Aprender a vivir después de un ictus

Afectados y familiares cuenta cómo es su vida tras sufrir un accidente de este tipo, en una jornada en el Hospital Universitario de Navarra

De izda a dcha: Mar Astiz (trabajadora social Servicio Neurología HUN), Gloria Gorría (enfermera unidad de ictus), Roberto Muñoz (neurólogo de la unidad de ictus), Elvira (mujer de un paciente) y Beatriz Zandio (neuróloga unidad de ictus), ayer en el Hospital Universitario de Navarra
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De izda a dcha: Mar Astiz (trabajadora social Servicio Neurología HUN), Gloria Gorría (enfermera unidad de ictus), Roberto Muñoz (neurólogo de la unidad de ictus), Elvira (mujer de un paciente) y Beatriz Zandio (neuróloga unidad de ictus), ayer en el Hospital Universitario de Navarra
De izda a dcha: Mar Astiz (trabajadora social Servicio Neurología HUN), Gloria Gorría (enfermera unidad de ictus), Roberto Muñoz (neurólogo de la unidad de ictus), Elvira (mujer de un paciente) y Beatriz Zandio (neuróloga unidad de ictus), ayer en el Hospital Universitario de Navarra

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Sonsoles Echavarren

Actualizado el 29/10/2024 a las 23:51

Gurutze aún se emociona al recordar los meses que siguieron al ictus de su padre el verano de 2023. Al rememorar ese sucesión de días (con sus noches) y de semanas en las que los tres hermanos se turnaron para acompañarles a él, de 78 años, y a su madre. Primero en el hospital y después, en casa. A ese tiempo en el que tuvieron que familiarizar con la silla de ruedas, el cojín antiescaras, las barras para sujetarse en el baño y las comidas trituradas. “Empezamos a descalabrarnos y lo pasamos muy mal. Tuvimos muchos baches. Pero hoy puedo decir que mi padre es feliz yendo a Ubarmin, que hay días en los viene a casa con una rosa para mi madre y que se ríe. Hemos aprendido a valorar lo importante de la vida”. Gurutze, profesora de profesión y madre de un hijo de 20 años, quiso compartir su testimonio con motivo del ‘Día del ictus’. Y lo hizo en una jornada sobre ‘Retos y oportunidades en el abordaje sociosanitario del ictus’, que se celebró ayer en el Hospital Universitario de Navarra. Junto a ella intervinieron otros pacientes, familiares y especialistas sociosanitarios.

“Mis padres estaban celebrando su aniversario de bodas el 4 de julio de 2023 con sus cuatro nietos y se dieron cuenta de que algo pasaba, porque él no era capaz de sacar una foto con el móvil. Llamaron a la ambulancia y estuvo mes y medio en la UCI”, recuerda Gurutze cómo transcurrió aquel día que puso su vida del revés. “Nos trasladamos a vivir con mis padres y nos desbordamos emocionalmente”. Y recuerda cómo, al empezar a ir al psicólogo, se sorprendió de que le preguntara cómo se cuidaba. “¿Que cómo me cuidaba yo? ¡Imposible! Si tenía que cuidar a mi padre y a mi hijo, que empezó con fiebre de origen desconocido”. Casi dieciséis meses después de aquel accidente cerebral, Gurutze agradece el cariño y la profesionalidad. “El servicio sanitario en el HUN y en Ubarmin es excelente, maravilloso”.

Similar en muchos aspectos resulta la historia de Iñaki, un vecino de Tudela, de 66 años y que sufrió un ictus hace más de un año. “Estábamos en el sofá viendo una película y me di cuenta de que se estaba cayendo. No me podía hablar. Solo me miraba, con los ojos vivos”. Así lo relata ahora su mujer, Elvira, que supo enseguida que se trata de un ictus y llamó al 112. Del Hospital Reina Sofía de Tudela, cuenta, lo trasladaron a Pamplona, donde estuvo cinco días en la sala de ictus y tres semanas en planta. “Al principio, casi no se me entendía cuando hablaba. Tenía miedo a atragantarme, utilizaba pañal, me tenían que vestir y siempre estaba cansado”, recuerda Iñaki, biólogo y que ha trabajado en una consultoría medioambiental. Afortunadamente, subraya, siempre está de buen humor y ha conseguido ir mejorando. “Ahora me visto y me ducho solo. Y aunque acabo muy cansado después de la fisioterapia y la logopedia, me encanta estar con mi familia y amigos. Estoy evolucionando y todo se consigue con ilusión y fortaleza interna”.

BUENOS RECUERDOS

Mientras habla, asiente su mujer, Elvira, que recuerda lo duros que resultaron los primeros días. “Aunque no te salga, tienes que estar ahí dando fuerza y energía. Yo perdí diez kilos, no podía dormir, tenía la tensión muy alta...”, cuenta. Su hija, que vivía en Londres, se trasladó a Tudela para acompañarles en el proceso. “Tengo buenos recuerdos del tiempo que pasamos en el hospital a pesar de lo horroroso que fue. El cariño y empatía de los sanitarios ayudan mucho”.

Otra paciente, una mujer de 49 años, quiso compartir su testimonio anónimo y a través de un audio. Contó como una mañana, entró a la habitación de su hija, notó que le fallaban las piernas y se cayó. “Tenía la mitad del cuerpo paralizado y no podía articular palabra. Mi hija avisó a mi marido y llamaron a la ambulancia”. Al llegar, “tanto personal sanitario” le dio “mucho miedo”. “Sentí gran angustia y tuve que sacar fuerzas de lo más profundo”. Tras una operación que resultó “un éxito”, ha vuelto a vivir cuidándose mucho “física y emocionalmente”. “Es necesario vivir sin dar importancia a las cosas banales. Hay que priorizar”.

Al escucharla, el neurólogo Roberto Muñoz Arrondo, de la unidad de ictus del HUN, reconoció que es importante que los profesionales transmitan tranquilidad. “Aunque, a veces, por la intensidad de la situación en un principio, no podemos transmitir esa tranquilidad que nos gustaría. Y se reflejan el miedo y la ansiedad”. En la misma línea se expresó la enfermera Gloria Gorría, de la misma unidad, que recordó cómo un ictus puede cambiar la vida de un paciente y de su familia “en cuestión de segundos”. “Debemos acompañar al paciente y a su entorno en todo el proceso. Con cuidados técnicos y cercanía humana. Hay que aliviar su ansiedad y angustia”.

Sobre la importancia del acompañamiento y la empatía se refirió también Mar Astiz, trabajadora social del Servicio de Neurología del HUN. “Hay que acompañar a la persona en todo lo que le preocupa (lo laboral, lo económico, quién le va a cuidar, quién va a cuidar a las personas que dependía de ella, la incertidumbre...) Debemos escuchar siempre los valores de los pacientes para que sean atendidos”.

La neuróloga de la unidad de ictus del HUN Beatriz Zandio fue la encargada de conducir el acto, relatando un caso ficticio pero muy real: el de Mayte, de 55 años y madre de dos hijos. Ella explicó que no siempre, en el momento del alta, los pacientes regresan a su casa y que, a veces acuden a la Clínica Ubarmin. Dos profesionales del centro, la médico rehabilitadora Olivia Busto y la terapeuta ocupacional Esther Fernández, contaron cómo se trabaja cada año con los sesenta pacientes que ingresan tras haber sufrido un ictus.

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