La tradición pamplonesa que se repite todas las tardes desde 1797
A las 19.30 horas tiene lugar en la catedral el Rosario de los Esclavos, rezo que los sábados de octubre se celebra con mayor solemnidad


Actualizado el 12/10/2024 a las 11:53
María Ángeles Valero, Cruz Sarriguren y Joaquín Antúnez tienen en el recuerdo de su infancia la imagen de la catedral de Pamplona a rebosar durante el rezo del Rosario de los Esclavos. “La doble hilera de personas daba la vuelta al templo en la procesión y las mujeres se quedaban sentadas en los bancos”, señalan. Ahora son unas pocas decenas de personas las que cada día acuden a las 19.30 horas para honrar a Santa María la Real en esta tradición que data de 1797, cuando se creó la Congregación de Esclavos de Santa María.
“La mayoría de la gente de Pamplona desconoce que todas las tardes, desde hace 227 años, se reza el Rosario en la catedral de forma solemne, con cantos seculares y una sencilla procesión por la nave, con los estandartes y los faroles góticos. Una ceremonia digna de ver y vivir”, coinciden Cruz, María Ángeles y Joaquín, miembros de la junta de esta congregación. Los tres, a pesar de haber pasado la barrera de los 80 años de edad, siguen fieles a la cita. Lo hacen por tradición familiar y porque “la Virgen nos ha protegido siempre”.
Esta semana, el Papa Francisco hizo un llamamiento a rezar el Rosario “por la paz en el mundo” y el fin de las guerras en Ucrania, Palestina, Israel, Myanmar y Sudán”. Cruz, María Ángeles y Joaquín dan fe de que el Rosario, “a pesar de su sencillez, es un arma poderosa”.
La ceremonia en la catedral dura media hora. Se rezan los cinco misterios del Rosario del día, con su Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria. El último misterio y las letanías en latín se cantan en procesión por la nave del templo acompañando a dos estandartes y los faroles de estilo gótico, diseñados por el artista local Javier Ciga, que fue secretario de la congregación. Un pequeño coro con órgano canta unas letrillas muy antiguas. Es un rito que apenas ha cambiado con el paso de los siglos. “Desde hace 272 años se dicen las mismas ocho peticiones: por las intenciones del Papa, por el arzobispo, por el bien de la Iglesia y del Estado, por los asistentes a este Rosario, por los benefactores del mismo, por la conservación de los frutos del campo, por los caminantes y navegantes y por los enfermos de la ciudad. Yo todos los días, al hacer las peticiones, me acuerdo de los inmigrantes que van en patera”, expresa María Ángeles.
La Rosario suelen acudir también peregrinos del Camino de Santiago. María Ángeles recuerda una anécdota: “Un día vino a saludarnos una peregrina. Nos contó que hace 20 años hizo el Camino de Santiago y le impresionó el Rosario de los Esclavos. Se alegraba de que siguiéramos”.
Los sábados acude más gente y también en octubre, por ser el mes del Rosario. Además, el 15 de agosto y un sábado de octubre la imagen de Santa María la Real que preside el altar se saca en procesión en un paso plateado adquirido recientemente. En verano, la procesión se hace por el claustro gótico, “una preciosidad”.
También están revestidos de especial solemnidad los Rosarios de los sábados de octubre. Los Scouts de la parroquia de La Paz portan los 15 faroles góticos. El día 19 cantarán los Auroros de Santa María y el 26 la coral de Barásoain y la Agrupación Musical Tafallesa. “Están invitadas todas las cofradías, hermandades y asociaciones religiosas de Pamplona y a todos los fieles que deseen conocernos”, señala Cruz Sarriguren Albéniz, vecino de Navarrería que lleva 50 años en la junta, los últimos diez como mayordomo. “Mi padre me llevaba de pequeño. Son cosas que conservas en el corazón”, explica este antiguo trabajador del ayuntamiento, que tiene cuatro hijos y seis nietos.
María Ángeles Valero Ventura recuerda que en su infancia "la catedral era como la segunda casa de muchas familias”. Desde que se quedó viuda hace 29 años, es fiel a su cita en la catedral. Recuerda que solía acompañar a su tía Lola Valero Palacios, “que venía al Rosario todos los días andando desde el Huerto hasta que cumplió 93 años”.
Joaquín Antúnez Riezu, comerciante jubilado, también venía con su padre de pequeño. “Luego, de joven, estuve más alejado de la práctica religiosa, pero siempre algo queda. Lo que siembran los padres no se pierde. Así que cuando me casé recuperé el fervor”,
Actualmente la congregación tiene unos 160 miembros, “aunque muchos ya no pueden venir por ser muy mayores”. Por eso una vez al año visitan la Casa de Misericordia, “donde hay muchos congregantes y les hace mucha ilusión”. Los lazos de amistad entre los veteranos son tan estrechos que una vez al mes hacen una comida. Y todos los años hay una excursión a una ermita de Navarra.
