Verano 2024

Estudiantes en invierno, trabajadores en verano: "Ser camarero no es un trabajito, es un trabajazo"

Cientos de estudiantes universitarios aprovechan el verano para trabajar. Unos para cubrir gastos y otros para permitirse algunos caprichos, pero todos coinciden en que es un buen momento para ganar experiencias y nuevas habilidades 

De izda. a dcha., Javier Millá Lería, Cristina Zazpe, Álvaro Espuelas y Pablo Rodríguez
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De izda. a dcha., Javier Millán Lería, Cristina Zazpe, Álvaro Espuelas y Pablo Rodríguez
De izda. a dcha., Javier Millá Lería, Cristina Zazpe, Álvaro Espuelas y Pablo Rodríguez

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Iker Jiménez FernándezMariana Betancourt González

Actualizado el 30/08/2024 a las 16:28

Miles de universitarios en Pamplona se reencontrarán a inicios de la próxima semana. Durante el primer almuerzo algunos hablarán sobre las noches de fiesta que pasaron en sus pueblos y otros de lo maravillosa que parece ser la vida cerca del mar. Sin embargo, habrá algunos cuyas anécdotas veraniegas estarán centradas en otro lugar: el trabajo. Y estos también tendrán algo que contar. 

Cientos de estudiantes han aprovechado el verano en Pamplona para disfrutar de las fiestas de San Fermín. Mientras, otros dedicaron las multitudinarias fiestas a adentrarse en el mundo de la hostelería y trabajar en un servicio tan necesitado en esas fechas como es el de camarero. Algunos para permitirse algún capricho y otros para recibir esos ingresos adicionales que les permiten afrontar el curso con más tranquilidad. La matrícula de la universidad, el alquiler del piso, un buen viaje al final de las vacaciones o simplemente aprovechar el tiempo libre. Las razones que tienen para pasar los tres meses de verano en su lugar de trabajo son variadas, aunque la económica es la predominante. En lo que todos coinciden es en la experiencia necesaria que les permiten ganar estas aventuras laborales, así como en el desarrollo de la paciencia, el compromiso y otras habilidades sociales.

"Ser camarero no es un trabajito, es un trabajazo"

Javier Millán Lería
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Javier Millán LeríaMIB
Javier Millán Lería

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Javier Millán Lería sueña con decorar los interiores y los vestidos más delicados de España. Estudia Diseño y Moda en la Universidad de Navarra, mientras trabaja en la Tasca de Don José. El pamplonés de 20 años pasa las tardes de su verano atendiendo las mesas que algún día espera diseñar. Y es que en su noble labor cotidiana como camarero ha encontrado algunas habilidades que aplicará en el diseño: “Hay que mantenerlo todo súper ordenado y enfocarse en lo que cuenta, como la decoración, las luces, la experiencia del usuario, el trato y muchos detalles que luego aplicaré en mi vida laboral y específicamente en relación que se cultiva con el cliente”.

Este ha sido el segundo verano en el que Javier Millán ha trabajado como camarero en la Tasca de Don José. En enero decidió regresar al mundo de la hostelería porque necesitaba el dinero. Vive con sus padres, pero ya se ha empezado a responsabilizar por pagar su coche y sus gastos de ocio. “Regresé en enero por falta de dinero y porque me gusta el ambiente que se crea entre los empleados. Disfruto del trato con los clientes y a principios de año reconocí que ya necesitaba un poco más de actividad”, dice el estudiante.

El pamplonés, que esta semana comenzará su tercer año universitario, ya tiene la mirada puesta en su futuro: “Estoy pensando en irme a estudiar algún master de estilismo a Madrid y con este trabajo puedo ahorrar para mi futuro”.  

Trabajar de cara al público es una tarea de las que muchas personas huyen. Sin embargo, estar con los clientes es la parte favorita para Javier Millán: “Yo me pongo a hablar con los clientes sin problemas. Ellos me cuentan sus vidas y yo les cuento la mía. Así suben las ventas”, añade entre risas.

Sin embargo, los clientes pueden ser también una fuente de disgustos para los camareros como Javier: “El cliente en Pamplona es mayoritariamente amable, aunque de vez en cuando te topas con algún borde”. Las horas de cierre, admite, son las que menos disfruta porque es cuando siente el cansancio acumulado. Y es que ser camarero, especialmente durante las fiestas de San Fermín, requiere de un gran esfuerzo físico y mental: “Yo creo que ser camarero no es un trabajito, es un trabajazo”.

