Antonio Cabañas (Europactizyme): "Todo surgió de un viaje a Taiwán con mi suegro"

Antonio Cabañas y Miguel Garmendia, de la empresa EAZ Europactizyme
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Antonio Cabañas y Miguel Garmendia, de la empresa EAZ Europactizyme
Antonio Cabañas y Miguel Garmendia, de la empresa EAZ Europactizyme

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Pedro Gómez

Actualizado el 12/11/2024 a las 08:13

Parece una tierra cualquiera, pero en un gramo de producto hay 100.000 millones de bacterias que devoran los residuos orgánicos. Este es el producto “innovador” que Antonio Cabañas Martínez-Treceño y su suegro, Miguel Garmendia Arruabarrena, descubrieron en una feria en el extranjero. “No nos creíamos que tuviera los resultados que prometían y nos fuimos a Taiwán para conocer la empresa y la universidad que colaboraba con ella en su investigación. Estuvimos cinco días viendo y probando”. Ahora son los distribuidores de una máquina que es capaz de compostar residuos en menos 24 horas. “La hemos probado con pescaderías, granjas e industrias alimentarias. Hay que añadir un aditivo que básicamente son bacterias que rápidamente descomponen la materia orgánica”, relata Antonio.

Nacido en Bilbao, Antonio se afincó en Navarra tras casarse con una pamplonica, con la que tiene 4 hijos. Explica que “desde pequeño” tenía ganas de emprender. En 1998 montó una empresa distribuidora de iluminación. “Vendía lámparas especiales para cines, teatros, infrarrojos, ultravioletas...”. Su suegro, ingeniero industrial, también tenía una empresa, que fundó en 1981 dedica al tratamiento de aguas residuales, digestores anaeróbicos, tratamiento de lodos y compostaje de basuras. “Es un pionero en su campo. Aunque reñimos mucho, le tengo gran admiración. Ha estado implicado en importantes proyectos en toda España y en otros países”, destaca Antonio.

A sus 82 años, Miguel Garmendia tiene una jubilación “muy activa”, así que se han implicado en varios proyectos conjuntos. En la calle Rioja número 2 está la sede de su empresa de ingeniería, EAZ Europactizyme.

En una finca de Larrasoaña tienen un prototipo de la máquina compostadora de 24 horas que usan para sus demostraciones a clientes. Dos sinfines mueven la basura y le aplican algo de calor. “Coges el quinto contenedor de orgánico, que tiene un 80% de humedad, y en 4 o 5 horas tienes ya un abono para uso en el campo. Únicamente aceleramos lo que hace la naturaleza”, asegura. La máquina más pequeña, para procesar 30 kilos, tiene el tamaño de un electrodoméstico pero puedan hacer máquinas industriales con capacidad para varias toneladas. En un bote transparente muestran el resultado, el compost. “Este es principalmente de residuos de pescadería, rico en fósforo”. 

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