajo de reconciliación con una o uno mismo.

¿Qué les ha ayudado en todo este camino?

Sara. Tener dos o tres amigas con las que poder hablar sin tapujos sobre mi dolor, de hablar una y otra vez de cómo lo hizo, de las razones que le llevaron a eso, de poder revisar y poder hacer inventario de todo y poder sentir que me estaban escuchando y que estaban ahí. Y luego tener a una madre y a una hermana disponibles todo el tiempo.

Marcos. Tengo la suerte de formar parte de una cuadrilla de amigos que los considero también familia, y el tener una madre y un hermano que... qué voy a decir de ellos, son unos luchadores y unos valientes. Sobre todo es eso, sentir que la gente que te rodea te quiere y te respeta. Y partiendo de esa base, te puedes abrir con ellos y romperte, reírte... Entonces, quedar con tus amigos en un día que para ti es lo más oscuro posible y que ellos te arrastren a evadirte. Con ellos he estado riéndome a carcajadas y al instante estar llorando. Y al revés. Que aunque no te entienden, no lo juzgan, te escuchan y te acompañan y apoyan al cien por cien. No se ha bajado del barco nadie y eso es lo más grande.

El duelo por suicidio es el que menos apoyo social tiene. ¿Ayuda mucho que se les pregunte qué tal están, por su ser querido, o que se dé espacio a que lo hagán?

Sara. Qué importante es esta pregunta. Es que la persona desaparece. O esa es mi sensación. Quitando a mi madre y a mi hermana y a esas tres o cuatro amigas, para el resto del entorno es como que no has tenido padre o esa persona no ha existido. Si las personas de mi alrededor no fomentan de alguna manera ese diálogo en el que yo pueda hablar o podamos recordarle juntos, daña mucho más. Mi sensación y una de mis obsesiones es incidir en que mi padre o nuestros padres fueron mucho más que la forma de morir que tuvieron. Que eso es un cachito de su vida frente a 48 años de mi padre. Y que a mí personalmente, y doy fe que para la mayoría de supervivientes, nos encanta hablar de nuestro ser querido, nos encanta recordarle, nos ayuda a redefinir de alguna manera partes o trocitos de nuestra historia, de nuestra relación. Nos ayuda a recordar otros momentos más agradables, más felices. Y es como que sella el recuerdo y nos permite tener otra narrativa de la historia. Y ver que los demás también lo recuerda y han tenido momentos con él es como que va sellando la idea de que han sido felices y no solo han vivido momentos de dolor en su vida, sino que han sido mucho más.

¿Qué le dirían a una persona a la que, como dice Sara, le ha estallado esa bomba atómica?

Marcos. Le diría que no es el culpable, sino que también es una víctima. Y que pida ayuda, que hay infinitas, hay miles de personas que seguro están encantadas de ayudarle, y que hay recursos para salir de ese pozo, que aunque parezca que es interminable, hay maneras de salir. Yo me acordaré toda la vida del día que entré por la puerta de Besarkada, encontrar un espacio en el que me siento comprendido.

Sara. Una de las preguntas que yo me hacía, y que también la he escuchado en otras personas supervivientes, es: “¿Esto va a durar toda la vida, este dolor va a ser así para siempre?”. Cuando inicias el duelo por suicidio no ves que esta situación vaya a cambiar, que el dolor vaya a mitigarse o se pueda aliviar de alguna manera. Yo les diría que esa intensidad y ese desgarro no va a ser siempre así, y que podemos hacer muchas cosas para poder aliviarnos, y que hablar ayuda, que hablar sana, y que se puede.

LUGARES Y TELÉFONOS DONDE PEDIR AYUDA
Si tienes ideas de suicidio , cuéntalo y pide ayuda. Puedes llamar al 024, al Teléfono de la Esperanza (948 24 30 40) o a Emergencias (112). Los expertos coinciden en que las personas con ideación no quieren morir, sino hacer desaparecer el sufrimiento. En Navarra también puedes contactar con Besarkada -Abrazo (622 207 743) para el apoyo de otras personas supervivientes. 

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