Él disfruta de ir al gimnasio y de pasar tiempo con su familia en sus horas libres. Javier Millán también asegura que seguirá trabajando en La Tasca de Don José durante los fines de semana de este cuatrimestre. Lo hará confiado en que sus esfuerzos por mantener una vida balanceada merecerán la pena.

"He aprendido a ser más paciente" 

Cristiona Zazpe
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Cristina ZazpeMIB
Cristiona Zazpe

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Disfrutar del verano significa ser parte de muchos planes y formar planes, en la mayoría de las ocasiones, implica gastar dinero. Esto fue lo que motivó a Cristina Zazpe Artaiz, estudiante de Historia y Periodismo, a trabajar durante el verano: “Decidí buscar un trabajo para sacar dinero y poder disfrutarlo en comidas y viajes”.

La joven de 21 años lo tuvo claro desde el mes de mayo, cuando imprimió su CV con la esperanza de conseguir un empleo de medio tiempo en alguna de las tiendas de moda de la avenida Carlos III. A finales de mayo ya había firmado un contrato con una de las tiendas del Grupo Inditex, ubicada en la misma avenida.

Cristina Zazpe buscaba un trabajo que se ajustase a su verano y lo consiguió: “Es un trabajo que se ha amoldado muy bien a mi verano porque he disfrutado de todos los Sanfermines. También he podido hacer excursiones y los horarios eran de mañana o de tarde”. Su empleo ha sido de media jornada, por lo que ha trabajado entre 20 y 24 horas semanales. 

Trabajar como dependienta fue el primer empleo de la bilbaína, que terminó su última jornada con buenas sensaciones. Le gustó tanto que incluso extendió su contrato: “En principio solo trabajaría hasta inicios de julio, pero me quedé hasta finales del mismo mes, después de los Sanfermines”. Sin embargo, pasar las tardes de verano de cara al público no es una tarea sencilla porque, como describe, “el trato con los clientes es un arma de doble filo. Te encuentras con personas muy agradables, pero también con gente bastante desagradable a la hora del trato”. Lo que sí valora positivamente de la experiencia son las nuevas amistades que ha cultivado durante las horas de trabajo: “He encontrado a gente muy maja con la que me he llevado muy bien”.

Además de nuevas amistades, Cristina Zazpe se lleva un gran aprendizaje de esta primera experiencia laboral: “He aprendido a tener paciencia y a relativizar un poco. Al inicio del día sabes que probablemente te toparás con gente de pocos modales, pero hay que reconocer que no hay por qué hacer un mundo de eso”. 

Durante su última tarde de trabajo y antes de comenzar la universidad, la estudiante admite que repetiría la experiencia de trabajar un verano en Carlos III y que le hubiera gustado haberlo hecho antes. “El trabajo me ha ayudado a crecer”, concluye.

"Nunca está mal ganar experiencia en la hostelería"

Álvaro Espuelas
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Álvaro EspuelasCEDIDA
Álvaro Espuelas

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Álvaro Espuelas Aranguren, un joven de 21 años, decidió emplear sus veranos de una manera productiva trabajando como camarero en eventos de catering. Estudiante de Bioquímica en la Universidad de Navarra durante el año, Álvaro se unió al equipo de Mahercatering, una empresa especializada en bodas, gracias a la recomendación de un amigo que ya formaba parte del equipo desde hacía un par de años. “Me sobraba mucho tiempo en verano y nunca está mal ganar experiencia en el sector de la hostelería”, comenta Álvaro, quien ve este trabajo como una oportunidad de generar ingresos y, al mismo tiempo, abrirse puertas en un campo que, aunque no esté relacionado con sus estudios, puede ofrecerle un trampolín para futuros empleos.

Álvaro describe su trabajo como una experiencia bastante flexible: “La principal ventaja de este trabajo es que es un poco a la carta. Nos avisan cuando hay una boda y quienes podemos, nos apuntamos en una lista para trabajar en ese evento”. Este sistema le permite ajustar su carga laboral según su disponibilidad, algo que valora enormemente durante los meses de verano, cuando las bodas son más frecuentes. “Cada fin de semana el catering suele tener seis o siete eventos y nos organizamos entre nosotros dependiendo del número de trabajadores disponibles y del lugar de los eventos”, añade.

Los días de trabajo suelen comenzar temprano, con turnos que se dividen a lo largo del día. El primero arranca a las 10:00 de la mañana, cuando se realizan los preparativos antes de la llegada de los invitados. El segundo turno empieza a las 12:00, momento en el que los camareros se encargan de servir la comida y las bebidas, y el último turno comienza a las 17:00, dedicado a atender durante la tarde y ayudar en el cierre del evento. Aunque las jornadas pueden ser extensas, Álvaro considera que el esfuerzo vale la pena. “Un día de trabajo es equivalente a hacer una etapa del Camino de Santiago. Hago unos 23 kilómetros”, comenta, haciendo referencia a la cantidad de pasos que da durante un evento, lo que puede resultar agotador tanto física como mentalmente.

El joven destaca el buen ambiente que reina entre sus compañeros, quienes en su mayoría son jóvenes de entre 18 y 24 años. “Lo que más me gusta del trabajo es el ambiente. Nos lo pasamos muy bien, conocemos gente, hay buen ambiente y nos reímos mucho”, dice con entusiasmo. Sin embargo, Álvaro también reconoce que el trabajo puede ser duro, especialmente durante los días largos: “La espalda se puede resentir por el peso de la bandeja y la acumulación de esfuerzos”, confiesa. Además de la resistencia física, el trabajo le ha enseñado valiosas lecciones sobre la paciencia y la importancia de mantener una actitud positiva frente al público, incluso en los días más difíciles.

Más allá de su labor como camarero, Álvaro tiene una gran pasión por la vela, un interés que le fue inculcado por su tía, campeona de España en este deporte. “Me gusta mucho la vela y navegar en el mar. En Navarra, en el pantano de Alloz, se navega muy bien”, comenta, destacando que también aprovecha las oportunidades para practicar este deporte en la costa, en lugares como Hondarribia o San Sebastián.

El trabajo de catering en bodas es temporal, generalmente hasta octubre o noviembre, y Álvaro intenta alargarlo lo máximo posible antes de volver a concentrarse en sus estudios durante el invierno. Aunque lo considera una experiencia temporal, está convencido de que este trabajo le está proporcionando habilidades y experiencias valiosas que podrían beneficiarlo en el futuro, tanto dentro como fuera del ámbito laboral.

"Hay tiempo para todo en el verano"

Pablo Rodríguez
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Pablo RodríguezCEDIDA
Pablo Rodríguez

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Pablo Rodríguez Matesanz es de Moralzarzal, un pueblo en la sierra de Madrid, pero llegó a Pamplona hace cuatro años para comenzar la carrera de Filosofía y Periodismo en la Universidad de Navarra. El madrileño ha aprovechado los días calurosos de este verano para quedarse en la capital navarra y trabajar. Antes había sido socorrista, pero en estos meses de movimiento en Pamplona se ha enfrentado a su primera experiencia laboral en el mundo de la hostelería y lo ha hecho desde El Torreón del Castillo, ubicado en la Plaza del Castillo.

El estudiante de 22 años decidió trabajar durante el verano para pagar una parte de sus estudios y gastos universitarios. Quiso también hacerlo para “ir ganando independencia económica y ayudar con lo que pueda en casa”. Ha trabajado jornadas completas de 40 horas semanales, y siempre se ha quedado con ganas de más: “Si hay opción de horas extras, mejor”. Sin embargo, su horario ajustado no ha sido un impedimento a la hora de disfrutar del verano. Admite que a veces al salir del trabajo se encuentra cansado, pero reconoce que en el verano hay tiempo para todo: “Yo disfruto más de las noches que de los días, por las acampadas, las pachangas nocturnas y las cenas. Estas actividades me llenan la vida en el verano”. Si algo también se lleva el joven de su experiencia veraniega es el ambiente de trabajo en El Torreón del Castillo: “Da gusto cuando trabajas con un buen equipo y cuando haces piña con los compañeros”

Los Sanfermines fueron como una escuela de hostelería para Pablo, quien aprendió a trabajar con un gran flujo de clientes. “He aprendido a trabajar bajo presión, a buen ritmo y siento que he mejorado mis habilidades hosteleras”, reconoce el joven que disfruta de una semana libre junto a su familia en Madrid antes de comenzar la universidad.

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